Visita a Brasil genera entredicho
Hay cierta tensión entre la Iglesia y las fuerzas de seguridad que deberán proteger al papa Francisco durante su visita a Río de Janeiro entre el 22 y el 28 de julio con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.
Brasilia. Hay cierta tensión entre la Iglesia y las fuerzas de seguridad que deberán proteger al papa Francisco durante su visita a Río de Janeiro entre el 22 y el 28 de julio con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Se esperan dos millones de personas y ya se habla de una "invasión argentina" para ver al papa Bergoglio en su primera salida internacional.
Aunque en Brasil no existen precedentes de ataques terroristas, los últimos acontecimientos de Boston encendieron alarmas y llevaron a los servicios secretos a trabajar en contacto con otros países.
Lo que más preocupa es el encuentro del Papa en las afueras de la ciudad, en Guaratiba, con dos millones de jóvenes. Se trata de un descampado de 3,5 millones de metros cuadrados, en uno de los lugares más olvidados de la ciudad. La seguridad del acto, abierto a todo el mundo, estará a cargo de las fuerzas armadas, que desplazarán 10 mil militares y levantarán 90 torres de seguridad.
El ejército había pedido a la Iglesia que contratara de una empresa para poner a cuatro mil guardias de seguridad vigilando el interior del campo donde el Papa se encontrará con la multitud, pero la Iglesia asegura que esos dos millones de jóvenes “son pacíficos” y que no es necesario reforzar la seguridad. Los militares creen que es imprescindible porque dicen que entre los jóvenes podrían infiltrarse algunos dispuestos a aguarle la fiesta al Papa.
Otro de los puntos delicados será la visita del Papa a una favela. Francisco desea pasear a pie para visitar a una familia. El dispositivo que se está preparando es imponente por cielo, mar y tierra.
El Papa va a contar con 60 policías personales que lo acompañarán día y noche, entre ellos el llamado “mosca”, como se conoce al que debe estar dispuesto siempre a interponerse entre el Pontífice y un posible atacante.
Todo ello para un Papa que no renuncia a encontrarse cuerpo a cuerpo con la gente. En la agenda oficial del viaje hay diferencias notables con los viajes de sus antecesores.
En Río sorprendió que no figure en el programa una visita al Cristo Redentor, corazón del turismo carioca y emblema de la ciudad.Francisco eliminó discursos oficiales en el aeropuerto, pero visitará un hospital para adictos a las drogas y una cárcel. También almorzará con grupos de jóvenes y no con las autoridades civiles. Todo ello sin contar con sus improvisaciones en el momento.

