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Unas elecciones con final para el infarto

A  escasos dos días de las elecciones presidenciales norteamericanas del próximo 6 de noviembre, la diferencia entre Barack Obama y Mitt Romney sigue siendo muy estrecha. Daniel Zovatto.

04 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Daniel Zovatto*
Unas elecciones con final para el infarto
Los que ya decidieron. Las cifras indican que el voto anticipado batirá récords en Estados Unidos (AP).

A  escasos dos días de las elecciones presidenciales norteamericanas del próximo 6 de noviembre, la diferencia entre Barack Obama y Mitt Romney sigue siendo muy estrecha.

Los tracking polis muestran un empate técnico del voto popular entre ambos candidatos. Pero estas encuestas no son útiles para anticipar el vencedor, ya que en los Estados Unidos el presidente se elige indirectamente, a través del Colegio Electoral. Este órgano cuenta con 538 electores, provenientes de los 50 estados, más los del Distrito de Columbia y, para ganar, hay que alcanzar la mágica cifra de 270 electores.

Una particularidad del sistema electoral norteamericano es que quien gane el voto popular, puede llegar a perder el voto electoral, cosa que ya ocurrió en cuatro ocasiones (la última en 2000) y podría suceder nuevamente en esta elección.

Pero con independencia de quién gane la presidencia, lo más probable es que el próximo mandatario tendrá que seguir lidiando con la compleja realidad de un gobierno dividido, ya que mientras la Cámara Baja (se renueva completamente) parece que seguirá en manos de los republicanos, todo indica que el Senado (se renueva un tercio) se mantendría bajo control de los demócratas.

A la caza de los indecisos. Según proyecciones recientes de The Washington Post y The New York Times , Obama lleva una relativa (pero ni suficiente ni segura) ventaja sobre Romney en número de electores del Colegio Electoral.

La atención está centrada entre siete y ocho estados conocidos como swing status , en los que nada es seguro ya que cambian, de una elección a otra, en cuanto a quién apoyan. De estos estados, sobresalen tres por su importancia: Ohio (para muchos analistas el más deseado y en el que Obama supera a Romney), Florida (donde Romney lleva una leve ventaja) y Virginia (donde hay empate).

Y dentro de estos swing status, la prioridad pasa por conquistar el apoyo de los indecisos. Son estos electores independientes, menos de un millón de votos en un país de 300 millones de habitantes, los que definirán la elección presidencial. Es una batalla que ambos comandos libran en el terreno, condado por condado, donde la historia electoral y la demografía han sido estudiadas al milímetro para poder calibrar sus respectivas estrategias.

Mientras Romney ha moderado su mensaje moviéndose hacia el centro, y sigue machacando que las políticas de Obama han fracasado y que él sí tiene la capacidad y la energía de liderar el “gran cambio” que Estados Unidos necesita, el presidente apuesta todo a su maquinaria de movilización del voto para intentar llegar con el mensaje correcto a cada indeciso y, al mismo tiempo, hacer un manejo eficaz y prudente de la crisis provocada por la tormenta Sandy.

Polarizada e incierta. Estamos ante una elección altamente cerrada y polarizada, con elevada incertidumbre, que tiene lugar en una sociedad muy dividida. Mientras los blancos (sobre todo los hombres y cristianos) apoyan mayoritariamente a Romney, en cambio las mujeres, los jóvenes y, particularmente, los afroamericanos y los latinos expresan una fuerte preferencia por Obama.

Un factor que ha venido a sumar más incertidumbre es la evolución ambigua de los datos económicos. Si la economía y el alto desempleo (los verdaderos fundamentos de esta campaña) fueron hasta fecha reciente el gran dolor de cabeza para Obama, las noticias de las últimas semanas parecieran darle un respiro. Sin embargo, Romney sigue siendo visto por la ciudadanía como más capacitado que Obama para conducir la economía y generar empleo.

Y por si el nivel de dramatismo no hubiese sido ya lo suficientemente alto, Sandy irrumpió en los últimos días de la campaña obligando a modificar la agenda de los candidatos, a suspender el voto anticipado en numerosos estados (lo que podría jugar en contra de los demócratas) y ofreciéndole a Obama una oportunidad única para cambiar su papel de candidato por el de comandante en jefe, y de este modo demostrar su liderazgo y recuperar su mensaje de unidad nacional.

En mi opinión, si el presidente logra manejar de manera eficaz y prudente esta grave crisis (como ha venido haciéndolo a la fecha), Sandy podría llegar a constituirse en el factor sorpresa de octubre que le ayudó a Obama a obtener su reelección. Sin embargo, existe consenso entre los analistas acerca de la imposibilidad de poder determinar, con certeza, el impacto real que este tema tendrá en el resultado final.

Resumiendo: a dos días de las elecciones, lo único cierto es que el resultado final sigue siendo incierto. Para saber quién será el próximo presidente de Estados Unidos habrá que esperar otras 48 horas. Será pues, a no dudarlo, una final de infarto la que viviremos en la noche del martes 6 de noviembre.

*Director Regional de Idea Internacional para América Latina y el Caribe.