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Proselitismo hasta el final y otras rarezas

Pese a que la campaña no despertó el entusiasmo de hace cuatro años, no dejaron de llegar emails pidiendo votar por cada candidato. Enviada Especial.

07 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Proselitismo hasta el final y otras rarezas
En las iglesias también se vota. En Des Moines, Iowa, ciudadanos llenan sus boletas en un centro de votación instalado en la entrada de la Primera Iglesia de la Biblia Abierta (AP).

Frío y lluvia en Chicago. Fue una jornada electoral distinta a la que vivimos cuatro años atrás, cuando hasta el clima parecía aliado al triunfo de Barack Obama. (Ver Galería de imágenes).

El entusiasmo que se respiraba entonces no se repitió. Por una parte, las reglamentaciones son estrictas respecto de propaganda y cartelería y se respetan a ultranza. Ni un afiche, ni un volante, ni un papel que ensucie la ciudad. Sólo en los suburbios se podían ver banderas y carteles en los jardines de las casas. Los partidos pagan por ese espacio. Pero en el centro, nada.

Por otra parte, el hartazgo de la gente por lo que consideran fue una campaña demasiado larga y amarga se reflejaba en un cierto alivio de que por lo menos eso había terminado.

Habría que decir que casi había terminado, para ser más exactos, porque hasta las 17 de ayer, continuaba.

Las huestes de Obama seguían enviando mails pidiendo que cada uno convenza a por lo menos tres indecisos para que vayan a votar. En el caso de esta periodista, los mails pedían cosas como: "María, ya votaron 1.587 Marías en el estado de Illinois. ¿Conocés alguna más que no haya votado? Por favor, llamala y que vaya a votar".

Obama estuvo en su búnker de campaña, unas oficinas ubicadas en un enorme y moderno edificio en Prudential Place, en el centro, cerca del Lago Michigan y Grant Park. Allí agradeció a los voluntarios (militantes) por el esfuerzo realizado.

Romney siguió de campaña en varios estados y a la noche fijó su regreso a Boston para esperar los resultados.

En lugares insólitos. En la calle, el clima era más relajado. Si bien hubo filas largas en algunos lugares de votación, en el centro de Chicago todo parecía bajo control.

Los lugares de votación pueden estar, para nuestro punto de vista, en lugares insólitos: bibliotecas, centros comunitarios, clubes, oficinas públicas, hoteles, halls de edificios, locales comerciales, bowlings y hasta casas particulares.

Estuvimos en un centro de votación ubicado al 1.100 de avenida Michigan, una zona residencial. Sólo una bandera estadounidense en un cantero de la vereda indicaba que allí se votaba. En los cristales de la entrada del edificio estaba la cartelería oficial, con indicaciones en inglés, español y chino.

En el interior, los votantes esperaban sentados hasta que se desocupaba alguno de los escritorios (no hay cuarto oscuro) para llenar la boleta. Se trata de un papel de tamaño similar a una hoja A3, con las opciones para presidente, vice y legisladores, pero también para jueces y otros funcionarios públicos.

Una vez que se completa la boleta, se deposita sin doblar en una máquina similar a un cajero automático. Si hay disponible, se puede hacer todo el trámite electrónicamente, pero no todos los lugares de votación tienen máquinas.

Una mujer comentaba que en realidad nadie conoce a todos los candidatos que se postulan a juez en su distrito. “Salvo que hayan hecho algo como para salir en las noticias”, así que se vota según lo que el partido de cada uno indica.

Hablamos con Mariano Yagore y Rita Yagore, médico jubilado él y enfermera ella. Ambos son de origen filipino y acababan de votar por Obama. Encantados de hablar con alguien de Argentina (Rita conoce Buenos Aires), contaron que no se quieren imaginar siquiera lo que puede hacer Romney en el poder, sobre todo con la salud. “Quiere que los estados se hagan cargo de todo lo que es obligación del gobierno federal. Peor aún, que si los estados no quieren, que todo pase a manos de privados”, dice Mariano.

En otro lugar, el terciario Jones College, las clases seguían mientras se votaba en el hall de entrada. A la salida hablamos con Shakta Kaur y Larry Beck, un matrimonio de profesores de yoga. Votaron por Obama y aseguraron que Romney desarticulará en poco tiempo lo que se avanzó en materia económica y privatizará todo.

“Va a emprender una verdadera guerra contra las mujeres”, aseguró Larry en referencia a las posiciones conservadoras de Romney en materia de salud reproductiva y aborto. “Bueno, no es para tanto”, intentó moderar Shakta. “Sí es”, insistía él mientras se retiraban discutiendo ese punto.

Un periodista holandés intentaba encontrar a un votante de Romney. Había hablado con 20 personas, sin éxito. Apareció uno que prometía: alto, ancho, más bien gordo, rubicundo; el perfecto red neck . Pero no, él también había votado por Obama. Su explicación fue corta pero lógica: "Esto es Chicago".

Los recuerdos miden

Sector lucrativo. Figuras de Obama y Romney compitieron en estanterías de negocios de recuerdos hasta ayer, y sus ventas pueden ser un pronóstico del resultado final. Los recuerdos electorales son un lucrativo sector en el que tanto las campañas oficiales como los establecimientos de souvenirs, de Internet o los vendedores ambulantes encuentran un nicho de mercado cada cuatro años.