Una evocación entre discursos de campaña y martirios silenciosos
La crisis tiñó toda conmemoración del 1° de Mayo en países de Europa, donde los recortes han producido retrocesos sociales y mayor xenofobia. Marcelo Taborda.
El mundo globaliza crisis y penurias con mucha más velocidad que oportunidades y curas a males endémicos. El modo en que los capitales trasponen fronteras no se condice con los muros que frenan movimientos migratorios en una aldea donde los discursos a veces involucionan. Con la inmediatez de los nuevos medios de comunicación ayer podía darse un vistazo a las formas con que, en los puntos más diversos del planeta, se evocó la lucha y el ominoso final de los mártires de Chicago. En Nueva York, y aunque Estados Unidos no conmemora a los trabajadores en mayo, miembros del grupo Ocupemos Wall Street chocaban con la policía tras una concentración en la que repudiaron, entre otras cosas, la posible entrada en vigor de una normativa xenófoba como la Ley Arizona, que equipararía a los inmigrantes sin papeles con delincuentes comunes. Y si de mensajes retrógrados se trata, un párrafo especial se ganó el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, urgido por sondeos que lo colocaban detrás del socialista François Hollande. Bajo la imponente Torre Eiffel y en un indisimulado guiño al electorado del ultraderechista Frente Nacional, a quien su líder, Marine Le Pen, dejó ayer en libertad de acción para el balotaje del domingo, el mandatario que busca la reelección llamó a "abandonar la bandera roja" (arcaica diatriba antiizquierdista) y a "abrazar en su lugar la tricolor" francesa. Todo ello, acompañado de una serie de imputaciones a los extranjeros, como si fueran la razón de la crisis de Europa. La crisis tiñó, es obvio, toda conmemoración del 1º de Mayo en países como Portugal, Grecia o Italia, donde recortes y desesperanza se han cobrado decenas de vidas, en un goteo letal que las estadísticas quizá nunca asocien a los planes de austeridad impuestos. También hubo marchas contra los ajustes en España, con especial foco en las medidas que afectarán a Educación y Salud. Pero Mariano Rajoy ya había anunciado el domingo que a las marchas responderá cada viernes con más de su misma medicina. Todavía resuenan grotescas afirmaciones de funcionarios del Partido Popular acerca de que la eliminación de la tarjeta sanitaria para extranjeros en España frenará los "tours" hacia la península de miles de indocumentados. ¿Quién podría –sin gran dosis de cinismo– calificar como "turismo sanitario" la desesperada travesía que africanos suelen emprender en pateras o cayucos que a menudo terminan en el fondo del Mediterráneo? En América latina. Las marchas del Día del Trabajador también reunieron multitudes en Latinoamérica, donde tampoco faltaron incidentes. Los hubo en La Paz, donde la Central Obrera Boliviana, de vidriosa trayectoria en la representación de trabajadores de ese país, acentuó diferencias con el presidente Evo Morales, en medio de anuncios de nacionalización de una transportadora de energía que estaba en manos españolas y actos con Repsol. En Chile, la irrupción de encapuchados al final del acto de trabajadores derivó en disturbios. Y en Cuba, la marea humana, que colmó la Plaza de la Revolución, esta vez fue convocada con la consigna de "preservar y perfeccionar el socialismo", mientras la isla encara cambios económicos considerados vitales.A La Habana llegó antenoche para seguir su radioterapia el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tras firmar en Caracas la nueva ley laboral y dejar a su militancia sin su presencia en actos callejeros. Las imágenes del 1º de Mayo se funden, pasando de un país a otro. Entre página y página, en la pantalla se cuela la publicidad de un calzado deportivo por el que se pagan no menos de 150 dólares en estas y otras latitudes. El aviso no dice que esa zapatilla fue quizá fabricada por manos de niños nacidos en países de Asia que alguna vez fueron alabados como "tigres" por organismos internacionales de crédito. Esos trabajadores, u otros reclutados en Centroamérica, suelen ganar poco más de un dólar por cada jornada laboral no inferior a las 14 horas diarias. Entre los homenajes por los muertos en Chicago en mayo de 1886, los silenciosos mártires del mundo global contemporáneo también merecen su espacio.

