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Sin estado de bienestar

España afronta un ajuste riguroso para evitar sufrir más por la crisis griega. Ser europeo tiene sus beneficios, pero ahora es tiempo de pagar los costos. Alejandra Conti.

16 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Sin estado de bienestar

Las medidas para paliar la crisis griega no pudieron evitar el efecto dominó que empezó en el sur y que amenaza al norte de Europa.

El paquete de rescate que fue recibido como la panacea cuando fue anunciado no evitó que las bolsas siguieran cayendo a lo largo de la semana que pasó. Un reflejo de que la situación es más profunda, grave y extendida de lo que parecía.

Grecia debió aceptar que su economía prácticamente sea dirigida desde Bruselas, lo que no evitará un futuro destinado a pagar deudas.

Portugal ya llevaba adelante un plan de ajuste y lo ha acentuado aún más.

Francia anunció el congelamiento de varios beneficios sociales; el gobierno italiano anunció sacrificios para todos ("Inclusive para la clase política", según precisó ayer un ministro) y hasta Alemania prevé aumentar los impuestos.

Afuera de la zona euro, pero afrontando también una deuda de temer, Gran Bretaña estrena gobierno, el de una inédita coalición que primero que nada verá qué hacer con el déficit que hereda.

España, con el 20 por ciento de su población activa desempleada, afronta particulares dificultades para imponer el ajuste. A pesar de las diferencias estructurales que la separan de Grecia, todos los dedos la apuntaban como candidata próxima al desastre.

Antes de que llegue lo peor, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero anunció un programa de ajuste severo, que fue inmediatamente rechazado por los sindicatos.

Unos dos millones y medio de empleados públicos verán rebajados sus salarios en un cinco por ciento. Para funcionarios de mayor jerarquía el recorte pude alcanzar el 15 por ciento.

No se salvan jubilados ni mileuristas (trabajadores, en general jóvenes, que cobran mil euros). A estos últimos se les congelarán los salarios, al igual que a los jubilados que perciben el mínimo.

Pero los principales afectados serán quienes reciben planes sociales: seguro de desempleo y subsidios, principalmente.

Hoy, la red de seguridad social que siempre envidiamos a los países en serio y que mantiene la pobreza a raya está amenazada.

El problema va más allá de los subsidios; es toda una línea política que hace de la contención a los sectores más vulnerables un bien a prescindir, pero con reservas. Porque las preguntas que se hacen los españoles y el resto de los europeos es ¿cuánto se puede ajustar sin congelar la economía? ¿Hasta qué punto se puede afectar el crecimiento, que es la clave de la estabilidad?

El modelo de bienestar social europeo requiere de economías fuertes; si no, no hay cómo sostenerlo.

No muchas opciones. Ante este panorama que todavía no se ha estabilizado hay dos posiciones enfrentadas, la que reclama una mayor integración, política, sobre todo, para que el gobierno de la UE tenga mayor control sobre el comportamiento fiscal de los países miembros, y la de quienes sostienen que atar algunas economías al euro fue la causa principal del desastre.

Los primeros basan sus argumentos en la necesidad de que los gobiernos actúen responsablemente, aunque sea a la fuerza. Los segundos, que no puede ser que un pequeño como Grecia arrastre a toda la UE a la crisis.

El plan de rescate de 750 mil millones de euros, una solución a la americana, habla de un proyecto euro que reclama integración política, además de monetaria.

Sin el rescate, todo el sistema podía contagiarse y caer.

Así como en Estados Unidos la solución fue salvar a los bancos y financieras (los culpables de la crisis), en Europa hay que salvar a países que no siempre se comportaron responsablemente.

Hasta los más duros saben que, peor que la UE, es el gobierno de los mercados, esa "manada de lobos", como los describía días atrás el ministro de Finanzas de Suecia, Anders Borg. Suecia está fuera de la zona euro y se niega a financiar el rescate. "Nuestros contribuyentes no tienen por qué financiar a griegos que se jubilan a los 40 años", explicó Borg.

Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, dijo ayer que esta crisis es "la peor desde la Primera Guerra Mundial".

"Lo que necesitamos es un salto cualitativo de la supervisión mutua de las políticas económicas en Europa", agregó. En otras palabras, que Grecia, o cualquier otro, no tengan la posibilidad de actuar irresponsablemente hasta llegar al borde del precipicio; que haya políticas supervisadas por la UE. En síntesis, que pertenecer tenga sus beneficios, pero también sus costos.