Temas del día:

Un paso que desafía a los escépticos

Asumir culpas, hablar de resarcimientos o discutir una eventual salida política a un conflicto de medio siglo parecía impensado un año atrás y hoy abre otro escenario, aunque despierte desconfianzas a partir de intentos fallidos del pasado.

21 de agosto de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Un paso que desafía a los escépticos

Las pala bras pronunciadas en La Habana por Jorge Torres Victoria, más conocido por el alias de “Pablo Catatumbo”, causaron una rara mezcla de sorpresa, escepticismo y esperanza entre colombianos consultados ayer por medios de comunicación de ese país.

“Sin duda ha habido crudeza y dolor provocados desde nuestras filas”, afirmó Torres en un párrafo que contenía una asunción de responsabilidades cuyas causas y consecuencias quizá aún no puedan dimensionarse. Y es que “Catatumbo” hablaba en su carácter de jefe del “Bloque Occidental”, miembro del secretariado nacional e integrante del equipo negociador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) en el proceso de diálogo iniciado a fin de 2012 en Oslo y que se lleva adelante desde hace nueve meses en la capital cubana.

Aunque el representante de la guerrilla más antigua y numerosa del continente endilgó también culpas a “un enemigo que no ha sido fácil, ni se sujetó a normas de combate”, las Farc se pronunciaron a favor de una reparación a las víctimas del conflicto “con total lealtad a la causa de la paz y la reconciliación”.

La posición se comunicó en el marco de la 13ª ronda de negociación, en la que se discuten diferentes puntos relacionados con la participación en política, presupuesto ligado de modo indisoluble con el final de la lucha armada iniciada hace más de medio siglo. Además el mea culpa de las Farc llegó cerca de un mes después de que su contraparte en el diálogo, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos realizara su propio acto de contrición en nombre del Estado colombiano, al reconocer crímenes, actos de violencia y vejámenes en un escenario al que contribuyeron las fuerzas armadas y de seguridad y los hoy "desmovilizados" paramilitares.

Santos, cuyas aspiraciones de reelección en las presidenciales del 25 de mayo de 2014 parecen atadas (para bien o para mal) al éxito o fracaso del proceso de paz, se apoyó en su momento en los números revelados hace más de 30 días por el Centro Nacional de la Memoria Histórica. Para esos comicios, en los que están llamados a votar unos 30 millones de los casi 43 millones de colombianos, el actual mandatario debería afrontar los embates de seguidores del expresidente Álvaro Uribe, quien acusa a su exministro de Defensa y sucesor de haber traicionado su política de “seguridad democrática” y haber claudicado ante los insurgentes.

El asumir culpas, hablar de resarcimientos o discutir una salida política a un conflicto de 50 años parecía impensado un año atrás y, aunque ello despierta desconfianzas a partir de intentos fallidos del pasado, abre nuevos escenarios. Si bien las Farc propusieron conformar una comisión de expertos nacionales e internacionales para analizar el número de víctimas y las raíces del conflicto desde sus orígenes como “lucha social armada”, hay datos ya divulgados que causan escozor.

Según el Centro de Memoria Histórica, el conflicto dejó 220 mil muertos, de los que 176 mil fueron civiles. Del informe se desprende que por cada combatiente muerto perecieron cuatro civiles y que, de cada 10 decesos de colombianos desde 1958 a 2012, tres tuvieron que ver con el conflicto interno. Si a ello se suman millones de desplazados o miles de desaparecidos y secuestrados debiera pensarse que es tiempo de parar la guerra.

Más allá de especulaciones políticas personales o frases como la de la declaración leída por las Farc acerca de que “no hay vencedores ni vencidos”, el proceso de paz por el que pocos apostaban parece haber dado ayer un paso trascendente, aunque la tregua se haga esperar y el final parezca utopía.