Voces disidentes, medios y deudas pendientes del país de las maravillas
Lula desempolva en campaña batallas retóricas con la prensa. Algunos números explican cómo el presidente dejó de ser un cuco de los poderosos.
Enviado especial a San Pablo, Brasil
Sin la resonancia que tienen las diarias denuncias por violación de secretos fiscales o por un supuesto tráfico de influencias que salpican a la actual jefa de Gabinete, Erenice Guerra, ex mano derecha y sucesora de Dil-ma Rousseff en un puesto clave del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, hay otros cuestionamientos y reproches al Ejecutivo que no logran tanto espacio en los medios masivos. Con esos medios, Lula ha librado batallas retóricas desde sus tiempos de líder de un Partido de los Trabajadores que empezaba siempre como favorito y acababa perdiendo (primero con Fernando Collor de Mello, en 1989, y luego con Fernando Henrique Cardoso, en 1994 y 1998). Hasta que "la esperanza venció al miedo", en 2002, Lula solía apuntar en sus discursos contra una prensa que –decía– lo demonizaba para favorecer a sus rivales del establishment .Los roces se mantuvieron una vez en el poder. Cuando buscó su reelección en 2006, en el cierre de campaña al que asistió este enviado, en Sao Bernardo do Campo, Lula dedicó párrafos enteros a los periodistas, a los que endilgó haber agitado el escándalo del "mensalao" (los dineros pagados a legisladores de otros partidos para sacar leyes en el Congreso) en un intento por impedir que un obrero, con el secundario sin acabar, volviera a derrotar a las elites que, hasta su llegada, habían ejercido siempre el poder.Días atrás, en un acto a favor de su candidata, Dilma Rou- sseff, Lula recordó cuando en 2002, antes de llegar al Planalto, fue invitado a un almuerzo a la sede del diario Folha de Sao Paulo , y una de sus máximas autoridades lo interrogó, en un tono despectivo, acerca de si sabía hablar inglés y, tras su respuesta negativa, insistió sobre cómo superaría ésa y otras falencias de formación. "Les dije que nunca los había oído cuestionarse si Bill Clinton ya había aprendido portugués como para intentar relacionarse con Brasil; luego me levanté y me fui", relató el hoy presidente, en un acto. Folha replicó al mandatario con otra versión de aquel incidente, pero prefirió no ahondar la polémica.Lo cierto es que en las zonas más acomodadas de San Pablo, no son pocos los que, a pesar de que sostienen que votarán por José Serra, admiten creer que la ganadora será Dilma y atribuyen ese resultado al "buen gobierno que hizo Lula". Ricos contentos. "El sector más rico de este país está contentísimo con este presidente, porque no les tocó ni un solo pelo", nos decía el analista Clóvis Rossi, quien luego se explayaba en su explicación. "Con su política económica y los fantásticos intereses pagados a los banqueros, Lula neutralizó a los únicos que pueden desestabilizar gobiernos, pasada ya la época de los golpes militares. Pero si tú pagas a unos cinco millones de familias 29 veces más por año de lo que les das a los 12 millones de familias beneficiarias del Plan Bolsa, no hay posibilidad de desestabilización de parte de lo que ustedes en Argentina llaman 'la patria financiera'". A pesar de los irrefutables números que esgrime el gobierno en campaña, de más de 20 millones de personas que dejaron de ser pobres o 30 millones que se incorporaron a una nueva (y discutible) clase media, las desigualdades y la brecha entre capas sociales es un asunto pendiente para este país que figura entre los reprobados por la ONU en esa materia.Diferentes agencias de Naciones Unidas muestran que, pese a los avances de la era Lula, el 10 por ciento de la población concentra cerca del 70 por ciento de la riqueza del país y el 10 por ciento más pobre paga en proporción un 40 por ciento más de impuestos que el 10 por ciento más rico. "Hay muchos mitos que se mantienen aquí y sobre todo afuera acerca de Lula", dice otro colega brasileño, aunque reconoce la inmensa capacidad del mandatario para comunicar y sintonizar con la gente."Aquí, cada 7 de septiembre, para el aniversario de la Independencia, se realizaba 'el Grito de los Excluidos', en el que participaban los campesinos 'sin tierra' y otros movimientos sociales afines al PT. Con Lula en el poder, el grito se fue acallando o circunscribiendo a lugares donde no gobierna la izquierda, como el estado de San Pablo, donde el MST mantiene su bastión en el Pontal do Paranapanema", afirma el periodista Jairo Marques. "Las protestas sociales menguaron porque la vida de la inmensa mayoría de la gente mejoró y quizá también por la cantidad de dinero que el gobierno dio a los movimientos sociales", opinó Rossi, quien además advirtió: "Todas las protestas y retórica del PT sobre el imperialismo quedaron para el consumo de ingenuos que aún creen que su partido es de izquierda". Sin embargo, hay quienes resaltan, a pesar de todo, lo revolucionario de la llegada al poder de este líder sindical nacido en un pueblito de Pernambuco. Un simple hombre como Lula es "tal vez el menos formado de los mandatarios en la historia de este país, pero el más inteligente de todos", según lo definiera alguna vez ante este diario el politólogo Helio Jaguaribe.

