Temas del día:

Una estrella, cuatro barras rojas y todo lo de Mas

La derrota de CiU y el actual presidente de la Generalitat no son el fin de una creciente reivindicación catalanista. Marcelo Taborda.

01 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Una estrella, cuatro barras rojas y todo lo de Mas

En un error de cálculos cuyas consecuencias aún no se han visto, el presidente de la Generalitat de Catalunya (jefe del gobierno regional de esa comunidad autónoma), Artur Mas, convocó para el domingo pasado a elecciones anticipadas. Tal vez envalentonado por el fervor catalanista que, como nunca antes, habían expresado cerca de un millón de personas en las calles de Barcelona en la Diada del 11 de septiembre pasado, o acaso por temor a que otra fuerza capitalizara ese sentimiento con alguna jugada política que relegara al nacionalismo conservador y acomodaticio de Convergencia i Unió, Mas se lanzó a un objetivo por demás ambicioso. Apostaba a lograr mayoría propia (68 escaños) en el Parlamento y prometía, en caso de lograrla, convocar de inmediato a un referéndum para que los catalanes decidieran si querían formar un Estado independiente, escindido de España. Opositores al titular de la Generalitat advirtieron sin embargo que tras la ebullición de soberanismo en CiU podía esconderse el deseo de lograr una mayoría parlamentaria que le permitiera al gobierno de Mas aprobar como mero trámite unos presupuestos y recortes más que discutibles y disimular unas cuentas en rojo que hacen de esta, la comunidad más rica de España, también la más endeudada. Y es que en la campaña hacia las elecciones se ventiló aquello de que el 40 por ciento de impuestos que deberían ser reenviados a Cataluña no retornan, pero también que el déficit fiscal de 16 mil millones de euros por año o los 42 mil millones de deuda acumulada no eran buenas señales para esta nación de más de siete millones de habitantes, cuya mayoría sigue estando a favor de convertirse en un país de Europa. Sí, es verdad que el domingo pasado CiU fue la fuerza más votada, pero perdió 12 escaños con respecto a los comicios de 2010. Sin embargo, esos votos no fueron a partidos españolistas como el PP, gobernante a nivel nacional, sino sobre todo a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que ganó 11 bancas respecto de 2010 y se convirtió en segunda fuerza de la región, con un peso determinante. No lo intimidan. Oriol Junqueras, presidente de ERC, dijo horas atrás que su fuerza no se dejará presionar ni intimidar por un Mas que, pese a su traspié, exigió a los soberanistas de izquierda un apoyo que dé la máxima autoridad al futuro Ejecutivo. Obligado a pactar y después de sus reivindicaciones catalanistas, Mas sabe que no puede llegar a un nuevo mandato sumando a las 60 bancas de CiU las 19 del PP, porque sería traicionar hasta el ridículo sus últimos discursos. Tampoco podría apelar a las 20 del Partido Socialista. La imposibilidad no nace de impedimentos ideológicos, sino oportunistas. Durante los años en que la Generalitat estuvo al mando de un viejo zorro de la política como Jordi Pujol, CiU pactó sistemáticamente apoyos clave al Psoe y al PP en el Congreso de Madrid, que le generaron dividendos económicos y estratégicos. Pero ahora es diferente. La pelota está en el campo de ERC, mucho más cercana a las estalades , las banderas de las cuatro barras rojas y la estrella que inundaron la Ciudad Condal el 11-S. Esquerra tiene mucho más que ver con algunas reivindicaciones de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) que promovió las masivas marchas. Consciente de su papel, ERC avisó que garantizará estabilidad a un nuevo Ejecutivo de CiU, pero sin sumarse a su gobierno, y desliza 2014 como posible fecha para un referéndum sobre el futuro catalán. "Catalonia is not CiU", rezaban pancartas y hasta una gigantesca bandera que se descolgó en el Camp Nou del Barcelona, en un mensaje en inglés con destino a la UE. Los mentores del mensaje deslindaban "las políticas corruptas" del actual gobierno de la Generalitat del "sentimiento de catalanidad", que sigue intacto. En resumen, para quienes hicieron interesadas lecturas el domingo pasado, los catalanistas dicen que los derrotados han sido Mas y CiU, pero las banderas esteladas no se han arriado ni mucho menos.