Una figura emblemática que Lula siempre quiso a su lado
José Dirceu, uno de los políticos con mayor poder del país, fue encarcelado y mandado al exilio por los militares durante la dictadura.
La paradoja es que siendo uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT) y el hombre que llevó a Lula al poder y que era considerado su sucesor natural, haya sido condenado por los magistrados del Supremo Tribunal –casi todos de su partido– y pueda volver a la cárcel, durante la democracia que él contribuyó a consolidar. Dirceu es un personaje casi de novela. Fue deportado a México en 1969 por los militares junto con otros 13 presos políticos que fueron canjeados por el embajador estadounidense, Charles Burke Elbrick, quien había sido secuestrado por guerrilleros de izquierda. El rostro de Dirceu de hoy no es el que tenía a los 20 años, cuando lideraba a los estudiantes universitarios de izquierda, porque se sometió a una cirugía facial radical en Cuba para poder volver a Brasil sin ser reconocido. Con el rostro cambiado, Dirceu volvió de incógnito, para regresar de nuevo a Cuba en 1971, porque los militares seguían sus pasos.
De vuelta en Brasil, en 1975, se refugió en la pequeña localidad de Cruzeiro do Oeste, en Pará, donde se casó y tuvo un hijo sin que su mujer conociese su verdadera identidad.
Acabada la dictadura, Dirceu fue uno de los políticos más destacados del país. Ayudó al sindicalista Lula da Silva a fundar el Partido de los Trabajadores, del que fue tres veces presidente nacional, y desde entonces fue inseparable del carismático tornero al que se propuso llevar al Planalto.

