Su nombre no está escrito, pero...
Ni Maduro ni Capriles han podido (ni querido) prescindir de las referencias a Chávez. Marcelo Taborda.
Será la primera elección presidencial en Venezuela, desde su llegada al poder en diciembre de 1998, en la que el nombre de Hugo Rafael Chávez Frías no aparecerá en las boletas como uno de los aspirantes a habitar el Palacio de Miraflores.
Sin embargo, la imagen, la figura y el nombre de quien murió el pasado 5 de marzo siguen siendo enarbolados como bandera por el candidato oficialista y presidente encargado, Nicolás Maduro, a quien el propio exmandatario proclamó como su heredero en diciembre, antes de partir por última vez hacia Cuba. Pero también la oposición, abroquelada en la Mesa de Unidad Democrática detrás de la candidatura de Henrique Capriles Radonski, aludió de modo recurrente al fallecido gobernante para contraponer su figura con la de un Maduro a quien endilga inexperiencia, cuando no incapacidad, para ponerse al frente de un país que ya no tiene a su carismático caudillo.
Con cruces retóricos de alto voltaje en la precampaña y apelaciones no exentas de misticismo que siguieron ayer, en el primer día de proselitismo formal hacia el 14 de abril, ni Maduro ni Capriles han podido (ni querido) prescindir de las referencias a quien era destinatario de devociones y rechazos. Al fin y al cabo, las pasiones a favor y en contra que Chávez despertaba no se acabaron con el traslado de sus restos al Cuartel de La Montaña, tras 10 días de multitudinario adiós y un funeral de Estado que concentró a inusual cantidad de dignatarios.
Chávez, además de la elección de diciembre del ’98 refrendó su cargo en 2000, 2006 y 2012 y en el referéndum de 2004. En su última batalla en las urnas, el 7 de octubre pasado, derrotó a Capriles y ganó el derecho a un nuevo mandato de seis años que su enfermedad abortó. Ese mandato volverá a estar en juego en 11 días.
La campaña formal se inició ayer con Maduro en Sabaneta de Barinas, el terruño natal de Chávez, donde el presidente encargado visitó a hermanos y otros familiares de su mentor y dijo haber sentido la presencia espiritual de su comandante a través de un pajarito que revoloteó y silbó a su lado mientras oraba en una pequeña capilla. Más allá de la curiosa alusión del candidato oficialista a la supuesta bendición recibida del ave, Maduro cargó contras sus rivales y auguró una victoria chavista “sobre las fuerzas del mal, sobre las fuerzas de la oscuridad” que “garantizará la continuidad de la revolución bolivariana”.
Por su lado, Capriles, se trasladó al oriente venezolano tras una caminata nocturna entre municipios caraqueños con la que el lunes denunció la inseguridad, principal preocupación social según sondeos. Al igual que en Semana Santa, el candidato opositor pareció exagerar gestos de católico practicante, fotografiándose con imágenes de santos y cristos y un discurso en que sentenció: “Dios le ha dado la oportunidad a los venezolanos de elegir entre la vida y la muerte o entre una vida tranquila y un país sumido en la violencia”.
Lo exiguo de la campaña hace prever que la verborragia de los dos principales candidatos (los otros cinco no sumarían en total el uno por ciento de votos) se inflame cada vez más. Aunque ni a Maduro le sentó bien tratar de imitar inflexiones o estilo personal de su líder desaparecido, ni Capriles sacó réditos de sobreactuar desconfianza sobre la fecha de la muerte de Chávez y otros puntos por los que debió luego pedir disculpas a los deudos del exgobernante.
Para revertir la ventaja que las encuestas conceden hoy a Maduro, Capriles necesita sucesos que sacudan el escenario en el poco tiempo que queda hacia las urnas. Ayer un diputado de la MUD acusó al oficialismo de intentar usar a las fuerzas armadas para ejercer presión sobre votantes. El presidente encargado dijo que la denuncia buscaba dividir a los militares.
En el cambio inicial de golpes de efecto, el oficialismo difundió mensajes de apoyo explícito a Maduro del expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva. Spots de entre 49 segundos y dos minutos, con el sello del marketinero político João Santana, invitan a votar por el exchofer.

