Un escenario que podría sepultar promesas de cambio
Michoacán, un estado productor de palta y de oleadas de migrantes, se convirtió en una espina muy molesta para el presidente.
Michoacán, un estado productor de palta y de oleadas de migrantes, se convirtió en una espina muy molesta para el presidente. Lo que hoy padece Enrique Peña Nieto ya lo sufrió su antecesor, Felipe Calderón.Tras un fabuloso triunfo por la captura del líder del cartel de los Zetas Miguel Ángel Treviño Morales, Peña Nieto se vio sumergido de inmediato en la sangrienta realidad de la guerra de las drogas en México cuando hombres armados que presuntamente trabajan para el grupo narco "Los Caballeros Templarios" realizaron el martes una serie de emboscadas coordinadas contra policías.Aproximadamente 24 personas muertas y 15 heridas se reportaron en las emboscadas, en las cuales hombres armados secuestraron camiones y colectivos para bloquear carreteras.Peña Nieto envió hace dos meses al área miles de soldados y policías federales para buscar recuperar el control del estado de manos del cartel de los Templarios, justo como su predecesor desplegó periódicamente fuerzas armadas en Michoacán, que es el estado natal de Calderón. Aunque los residentes en un principio aplaudieron el envío de tropas y algunos grupos de autodefensa aceptaron hace poco entregar sus armas, la calma duró poco.Las raíces profundas del cartel y su crueldad podrían convertir a Michoacán en el cementerio de la promesa de Peña Nieto de reducir la violencia por causa del narcotráfico.

