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Un país de jóvenes que se sienten representados

Los noruegos respetan sus instituciones y desde edades tempranas se involucran en política. Así era el perfil de las víctimas del agresor ultraderechista.

28 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Juan Gómez (El País, de Madrid)
Un país de jóvenes que se sienten representados

Oslo. Los jóvenes anarquistas o comunistas del antiguo centro okupa Casa Blitz están de acuerdo en muy pocas cosas con el Partido Laborista. Sin embargo, Axel, Sondre y Runar subieron el martes a su sede central en Oslo para solidarizarse con la organización juvenil laborista AUF. Pidieron ver a su vicepresidente, Asmund Aukrust, esperaron pacientemente a que los recibiera, le entregaron un ramo de flores y le estrecharon la mano. Los cuatro están en la franja de edad de los jóvenes de la AUF masacrados el viernes en la isla de Utoya por el ultraderechista Anders Breivik. Podrían haber dejado flores en la calle como miles de noruegos, o participado discretamente en los actos de repulsa. Que incluso los militantes de "izquierda radical" se reunieran con el vicepresidente de la AUF permite inferir hasta qué punto los jóvenes noruegos se identifican con la vida pública y respetan sus instituciones. Casi 600 jóvenes socialdemócratas se encontraban en la isla de Utoya cuando Breivik, disfrazado de policía, cruzó el lago Tyrifjorden para intentar matarlos a todos. Asesinó a 68. En un país de menos de cinco millones de habitantes, no es difícil dar con amigos o conocidos de alguna víctima. Trym, escolar aficionado al boxeo de 16 años, tiene un amigo hospitalizado en Oslo con la mandíbula destrozada por un disparo de Breivik en la acampada socialdemócrata de Utoya. ¿Es normal que los jóvenes noruegos se comprometan tan pronto con una organización política? "En mi colegio cada vez es más común", responde el joven. Matias y Mounir, compañeros de Trym en una escuela de Grünner-Lokka, asienten. Los tres desarrollan puntos de vista políticos, próximos a los del Partido Laborista. "Aquí nos identificamos con el Estado, que además es generoso", dicen.Mounir, cuyo padre es marroquí, planea solicitar una beca para estudiar arquitectura "en Barcelona o Londres si es posible". Los chicos explican que el erario público subvenciona a los estudiantes "según sus necesidades". El dinero llega a cuentas personales de escolares, que lo gastan a discreción. Consideran que sus políticos son "gente próxima" que los "representa bien" y en la que "por lo general se puede confiar". No muy lejos de la calle Karl Johannes, Christian Karlsrud dice entre risas de sus amigos que él lo invierte "en marihuana". Los cuatro escolares son de Nordre Aker, "donde casi todo el mundo vota al Partido Conservador". Esta formación fue la segunda fuerza del país hasta que el populista Partido del Progreso lo pasó por la derecha. Christian y sus amigos del acomodado barrio norteño comparten con sus familias las convicciones conservadoras, "más que nada en lo relativo a los impuestos". Ninguno de ellos está comprometido en un partido, pero los cuatro conocen a alguien que sí lo está. El suéter de Christian lleva estampada una bandera noruega en el pecho. También ellos se sienten representados por sus políticos.Entre las aficiones de la mayoría de los jóvenes escandinavos se cuenta algún deporte de invierno. Dicen que se bebe bastante, pese a los astronómicos precios. Hay gran afición a las redes sociales: "Todo va por Facebook", según Mounir, que como Trym y Matias sustituyó la foto de su perfil por un eslogan de homenaje a Oslo. En verano se juntan al aire libre. El frío del invierno los obliga a entretenimientos caseros.