Un servidor en la viña del Señor
A los largo de la historia, los 265 papas, a su modo y en su tiempo, han realizado el mismo humilde servicio de ayudar y acompañar a la Iglesia. Dante Eduardo Simón.
Estamos próximos a recordar los cinco años de la elección del actual Santo Padre. Los cardenales, reunidos en cónclave, lo eligieron el 19 de abril de 2005.
En homenaje a Benedicto XV, que acompañó a la Iglesia en la difícil época de la Primera Guerra Mundial, y a San Benito, a quien le pidió tener firme la centralidad de Cristo en nuestra existencia, se llamó Benedicto.
Las primeras palabras que dirigió al pueblo reunido en la Plaza San Pedro fueron: "Los señores cardenales me han elegido a mí, un humilde servidor en la viña del Señor".
Es profunda y cálida, al mismo tiempo, la sencilla escena evangélica de San Pedro echando las redes al agua. Jesús en persona lo llamó: "Sígueme, y yo te haré pescador de hombres".
Una vez, en un alto del camino, Jesús le preguntó sobre él mismo y Pedro le respondió: "Tú eres el Hijo de Dios viviente".
Después de felicitarlo por ser dócil al Espíritu Santo, el Maestro le dijo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".
A orillas del lago, después de la Resurrección, por tres veces lo interrogó si lo amaba. "Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero", y Jesús le respondió: "Cuida mis ovejas".
El humilde pescador de Galilea no albergó ningún prejuicio en su corazón, tiró las redes y fue detrás del Señor. Con la misma simplicidad y docilidad fue inundado por el Espíritu para decir la mejor confesión de fe sobre el Mesías y lo amó con todas sus fuerzas, como las que habrá empleado para remar mar adentro.
El mismo servicio. A los largo de la historia de la Iglesia, los 265 papas, a su modo y en su tiempo, han realizado el mismo humilde y trascendental servicio de ayudar y acompañar a la Iglesia a creer y amar a Dios.
Con verdad le decimos: "Servidor de los siervos de Dios". Servidor casi siempre incomprendido, perseguido, encarcelado, martirizado Lo mismo que Jesús. "No es más grande el servidor que su Maestro".
Los ojos de los amigos y conocidos de Pedro, después de que el Señor le pidió que cuidara a sus hermanos, siendo un rudo pescador, con sus dudas y negaciones, tienen que haber recibido una luz especial para poder mirarlo tal cual el Señor lo ungió.
De lo contrario, la imagen que tenían de él los pudo haber confundido. No había otra manera más verdadera para mirarlo que como servidor de la fe y el amor. Lo contrario mancha de duda la fe y mezquina el amor.
El Santo Padre es un necesario don en el Iglesia, como es necesaria la confianza y el amor a Dios para vivir siempre con Él.
La conmemoración de la elección pontificia es una ocasión para detenernos y levantar la mirada como católicos.
Es la fe la que le da el lugar en la Iglesia al Romano Pontífice y nos reúne en la comunión alrededor de Cristo en el amor. Esa es la simple, y nada más, tarea humilde del Papa, servidor en la viña del Señor.
*Vicario del Arzobispado de Córdoba

