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Un octubre cargado de urnas

Los habitantes de tres de los cinco países vecinos de la Argentina están llamados a elegir presidente en octubre. Las contiendas contemplan balotajes de diferente signo.

10 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Un octubre cargado de urnas

¿Seguirá el país más influyente de la región gobernado por la misma mujer a partir de enero de 2015? ¿O será desbancada del Palacio de Planalto por quien era su colega en el gabinete del carismático Luiz Inácio Lula da Silva?

¿Logrará algunos de los candidatos opositores en Bolivia interponerse en el camino a la reelección de Evo Morales Ayma? ¿O los celos y diferencias que abortaron una candidatura unificada allanarán el camino al primer presidente indígena para seguir en el Palacio Quemado hasta 2020?

¿Se confirmará el retorno al poder del oncólogo Tabaré Vázquez en Uruguay y, con él, la continuidad del Frente Amplio por otros cinco años? ¿O una indefinición en primer turno abrirá las puertas al pacto de blancos y colorados?

Las respuestas a algunos de estos interrogantes que involucran a tres vecinos de la Argentina saldrán de las urnas en los comicios previstos para tres domingos de octubre, aunque quizá algunas incógnitas deban esperar a noviembre o diciembre para dirimirse.

Brasil, el 5; Bolivia, el 12 y Uruguay, el 26 de octubre, realizarán elecciones presidenciales con sistema de balotaje.

De los tres, sólo en el gigante de Sudamérica, principal socio comercial argentino, existe la certeza de que el nombre que encabezará el próximo Ejecutivo se conocerá el mes que viene, ya que la más que probable segunda vuelta se realizaría el domingo 26 de octubre. El sistema electoral brasileño prevé que si ninguno de los candidatos logra la mitad más uno de los votos válidos emitidos en el primer turno, la contienda se definirá tres semanas después entre los dos que reúnan más sufragios.

También contempla un balotaje puro Uruguay que, sin embargo, prevé algo más de un mes de intervalo con la probable segunda vuelta, que se escenificaría el 30 de noviembre.

Bolivia, en tanto, podría estrenar un sistema de segunda ronda, pero no sería necesario ir a un balotaje, previsto recién para diciembre, si el candidato ganador del primer turno logra un voto de más del 50 por ciento de los sufragios emitidos o si alcanza el 40 por ciento y aventaja por más de 10 puntos porcentuales a su rival más cercano.

Las cosas por sus nombres

Semanas antes de la elección que ganara Dilma Rousseff a José Serra, en octubre de 2010, un reconocido periodista brasileño, columnista de un reputado diario paulista, le dio un consejo a este enviado: en Brasil, a las encuestas hay que mirarlas con detenimiento recién en el tramo final de la campaña, porque sus movimientos suelen ser pendulares y responden a estímulos muchas veces volátiles.

Hecha la salvedad para este país de más de 200 millones de habitantes (quizá extensiva para cualquier otra nación en estos tiempos de hipercomunicación y bombardeos de mensajes a electores desde distintas plataformas), la lectura de los sondeos de los últimos días indicaría que la pelea por la presidencia en Brasil no se resolverá en un solo round. También parece que la contienda será, por primera vez en ese país, una puja entre dos mujeres: la actual mandataria, que va por cuatro años más en el poder, y la exministra de Medio Ambiente, Marina Silva. Aunque sólo se trata de sondeos, estas serían las “certezas”, a poco menos de cuatro semanas de los comicios.

Lo demás amerita un seguimiento cotidiano. Así, un sondeo divulgado ayer (por el Instituto MDA) indicó un repunte de Dilma, que estira a casi cinco puntos su ventaja sobre Marina para el domingo 5 (38,1 a 33,5) y achica la diferencia de intención de voto en segunda vuelta, que Silva mantiene a favor, a menos de tres puntos (45,5 a 42,7), lo que es una suerte de “empate técnico”.

Quizá nuevos números que difundan en las próximas horas otros institutos, como Datafolha o Ibope, confirmen esa tendencia o muestren otros pulsos. Quizá la filtración de declaraciones a la policía de un “arrepentido” que apunta a políticos oficialistas en un escándalo de corrupción en la compañía Petrobras tenga su impacto a favor de la oposición. Claro que entre los apuntados también estaba el exgobernador de Pernambuco Eduardo Campos, cuyo inesperado deceso en un accidente aéreo catapultó a su compañera de fórmula, Marina, como candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB).

Tal vez el envión de empatía capitalizado por Silva tras aquel hecho que conmovió al país sufra nuevos embates. Como el que ayer asestó Dilma al aludir a los nexos de la ecologista y evangélica Marina con la heredera del Banco Itaú, Maria Alice Setubal.

Lo que hasta ahora parece irrefutable es el incómodo tercer lugar del Partido de la Social Democracia Brasileña, cuyo candidato Aécio Neves era hasta el 13 de agosto el rival a vencer por Rousseff y ahora oscila entre el 14 y 17 por ciento de adhesiones.

Uruguayos y bolivianos

En Uruguay, en tanto, el favorito para el primer turno es Tabaré, acompañado en la fórmula por Raúl Sendic, hijo del mítico líder tupamaro. Sus rivales también portan nombres y apellidos con historia y son hijos de expresidentes: Luis Lacalle Pou es el candidato del Partido Nacional o Blanco, probable contendiente del Frente Amplio en un balotaje; y Pedro Bordaberry es el abanderado del Partido Colorado, relegado a la tercera posición, pero cuyo caudal de votos podría ser el más apetecible en un segundo turno.

Un sondeo de la firma Factum difundido ayer le asignó 42 por ciento a Vázquez; 32 a Lacalle y 15 a Bordaberry.

Por su parte, Bolivia, segundo en ir a las urnas en octubre, podría ser el primero en dirimir la disputa. Los sondeos favorecen al presidente Morales, que volverá a compartir fórmula con Álvaro García Linera, frente a viejos conocidos como el empresario Samuel Doria Medina, el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga o el exalcalde de La Paz Juan del Granado.

Octubre viene cargado de urnas en la región. Los derechos políticos ejercidos sin sobresaltos nunca dejan de ser una buena noticia.