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Putin también sueña con la luna

En plena tormenta económica, Putin decidió intervenir, por primera vez, más allá de las antiguas fronteras de la Unión Soviética.

31 de octubre de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Putin también sueña con la luna

Las pretensiones de Putin llegan hasta la luna, literalmente. Rusia quiere dejar su huella en el blanco satélite y esta semana fijó una misión tripulada para 2029, seis décadas después de que Estados Unidos plantara su bandera con el alunizaje del Apolo 11. La nave rusa ya es diseñada y fabricada en Moscú. Tras vuelos de prueba en 2021 y 2023, el Kremlin volverá a poner al hombre en la superficie lunar dentro de 14 años. ¿Fabulará Vladimir con seguir al frente del Kremlin para ese entonces? El gobierno ruso sueña otra vez con la luna porque se siente preparado para ser protagonista de este mundo multipolar. Moscú se envalentonó después de gambetear la terrible crisis económica de los últimos años, desatada por la caída del precio de materias primas como el petróleo y el gas natural; por la ralentización del crecimiento de China, su segundo socio en exportaciones, y por las sanciones impuestas desde el exterior por la anexión de la península de Crimea, en 2014, y su constante apoyo a los secesionistas del este de Ucrania.En medio de esta tormenta económica, en vez de encerrarse en sus fronteras, Putin decidió intervenir militarmente, por primera vez, en un país que no formaba parte de lo que fue la Unión Soviética.Desde el 30 de septiembre, la aviación rusa bombardea suelo sirio a pedido del tambaleante y autoritario gobierno de Bachar al Assad, jaqueado por la Primavera Árabe primero, y por el sanguinario extremismo del Estado Islámico (EI) después.Estas bombas se suman a las que arroja la coalición de 60 países liderada por Estados Unidos, desde hace un año. Cráter sobre cráter, Siria se parece cada vez más al suelo lunar de los sueños de Putin. El negocio de las armas La intervención militar no sólo le sirve al Kremlin para volver a posicionarse en el escenario global y ayudar a su aliado Al Assad. Además, Moscú aumentará la producción de las fábricas de armamento, creará puestos de trabajo y le dará un envión a su recuperación económica. Y, como si eso fuera poco, le da la chance de renovar su viejo armamento. Son varios pájaros de un solo tiro. La decisión de Putin tomó por sorpresa a Barack Obama, quien acusa al ruso de no apuntar sus armas contra los terroristas sino contra zonas controladas por grupos opositores. Las bombas de Moscú ya dejaron 595 muertos, muchos de ellos civiles, afirman los opositores sirios. El ejército de Al Assad, en cambio, dice que destruyeron 1.623 objetivos de organizaciones terroristas. Cada quien da su versión, imposible de confirmar porque Siria es tierra libre de organizaciones humanitarias, periodistas y observadores internacionales. Todos huyeron ante el avance de los yihadistas y sus métodos brutales.Sin embargo, Obama no puso mucho énfasis en las acusaciones contra los cañonazos desviados de Moscú. Parece dispuesto a dejar que Putin realice el trabajo sucio. Pero al mismo tiempo anunció un cambio de estrategia: enviará por primera vez soldados al terrero para asesorar a los opositores al régimen. O sea, aceptó abrir el juego a nuevos actores, pero quiere estar un paso delante de todos. Otro jugador En este nuevo escenario, representantes de Estados Unidos y Rusia se reunieron ayer en Viena para dibujar el destino de Siria. La mesa de negociaciones, que aglutinó a una veintena de países, incluyó a una figura inusual: Irán. Hace apenas unos meses, nadie hubiera imaginado una partida que incluyera a todos estos jugadores. Teherán, aliada de Rusia y Siria, comenzó a ganar terreno en la arena internacional tras firmar el histórico acuerdo nuclear en julio. Y desde hace tiempo realiza un silencioso trabajo en suelo sirio, respaldando a Al Assad con armas y dinero. Ahora sólo oficializó sus intereses. Y Obama lo aceptó, como aceptó también los bombardeos de Putin. No puede permitirse ser el único perdedor de las guerras del siglo 21.