Temas del día:

Típico: después de fracasar, hay que reprimir

Mientras el mundo todavía trata de dilucidar cuál es la extensión de la represión de la protesta social en Venezuela, el bazar de las interpretaciones sobre lo que sucede en ese país muestra una oferta inagotable.

17 de febrero de 2014 a las 05:00 p. m.
Redacción La Voz
Típico: después de fracasar, hay que reprimir

Mientras el mundo todavía trata de dilucidar cuál es la extensión de la represión de la protesta social en Venezuela (informes periodísticos televisivos como los de Últimas Noticias dejan ya pocas dudas sobre su existencia), el bazar de las interpretaciones sobre lo que sucede en ese país muestra una oferta inagotable. Uno de los enfoques más fundados conocidos en las últimas horas es el del periodista Boris Muñoz, en el sitio prodavinci.com. Para Muñoz, Venezuela entró en un "punto ciego", donde se puso "fin a la política". La puja por el liderazgo de la oposición ha llevado a que una porción de ella, liderada por María Corina Machado, entre otros, se lanzara a movilizarse pidiendo "la salida" del presidente Nicolás Maduro. El sector busca, claro, disputar el liderazgo opositor de Henrique Capriles, que se negó a sumarse a esta carrera por ver quién es el más opositor.Explica Muñoz que los manifestantes han terminado por darle a Maduro la excusa para intensificar la criminalización de la protesta, incluyendo un giro de tuerca a la censura que ya ni siquiera permite saber bien qué está pasando en Venezuela. Hasta aquí Muñoz.Si su interpretación es correcta, Maduro debe haber rogado por este regalo de la oposición no caprilista, porque la administración chavista parece no tener ya nada que ofrecer: En el último año, el Banco Central de Venezuela aumentó la base monetaria en 74 por ciento. Al obvio resultado de la inflación (la más alta en América hasta que Argentina dejó de mentir la suya), Maduro respondió con más controles de precios. El resultado ha sido más desabastecimiento. El índice que mide el Banco Central de Venezuela arrojó en enero 26,2 por ciento de escasez, un récord. Maduro ha respondido obligando a los comercios a vender a punta de bayoneta y con amenazas de mayores estatizaciones, pese a que buena parte del desabastecimiento obedece al pésimo desempeño de las principales unidades productivas del país estatizadas en años anteriores por Hugo Chávez. Imaginen quién puede invertir en estas condiciones, que llevan años. Consecuencia: hubo que importar cada vez más. Es noticia en los diarios la llegada de contenedores de café, por ejemplo, entre otros productos que ese país debería estar exportando. Hasta nafta se importa. Venezuela exporta crudo, pero no invirtió lo suficiente para refinar su propio consumo. La prolongación y agravamiento de este esquema derivaron en un panorama financiero acuciante para Maduro, que no ha dejado de perder reservas. Ya entró en una especie de default cuando hace unas semanas ofreció a las aerolíneas petróleo en lugar de las divisas que estas normalmente cambiaban por los bolívares cobrados a los venezolanos. En el trasfondo, está el océanico fracaso económico del bolivarianismo, que puede ejemplificarse tomando sus propios megaplanes incumplidos. En 2005, Chávez anunció –con la pompa típica del aprendiz de soplador de botellas– el plan "Siembra Petrolera", según el cual en 2011 Venezuela produciría 5,8 millones de barriles diarios. En 2013 no llegó a los 2,8 millones. En la década del petróleo a 100 dólares el barril, el chavismo logró que Venezuela ya no pueda extraer suficiente crudo para financiar las aventuras del delirio mesiánico.