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Un populismo sin base estadística

Los extranjeros sólo son el cuatro por ciento de la población de la UE, pese al auge xenófobo. Las llegadas de irregulares repuntan este año tras caer un 49 por ciento en 2012.

05 de noviembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Lucía Abellán*
Un populismo sin base estadística

Las sociedades europeas se alejan lentamente del enfoque con que han abordado el fenómeno migratorio en las dos últimas décadas: el continente envejece y necesita mano de obra para paliar sus carencias laborales. Una avalancha migratoria parece haber colapsado las fronteras comunitarias y desbordado los servicios sociales de los grandes países. Pero las cifras, en general, no respaldan esa percepción y sólo en los últimos meses se atisba un cambio de tendencia.

Sin embargo, la marea populista gana cada vez más terreno y contagia de esos miedos a los grandes partidos.

Las estadísticas sobre inmigración son aún incompletas y poco homogéneas, pero un vistazo a los principales registros demuestra que el discurso político magnifica los problemas.

Los extranjeros representan menos del siete por ciento de la población comunitaria, algo más de 34 millones de personas. Se trata de un porcentaje modesto, aunque las diferencias entre países son enormes. Y si se descuentan los ciudadanos comunitarios que se mudan a otros países (por ejemplo, los franceses que residen en Bélgica), el porcentaje baja al cuatro por ciento, según datos de Eurostat, la oficina estadística comunitaria, relativos a principios de 2012.

Además, los últimos flujos registrados por esta agencia 
–correspondientes, en este caso, a 2011– revelan un ligero descenso anual de la llegada de inmigrantes. Aunque la tendencia puede haber cambiado desde entonces, la forma como este debate se ha apoderado de la escena política en algunos países no está avalada por los registros.

Así ocurre, por ejemplo, en Reino Unido, el país que lidera esa creciente hostilidad hacia los extranjeros sin papeles. Sus porcentajes de inmigración están muy próximos a la media, aunque es cierto que en los últimos años los flujos han crecido con rapidez. En cualquier caso, acoge a bastante menos extranjeros que España (7,6 por ciento de la población frente a 12 por ciento), donde el discurso antiinmigración no ha prendido de la misma manera, pese a vivir una situación económica más adversa.

Mitos infundados

Otro de los termómetros de los flujos migratorios proviene de las entradas irregulares detectadas por los países miembros y recogidas por Frontex. Los últimos datos anuales de la agencia europea arrojan un descenso del 49 por ciento en 2012, tras el fuerte repunte experimentado el año anterior. La evolución de 2013 revela ya un cambio de tendencia, pues los intentos de entrada registrados han crecido con fuerza en la primera mitad del año, especialmente las que tienen a Libia como origen y a Italia como destino.

De todos los mitos asociados a la supuesta avalancha de la inmigración, quizá el más infundado es el relativo a los movimientos intracomunitarios. Algunos países ricos llevan meses denunciando lo que denominan turismo de prestaciones. Se trata de desplazamientos dentro de las fronteras comunitarias, amparados en la libertad de movimientos que rige en la UE, para beneficiarse de programas sociales más generosos que los de los países de origen (por ejemplo, de Bulgaria a Reino Unido).

Un reciente estudio de la Comisión Europea desmonta esos mitos. Sólo un 2,7 por ciento de la población europea reside en otro estado miembro. El porcentaje cae al uno por ciento si se aísla a los que no tienen trabajo. Y un 13 por ciento de ellos son estudiantes, lo que desactiva la alarma que muchos líderes políticos tratan de infundir.

*El País, de Madrid.