Sin pelos en la lengua
Si por algo se caracterizó Hugo Chávez fue por una capacidad de palabra privilegiada. Hizo gala de esa facilidad constantemente, sobre todo en su programa televisivo “Aló, Presidente”.
Pero cuando más se lucía era cuando hostigaba a sus enemigos internos y externos.
No sólo Estados Unidos, y particularmente George W. Bush, recibieron su munición verborrágica, también los diferentes medios no oficialistas (que atacaban o respondían al presidente en iguales o peores términos), la clase alta venezolana (acusada con y sin razón de todo tipo de conspiraciones) y la Iglesia Católica. “No transitan el camino de Cristo. Están del lado de los ricos”, apostrofó a esta última alguna vez.
Así fue por la vida y las presidencias, arengando a seguidores y despotricando contra detractores en una estrategia divisionista que fue quizá su peor pecado. Con su innegable carisma y el poder de los petrodólares podría haber prescindido de ese camino.
Diccionario chavista
Escuálidos: uno de los calificativos con que aludió a opositores.
Pitiyanquis: similar al mote anterior, aunque usado en una etapa posterior.
Majunche: equivalente a la nada, insignificante; así llamó en la última campaña a su rival, Henrique Capriles Radonski.

