Un papa para Roma y el mundo
Semana crucial para la Iglesia Católica: el martes, los cardenales se encierran para elegir al sucesor de Benedicto XVI. Hasta ahora, pasaron días de intensos debates puertas adentro para definir su perfil y los desafíos de estos tiempos turbulentos. Enviado especial.
Julio Perotti, enviado especial a Roma. Ya es sábado entrada la noche. El silencio hacia el interior de los muros del Vaticano contrasta con la movida en las avenidas romanas. El reposo y la reflexión contra la agitación y el bullicio. Una vuelta más en la convivencia entre las dos ciudades, ubicadas una dentro de la otra (ver módulo especial sobre la elección del Papa). Afuera, el nombre del papa que sucederá al renunciante Benedicto XVI es un tema de segundo grado. Antes, para los romanos está la crisis económica, que, como dice en su tapa el diario Corriere della Sera , no puede esperar a que los partidos políticos desaten el nudo de una elección que, dos semanas atrás, demostró que los italianos están partidos en mil pedazos, que no hay un liderazgo sólido. Sólo había que contar los titulares del Telegiornale de RAI2: 12 estaban vinculados a las fallidas elecciones; uno, al cónclave que reunirá a los cardenales a partir del martes en la soledad de la Capilla Sixtina (mirá la infografía y el blog Diario de Roma). La profundidad del debate anterior que tuvieron los cardenales durante las congregaciones (reuniones previas en las que participaron todos, con o sin derecho a elegir papa) dejó al descubierto que el sucesor de Benedicto XVI deberá encarar una ciclópea tarea Urbe et Orbi , para Roma y el mundo.Dentro del pequeño Estado vaticano, unas cuantas y cruciales cuestiones deberán concentrar su atención.A la vista, están los escándalos financieros en la curia, la organización interna del clero y los casos de pederastia que han sacudido los cimientos de la Iglesia en distintas partes del mundo y que, incluso, llevaron a la renuncia de cardenales. Para algunos observadores, quizá fueron estas sucesivas crisis las que se llevaron –como él mismo lo planteó en su renuncia– "el vigor tanto del cuerpo como del espíritu" de Benedicto XVI. El escritor peruano Mario Vargas Llosa reivindica al hoy pontífice emérito por su fortaleza ante las turbulencias de la época en la que ejerció el papado: "A Benedicto XVI le ha tocado uno de los períodos más difíciles que ha enfrentado el cristianismo en sus más de dos mil años de historia". Y enumera: "La secularización de la sociedad avanza a gran velocidad, sobre todo en Occidente, ciudadela de la Iglesia hasta hace relativamente pocos decenios. Este proceso se ha agravado con los grandes escándalos de pedofilia en que están comprometidos centenares de sacerdotes católicos y a los que parte de la jerarquía protegió o trató de ocultar, y que siguen revelándose por doquier, así como con las acusaciones de blanqueo de capitales y de corrupción que afectan al banco del Vaticano". El cono de silencio. Los planteos de Vargas Llosa, expuestos en una columna publicada en el diario El País , de Madrid, a poco de la renuncia de Benedicto XVI, fueron los que marcaron las congregaciones, hasta donde se pudo saber porque, el miércoles pasado, los cardenales quedaron envueltos en un prometido cono de silencio. Al parecer, la decisión de hacer cesar los contactos con la prensa se debió a que los purpurados estadounidenses acostumbraban a dialogar con los periodistas de su país en el cuartel general en el Gianicolo, el North American College. "Es el modelo norteamericano, que va desde la política, el Congreso, los lobbies hasta la Iglesia", explicó un periodista de Nueva York. Pero mientras el diálogo estuvo abierto, todos aquellos problemas de la Iglesia emergieron como preocupaciones y enormes signos de interrogación sobre el futuro. Por ejemplo, la filtración de documentos secretos del Vaticano, conocida como VatiLeaks (nombre derivado de WikiLeaks, el sitio en el que se publicaron archivos privados de los gobiernos), desató inquietud entre los cardenales. "Pedimos la información necesaria para una buena decisión. ¿Qué sucedió, qué provocó esta ruptura en la confianza del gobierno de la Santa Sede? Es una preocupación sobre la que no hemos recibido un informe formal", sostenía el arzobispo de Chicago, Francis George. Su colega de Boston, Sean O'Malley, aceptó el miércoles pasado que, aunque el VatiLeaks no será "determinante" para la elección del papa, esperaban "conocer todos los aspectos pertinentes para el trabajo que se lleva a cabo". Se cree que el silencio posterior que les fue impuesto obedeció a la apertura de consultas sobre este espinoso asunto. Sin embargo, el portal especializado Religión Digital sostuvo que varios purpurados latinoamericanos, liderados por el grupo brasileño, también pidieron más información sobre las filtraciones de papeles secretos del Vaticano. "No podemos elegir a un papa sin tener la absoluta seguridad de que no va a aparecer al día siguiente en un papel, y que además ese papel sea conocido por los investigadores. Sería absurdo", sostuvo un cardenal elector del sur de América, al que el sitio web no identifica. Toda esta situación debería, dicen los especialistas, derivar hacia un cambio en las relaciones entre el Vaticano, los cardenales, los episcopados y los curas para transparentar la información. "Enterarnos por la prensa nunca es lo mejor", sostiene un cura que conoce los complejos mecanismos de comunicación del Vaticano.Otro aspecto que consideran es avanzar hacia una nueva evangelización, pese a que los números parecerían favorables a la inserción de la Iglesia Católica en los distintos continentes: un informe del Centro de Investigación Pew, de Estados Unidos, reveló hace muy poco que, en el siglo pasado, el número de católicos en todo el mundo se ha triplicado y más, al pasar de unos 291 millones en 1910 a casi 1.100 millones en 2010. Sin embargo, en la comparación con el crecimiento de la población mundial, las cifras no son tan optimistas: en 1910, los católicos eran casi la mitad (48 por ciento) de todos los cristianos y el 17 por ciento del total global. El siglo pasado, indica el estudio de PewResearch, los católicos todavía eran aproximadamente la mitad de los cristianos del mundo, y el 16 por ciento de la población mundial. La conclusión es que la Iglesia no avanzó lo suficiente para sumar más fieles. Quién y de dónde. ¿Acaso la nacionalidad del futuro papa puede ser determinante para una expansión global de la Iglesia Católica? En el Colegio Cardenalicio están representados los cinco continentes, con una clara supremacía de Europa, seguida por América latina. Son 600 países, 50 (entre ellos la Argentina) con cardenales electores. Al menos para algunos prelados, la procedencia del papa carece de importancia: "Existe un problema que se presenta siempre antes de cada cónclave: la Iglesia no tiene colores, no es blanca, amarilla o negra. Por lo tanto un papa puede ser blanco, europeo, latinoamericano, africano o asiático. No existe ningún problema, la Iglesia no tiene colores y puede ser de cualquier continente", sostuvo el cardenal portugués José Saraiva Martins, de 80 años y entre 1998 y 2008 prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede, en declaraciones a La Stampa. Es evidente, con todo, que hay realidades diametralmente opuestas: La Iglesia estadounidense, inserta en la cuna del capitalismo y con fuertes problemas en algunas diócesis. Por ejemplo, el arzobispo de Boston, el cardenal Sean Patrick O'Malley, publicó en agosto de 2011 una lista de 159 sacerdotes y diáconos de su arquidiócesis acusados de abuso sexual a menores en los últimos 60 años. Luego sobrevinieron acusaciones a la jerarquía de haber "protegido" a los pedófilos. La Iglesia africana, con una misión que debe navegar entre el hambre y la miseria, el racismo, la violencia y las guerras civiles. ¿Hay acaso un molde en el que cuadre a la perfección un hombre sobre cuyas espaldas pesará toda esta compleja realidad? Geraldo Majella Agnelo, el arzobispo emérito de San Salvador de Bahía, lo vaticina así: "La procedencia geográfica pesará mínimamente. No se dice: ahora precisamos un papa que venga de África o de Asia o de otra parte del mundo. Eso no ocurrirá". Hay, sin embargo, otra mirada: el cardenal sudafricano Wilfrid Fox Napier considera que el nuevo papa debería tener entre 60 y 67 años, y provenir "de un lugar en el que la Iglesia es dinámica y es vivaz, en búsqueda de respuestas y puesta a prueba constantemente".
24 fueron las veces que se abrió la Capilla Sixtina para albergar un cónclave de elección de Papa. Esta será la 25.
77 es el número mínimo de electores que se requiere para que haya papa. Son los dos tercios del total de los cardenales.
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