Río de Janeiro está llena de fe y vigilancia
La ciudad es rastrillada por cielo y tierra. Millones de jóvenes de todo el mundo colman la ciudad y la llenan de color. Preocupación por los reclamos callejeros. Julián Cañas, enviado especial a Río de Janeiro.
En la primera impresión, esta ciudad impacta y le contiene la respiración al visitante desprevenido. Las imágenes del Corcovado, el Pan de Azúcar y las playas interminables que fueron reproducidas en millones de postales en todo el mundo convirtieron a Río de Janeiro en una de las capitales del turismo universal (ver Infografía).
Sin embargo, por estos días, esas bellezas naturales y la alegría de su gente se ven salpicadas por uniformes azules y verdes. Más 25 mil efectivos, entre Ejército y policías, ensombrecen un poco el encanto de esta ciudad que cobija a más de ocho millones de personas, pero que cada año se alimenta con la llegada de turistas de todas las latitudes.
La popularmente conocida como “Río, ciudad maravillosa”, se preparó con su mejor marco para recibir uno de los primeros acontecimientos que la pondrán en la escena mundial. Al 28° Encuentro Mundial de la Juventud que arranca mañana se sumarán el Mundial de Fútbol el año próximo y las Olimpíadas, en 2016.
El navegante portugués Gaspar de Lemos, que en 1502 fundó esta ciudad, tal vez jamás pensó que 511 años después sería el centro de eventos multitudinarios y difíciles de olvidar.
La serpenteante playa de Copacabana, una de la más grandes y populares, es uno de los centros de atención para los jóvenes de todo el mundo.
La avenida Atlántica es un hervidero de peregrinos de todos los orígenes. No hablan todos el mismo idioma, pero se entienden a la perfección. La confraternidad parece un lenguaje común a todos.
El imán del papa Francisco los trajo expectantes hasta acá, con la ilusión de que en esta ciudad fascinante alumbre a una nueva Iglesia Católica: más moderna, austera, solidaria y atenta a los cambios sociales.
Precisamente los reclamos callejeros que se están produciendo han generado preocupación en el gobierno brasileño y en todos los países latinoamericanos, entre los cuales Argentina no es la excepción.
La militarización de las calles de Río es una señal de que algo no anda bien en este país, que hace varios años parecía que marchaba en el rumbo correcto. La belleza del paisaje y el calor humano de los brasileños no alcanzan para ocultar una realidad de tensión social que se palpa en las calles.
Parece una ciudad sitiada por uniformados, que la recorren por aire y tierra. Mientras el Ejército y la Policía se dejan ver en las calles, el operativo incluye helicópteros que tratan de seguir desde arriba el pulso de los acontecimientos.
Pero Río se las arregla para seguir siendo en este contexto la “ciudad maravillosa” que todos conocen. Aunque más no sea por esa postal ajada del Corcovado o el Pan de Azúcar que alguna vez trajo algún pariente o amigo.
Cordobeses
Peregrinos. Según fuentes de las distintas diócesis de Córdoba, más de 1.500 jóvenes cordobeses viajaron a Río de Janeiro para participar de las jornadas que encabezará el papa Francisco. La mayoría de ellos viajaron en ómnibus e hicieron una escala en Porto Alegre, donde realizaron tareas religiosas.

