Temperatura y entusiasmo divergentes
Voces entre el calor de la tarde, urgencias de fin de año, el clima prenavideño y un menguado interés electoral.
"Yo no voy a ir a votar porque con 41 años nunca voté en mi vida”, dice Mario, mientras le pesa a una señora dos kilos de chirimoya. “Si usted puede, escriba en Argentina que (Michelle) Bachelet, que seguro va a ganar, tiene que darles una respuesta a los vendedores ambulantes de frutas y verduras”, agrega. Mario dice que en cada gobierno ha tenido que lidiar con los “pacos” (carabineros) y nunca dejó de trabajar decentemente, pero que no cree en los políticos y por eso no votó ni lo hará.
Iván, en cambio, estudiante y empleado con sus 26 recién cumplidos, cuenta que no votó en primera vuelta, pero lo hará mañana, por primera vez, por la expresidenta, y que en su casa (de la zona de Ñuñoa) “todos son de Bachelet”.
Dentro del quiosco que exhibe las tapas serias de El Mercurio y La Tercera, y las sátiras de The Clinic , Andrés, de 63 años, dice que no irá a votar porque su candidato (el de la primera vuelta cuya identidad no revela) no pasó al balotaje.
“En la política soy como en el matrimonio. Me caso una sola vez y para toda la vida”, expresa aún más enigmático el quiosquero mientras despacha un atado de Pall Mall a un cliente que se suma al minidebate.
“Yo todavía no sé si la votaré”, dice Oscar, de 54 años, dueño de una tienda cercana, en alusión a Bachelet.
“En noviembre voté al ME-O (Marco Enríquez Ominami) porque Bachelet me defraudó con lo del Transantiago (sistema de transporte metropolitano) y ahora no sé si iré. Pero a (Evelyn) Matthei, ni soñando”, aclara.
En un puesto de tejidos artesanales, Cecilia canta en cambio orgullosa su voto por Bachelet “porque es lo mejor que le puede pasar hoy a Chile; que vuelva”. A su lado, Miriam no parece coincidir con su juicio pero sí con su pronóstico: “Este domingo gana Michelle y la Nueva Mayoría”.
En el calor de la tarde, el centro santiaguino se puebla de voces y ruidos, pero da la sensación de que a los que se inclinan por Matthei o creen en su triunfo hay que buscarlos en otras comunas cercanas, más allá de Providencia o el acomodado sector de Las Condes o Vitacura.
En una callecita situada a la vuelta de donde Bachelet tendrá mañana su búnker y pronunciará, si no hay sorpresas, su discurso de victoria, tres chicas rapean e improvisan mensajes de protesta. La gente pasa y las mira. A ellas no parece importarles nada.
Les juega en contra
La idea de que Bachelet es la ganadora irreversible puede hacer que sus votantes no crean tan importante sufragar. Otro tanto podría ocurrir con electores de Matthei, si la consideran de antemano derrotada.

