Rebeldes no dejan las armas en Ucrania
Pese al acuerdo alcanzado el jueves en Ginebra, milicianos prorrusos se resisten a rendirse en Donetsk. Reclaman el desarme de los grupos nacionalistas de ultraderecha. Washington advierte de consecuencias a Rusia si no evacua a separatistas de suelo ucraniano.
Kiev. Las milicias prorrusas de Donestk, en el este de Ucrania, exigieron ayer al gobierno central proeuropeo de Kiev que dimita como condición para que ellos desalojen edificios gubernamentales y se negaron a entregar sus armas, como había sido acordado el jueves en Ginebra.
Uno de los líderes de los separatistas, Denis Pushilin, afirmó que estaban de acuerdo con que deben desalojar los edificios, medida acordada por Moscú y Kiev, bajo los auspicios de Estados Unidos y la Unión Europea (UE), en la primera reunión celebrada para solucionar la crisis de Ucrania.
“Pero antes (el primer ministro Arseni) Yatsenyuk y (el presidente Oleksandr) Turchinov deben marcharse de los edificios que ocupan ilegalmente desde su golpe de Estado”, subrayó Pushilin, cuyos subordinados tiene copadas las instalaciones de la administración regional de Donetsk.
Estados Unidos rechazó las declaraciones de los separatistas y subrayó la “responsabilidad de Moscú” en que se cumpla lo acordado en Ginebra.
“Rechazamos absolutamente las declaraciones de los separatistas de Donestk”, dijo la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, quien además subrayó el “desacuerdo” de Washington con las afirmaciones de los prorrusos acerca de que el cambio de gobierno en Kiev fue un golpe de Estado.
El acuerdo alcanzado el jueves en Ginebra establece también el desarme de los separatistas de Donetsk, ciudad industrial que se rebeló contra Kiev después de que Crimea se anexó a Rusia. Sin embargo, los prorrusos sostuvieron que no tenían la menor intención de deponer sus armas.
“Primero es Kiev la que debe desarmar a Pravy Sektor (movimiento nacionalista ucraniano paramilitar), a la Guardia Nacional y a las otras formaciones ilegales”, dijo uno de los voceros insurgentes.
Ucrania, cuyo gobierno no es reconocido por los rebeldes, y Rusia establecieron el jueves en Ginebra lo que fue visto como los primeros pasos hacia una distensión tras un mes de enfrentamientos.
El sorpresivo acuerdo, respaldado por Estados Unidos y la UE, alivió la tensión, pero no parece garantizar una salida estable a largo plazo.
Amnistía
El primer ministro ucraniano, Arseni Yatsenyuk, dijo al Parlamento que el gobierno elaboró un proyecto de ley para ofrecer amnistía a quienes estén dispuestos a dejar las armas y dejar los edificios ocupados.
El jefe del gobierno ucraniano subrayó que ninguno de los participantes en la reunión de Ginebra, con excepción de Rusia, reconoció la anexión de Crimea por Moscú, medida adoptada tras un referendo que apoyó masivamente la secesión.
Mientras tanto, Kiev metió más presión al restringir la entrada a su territorio ucraniano de ciudadanos rusos, alegando que intenta evitar que los insurgentes reciban refuerzos.
Según el portal ruso Gazeta.ru, que cita a servicios fronterizos, unas 70 personas procedentes de Rusia no pudieron ingresar ayer a Ucrania.
La Cancillería rusa, evidentemente molesta con la medida, demandó explicaciones concretas al gobierno de Kiev y aseguró que estaba estudiando “medidas de respuesta”.

