Un capítulo más de la guerra eterna
Por opresor que se considere a Hamas desde afuera, para los palestinos de la Franja de Gaza el verdadero agresor es Israel, por lo que probablemente cuando finalice este episodio Hamas saldrá fortalecido.Alejandra Conti.
La Franja de Gaza volvió a ser una lamentable noticia esta semana y todo parece indicar que el futuro cercano será aún peor. Si bien este rebrote violento parece una reedición de la operación Plomo Fundido en la Franja de Gaza, que entre 2008 y 2009 mató a más de 1.400 palestinos y 14 israelíes, hay que recordar que la región no es la misma después de la Primavera Árabe. El conflicto hoy es mucho más complejo.
Este capítulo de la eterna guerra entre Israel y el extremismo palestino encarnado en Hamas comenzó con el asesinato del jefe del ala militar de ese grupo, Ahmed Said Jalil al Yabari.
La respuesta palestina fue el lanzamiento de cohetes que alcanzaron Jerusalén (por primera vez desde 1970) y Tel Aviv. El escudo antimisilístico estadounidense-israelí Iron Dome evitó males mayores y justificó la inversión de 900 millones de dólares aprobado por el Capitolio para su diseño e instalación.
Sin embargo, quedó a la vista el resultado contraproducente de los “asesinatos selectivos”. Así se llama en Israel a esta modalidad de terrorismo de Estado que genera una cadena de reacciones violentas que se traducen en muertes de civiles de ambos bandos.
Como decía en términos prácticos la periodista Amira Hass en el diario Haaretz : "Al contrario de Al Fatah, Hamas no depende de un jefe carismático (como lo fue Yasser Arafat). La continuidad marca sus políticas y debates, aún con la desaparición de sus líderes".
Hass, que es judía pero trabajó años en Gaza, considera que por más opresor que se considere a Hamas desde afuera, para los palestinos de la Franja el verdadero agresor es Israel, por lo que probablemente cuando finalice este episodio Hamas saldrá fortalecido.
Las opciones de Netanyahu. Es posible que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, decida una ofensiva para liquidar a Hamas. Los alcances y consecuencias de una operación en este sentido son imprevisibles. La convocatoria de 75 mil reservistas israelíes hace temer un conflicto a gran escala. En 2008, cuando comenzó la ofensiva llamada Plomo Fundido, los convocados fueron 10 mil.
Esta situación se produce en forma paralela a una guerra civil en Siria y a una instancia de extrema volatilidad con Irán. La teocracia iraní parece estar buscando la oportunidad de un ataque, o de ser atacado para responder. De hecho, los cohetes que caen sobre territorio israelí son de fabricación iraní.
Hamas, por su parte, aprovecha los aires traídos por la Primavera Árabe y el cambio de autocracias por gobiernos islámicos votados por los ciudadanos.
Egipto, Túnez, Turquía y Qatar, todos aliados de Estados Unidos en la región y con gobiernos elegidos democráticamente, manifestaron que están con los palestinos.
La guerra interna en Siria dejó a Hamas sin ese aliado, pero en cambio reforzó sus vínculos con Irán y comenzó una campaña de acercamiento con los otros países citados.
La posibilidad de que Egipto revea su tratado de paz con Israel puede ser un resultado de la reunión de la Liga Árabe y sería un enorme paso atrás.
¿Hasta dónde llegar?. La ofensiva aérea, con aviones tripulados y no tripulados (drones), tiene todo el apoyo del público israelí. Una invasión terrestre podría acarrear disenso.
Dentro de dos meses hay elecciones en Israel. Netanyahu es el claro favorito, aunque el ministro de Defensa y ex primer ministro Ehud Barak también es candidato.
Una de las especulaciones sobre por qué el ataque se realiza ahora, en un momento que deja demasiado margen como para que un fracaso o error le cueste la elección a Netanyahu, señala que los constantes y menos difundidos ataques con cohetes desde la Franja de Gaza hacia el sur de Israel le dan imagen de debilidad al primer ministro.
En este tema complejísimo, hay algunos datos que no pueden ignorarse y que salpican de responsabilidad a unos y otros.
El primero, Hamas es una organización extremista con un ala militar y que no ha demostrado vocación democrática a pesar de haber sido votada por su pueblo en 2006.
En la Franja viven 1.500.000 personas, de las cuales 1.100.000 son refugiados. En los últimos 10 años los índices económicos han ido de mal en peor, al punto de que el 80 por ciento de la población depende de la ayuda internacional que administra Hamas.
Otro: Israel se ha negado durante décadas a negociar con los palestinos, argumentando que no tenía una contraparte a su altura. Tal vez debería tomar el ejemplo de Gran Bretaña, que negoció con el Ejército Republicano Irlandés (IRA). Ambos tenían las manos manchadas de sangre, como ocurre en Medio Oriente.
El tercero: los países árabes y musulmanes, salvo Egipto, Jordania y Turquía (que no es árabe pero sí musulmán), nunca abandonaron su política de mantener a los refugiados palestinos como parias.
El objetivo era sostener y potenciar el conflicto. Esta estrategia cruel e inconducente consolidó los argumentos israelíes.
Para tener una idea de lo que hablamos: la UNRWA (agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos en Medio Oriente) suma 860 mil refugiados palestinos. Más de cuatro millones son sus descendientes en la actualidad, según los registros de la ONU. Organizaciones propalestinas llevan la cifra a más de seis millones.
Están repartidos entre Líbano (436.500, sin ciudadanía y sin derecho a trabajar en muchas actividades), Siria (486.900), Jordania (1.979.500, la mayoría tiene ciudadanía jordana), Cisjordania (727.400) y Gaza (1.167.500).
No alcanza el espacio de esta columna para exponer en detalle responsabilidades y oportunidades perdidas, pero está claro que esta no es una película de buenos y malos.

