Tras el ataque, sigue la restricción de datos
Los servicios de seguridad de Nueva York difuminaron algunas imágenes en servicios como Google Maps.
En un recorrido virtual por el estado de Nueva York con Google Maps pueden verse imágenes borrosas. Al ampliar una vista tomada por satélite, lo que parece ser el contorno muy bien definido del aeropuerto cerca de la ciudad de Buffalo se disuelve hasta convertirse en una mancha indistinta. En vez de autos se ven manchas de color en el estacionamiento principal (ver Canal especial sobre el 11-S).
Unos 225 kilómetros hacia el sureste, la misma borrosidad esconde imágenes de la cárcel Elmira cerca de la frontera con Pensilvania, al igual que el laboratorio de investigación atómica en Schenectady, cerca de la capital del estado, Albany.
Las alteraciones no son el trabajo de un hacker, sino de los servicios de seguridad de Nueva York, que intentan evitar otro ataque terrorista como el del 11 de septiembre de 2011.
Inconsistencias. Mientras el país trabajaba apresuradamente para anticipar los próximos blancos, se realizó una limpieza generalizada de información disponible al público que súbitamente fue percibida como una posible fuente de datos para terroristas.
Pero también surgieron inconsistencias inexplicables, según una revisión realizada por The Associated Press. Por ejemplo, se ordenó a los pilotos privados no volar sobre reactores nucleares, pero no se les permitió conocer las ubicaciones de esas plantas.
Todo fue producto del temor de que fragmentos de información, al parecer inocentes, pudieran ser explotados para planificar un atentado. Si las autoridades no tenían certeza en torno a qué tipo de información podría ayudar a un terrorista, optaban por mantener secreto todo lo posible. Si no era posible conservar algo completamente secreto, intentaban volverlo difícil de obtener.
Datos "sensibles". Entre la información que se consideraba sensible no estaban solamente las coordenadas de las plantas nucleares del país, o las ubicaciones de inventarios masivos de sustancias químicas peligrosas, o mapas detallados de gasoductos potencialmente explosivos. También se restringió el acceso del público a cosas que los ciudadanos comunes podrían necesitar saber: los planes de emergencia para edificios públicos en Idaho, copias de planos de edificios en Delaware y los resultados del análisis del agua potable en Texas.
Los esfuerzos a veces han intentado desafiar una realidad de la época de Internet: una vez que algo es de conocimiento público, es casi imposible volver a hacerlo privado.
Críticas. Los críticos que piensan que el gobierno se inclinó demasiado hacia el secretismo, particularmente en los años siguientes a los atentados del 11 de septiembre, no creen que toda la información debería estar disponible. Más bien argumentan que en demasiados casos se decidió esconder información que era importante para la ciudadanía.
"El secretisimo socava todo el sistema de deliberación democrática y es fundamentalmente contrario al tipo de sociedad con la cual estamos todos comprometidos", dijo Steven Aftergood, quien dirige el Proyecto de Secretismo Gubernamental en la Federación de Científicos Norteamericanos.
Otros argumentan que el gobierno se ha desempeñado con una transparencia admirable durante la guerra contra el terrorismo, en especial en comparación con otras épocas de guerra, cuando la censura era rutinaria.
Mapas. Es interesante estudiar los mapas en Internet porque, aunque millones de personas los usan todos los días para viajar del punto A al punto B, también pueden ser utilizados por terroristas y otros criminales.
Evidencia introducida durante un juicio en Nueva York por terrorismo reveló que los acusados usaron el software de mapas de Google en un complot fallido para destruir tanques de combustible en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy. En un caso aparte, un miembro de un grupo que utilizó aviones pequeños para trasladar drogas desde Canadá al norte de Estados Unidos dijo que usó los mapas de Google para localizar vallas y cámaras en centenares de aeropuertos pequeños.
Lo que queda menos claro es el argumento detrás de otras decisiones de mantener secreta información que anteriormente era del conocimiento público, o información que ya es pública a través de un medio y no en otros.
Por ejemplo, después del 11 de septiembre, una causa de preocupación era la red de ductos subterráneos del país, que si se rompen pueden provocar grandes incendios generados por propano o gas natural. Aunque algunas empresas de servicios mantuvieron por un tiempo el acceso del público a sus mapas, el ingreso al Sistema Nacional de Mapas de Ductos fue restringido casi inmediatamente, y así permanece en la actualidad.
Eliminar datos o no, esa es la cuestión. ¿Qué pasa entonces con los servicios gratuitos que ofrecen imágenes detalladas tomadas por satélite o aviones, como los de Google, Bing Maps de Microsoft y MapQuest? El argumento a favor del secretisimo es que un atacante podría usar las imágenes para localizar cosas no visibles desde la calle, como rejillas de ventilación o distancias entre edificios.
Una revisión de lo que está en Internet, sin embargo, revela lo incoherente que puede ser el esfuerzo por esconder la información.
Las imágenes de satélite de la terminal del aeropuerto de Buffalo, la prisión de Elmira y el laboratorio atómico cerca de Albany son borrosas en Google. Sin embargo, si se hace una búsqueda en Bing Maps, las imágenes se ven claras porque el sitio no utilizó mapas del gobierno de Nueva York.

