¿Quién podrá olvidarse ahora de los armenios?
El ejemplo transmitido por Armenia no será fácil de soslayar cada vez que alguien alce la voz contra un crimen de lesa humanidad.
Rieron como esos chicos que se juntaban en el barrio a desandar las siestas sin urgencias ni otras obligaciones que las que imponían los viejos. Lloraron como adultos, de esos que saben que a las lágrimas no hay que soltarlas a cualquier hora ni por cualquier causa, pero mucho menos reprimirlas cuando hay motivo justificado para que sean derramadas.Fueron de un lado a otro, repasando el idioma que les enseñaron de niños sus ancestros, como una de las formas de asegurar que la llama de Armenia seguirá viva a 20 mil kilómetros al sudoeste de Tsisernagapert.Nombraron a cada comida por su nombre, aunque no siempre estuvieron de acuerdo en cómo escribirlo en castellano. "Porque nosotros hablamos el armenio occidental y acá, en Ereván, hablan el oriental", alegaban mientras día tras día se animaban a más, refrescando expresiones, modismos y gestos.Los cordobeses que vinieron a la tierra de sus antepasados, a la suya, una semana antes, preparaban ayer valijas cargadas de encargos, obsequios y objetos simbólicos para sus afectos, haciendo temer multas por sobrepeso en el periplo de regreso. Pero el mejor equipaje tras este viaje ya lo habían subido en sus almas y, aunque les ocupó la humanidad toda, no había "carga" sino alivio por haberse sacado una espina que tenían pendiente.Lo vivido en estos ocho días, siendo parte de homenajes junto a multitudes indescriptibles o en la intimidad de actos que respondieron a historias personales duras, marcadas por el Genocidio Armenio, se lo llevan consigo para siempre. Así lo sentirían anoche, a pocas horas de partir a Roma, vía Moscú, los cordobeses que llegaron a Ereván el 21 de abril. Así estarán antes de volver los que seguirán recorriendo unos días más Armenia, llegados antes o después desde Córdoba, Buenos Aires, Bariloche o cualquier otro punto de la Argentina por el que se desparramó la diáspora de este pueblo milenario y tantas veces perseguido. Imágenes en las retinas Ayer, el tiempo les regaló un día cambiante de sol y nubes en la capital de Armenia, donde los frecuentes bocinazos de los conductores no se condice con el mayoritario respeto hacia los peatones. Pasado el mediodía, chicos salidos de los colegios céntricos ganaban las calles cercanas a la Plaza de la República o buscaban colectivos, trolebuses o el metro más allá de las peatonales cercanas al Teatro de la Ópera. El Vernissage ofrecía sus productos a turistas, previo regateo que no siempre llegaba a buen puerto.Las imágenes se empezaban a agolpar entre quienes habíamos visto esta ciudad y sus alrededores conmovida por una recordación donde la memoria se ensambló con la vigencia de un reclamo. Recuerdo y exijo, es la consigna vigente en gigantografías que seguirán instaladas mucho tiempo más, junto a las flores de nomeolvides, que fueron símbolo mundial de la conmemoración.Cabe preguntarse cómo hará este pueblo para mantener encendido ese reclamo y acentuar sus presiones para que el Estado turco acepte por su nombre los horrores cometidos por el Imperio Otomano hace 100 años.También cómo contrarrestará su presente de dificultades que impulsa a jóvenes a buscar suerte en Rusia, el resto de Europa u otros destinos que ofrecen más posibilidades económicas.El sol se pone y algunas nubes no dejan ver el Ararat ni, en el otro lado, el Monte Aragac, convertido en el más alto de Armenia desde que la montaña bíblica quedó en manos de Turquía.Entre las imágenes de Ereván que se graban en las retinas están las de mujeres siempre elegantes y hombres que en sus atuendos no escapan de los colores oscuros.También los vestigios soviéticos, que se aprecian en mucho más que las estructuras cuadradas de edificios y monumentos que se yerguen en lo alto de las colinas. Las huellas de aquellos años se ven en costumbres ultraoccidentalizadas en algunos gustos musicales de los más jóvenes como reacción. También en el desamparo de muchos mayores, a quienes el capitalismo feroz que tanto dañó en la Rusia post soviética les pasó por encima.Ereván y Armenia quedan por estas horas atrás en lo geográfico. Sus impactantes imágenes, su ejemplo y sus emociones transmitidas en estos días no serán fáciles de soslayar cada vez que alguien alce la voz para condenar un crimen de lesa humanidad, un genocidio en cualquier parte.Al contrario de lo que un líder fanático expresó hace un siglo en Alemania para dar pie al Holocausto y después de todo lo vivido y sufrido por este pueblo, quién no se acordará en el futuro de los armenios.

