Perfume de mujer en la piel de un gigante
A tres semanas de las elecciones y con claras tendencias marcadas a favor de la candidata oficialista, Dilma Rousseff, la campaña apenas se ve en las calles y se juega más en la TV. Video.
Emviado especial a San Pablo, Brasil
La megalópolis se vacía de gente y de campaña por el feriado en el que Brasil evoca el 188º aniversario de su independencia. En San Pablo, centro económico y financiero de este país de casi 200 millones de habitantes, llueve ese día más que en los últimos dos meses y el escaso fervor preelectoral que evidencian las calles de las zonas más acomodadas parece contagiarse a las peatonales del centro Viejo. A más de mil kilómetros, en Brasilia, y bajo el rigor de una sequía que afecta a la que desde hace 50 años es capital política de esta nación de más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, Luiz Inácio Lula da Silva saluda a la gente que lo viva junto a su esposa, Marisa, desde la parte de atrás de un Rolls Royce descapotable en su último desfile del 7 de septiembre como jefe de Estado (al menos por los próximos cuatro años).Con una popularidad de casi el 80 por ciento y un capital político que amasó no sólo en estos ocho años en el Palacio de Planalto, el ex tornero mecánico pernambucano, que inició su vida pública como líder sindical en Sao Bernardo do Campo, dentro del litoral industrial y fabril paulista, no sólo aspira a salir el 1º de enero por la puerta grande, sino que quiere dejarle las llaves de la casa a la mujer que él mismo eligió para que se convirtiera en su sucesora y en la primera mujer presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Lo que parecía complicado meses atrás, cuando las encuestas aún daban arriba al gobernador de San Pablo y candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra, hoy es algo que en Brasil las encuestas abonan día a día y que analistas, políticos y empresarios parecen avalar como hecho casi consumado, a menos que ocurra una hecatombe que nadie avizora de aquí al 3 de octubre. "Dilma va a ganar y será por goleada, como la que ustedes le hicieron a España", nos dice Anizio, al volante de un taxi atrapado en un atasco de tránsito en la zona de Jardins."Parece todo definido", nos responde al recibirnos en su casa de Mirandópolis el columnista del diario Folha de Sao Paulo Clovis Rossi, quien en 2009 vaticinó que la ex ministra de Minas y Energía y jefa de Gabinete de Lula se perfilaba como su más probable sucesora. El campo de batalla. Con pocos actos masivos, que por lo general son encarados por el oficialismo (siempre y cuando cuenten con la presencia convocante del presidente, cuyo carisma conmueve a los más pobres y cuyas políticas no inquietan a los más ricos), la batalla previa a los comicios se libra en apariciones mediáticas y en los avisos que aparecen en TV en el horario dispuesto por la Justicia electoral. Allí, los números proselitistas se mezclan con cifras oficiales y se agigantan o disimulan según el interés pero, en cualquier caso, abonan un sentimiento mayoritario de que el país crece y se posiciona en el concierto internacional. Desde el gobierno se resaltan logros sociales y económicos que desde el primer mandato de Lula eran su bandera y que no sufrieron impacto serio pese a la crisis mundial. Más de 23 millones de personas sacadas de la pobreza, reza un spot , aunque un responsable de campaña del PT en Río Grande do Sul redondea esa cifra en 20 millones. Son 31 millones de nuevos integrantes de la clase media, arrecia la propaganda oficial, aunque desde la oposición se alegue que las consideraciones sobre clase media no deben medir sólo el hecho de que una familia haya incorporado una heladera o un televisor y no se midan otros índices como educación y acceso a salud.Desde Porto Alegre, un ex diputado petista nos exalta que, "durante la gestión de Lula, en el país se crearon 42 nuevas universidades, más que en toda la historia de este país".Pero un estudio reciente de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde) alertó de que Brasil aún está muy por debajo de la media de los países desarrollados con los que busca codearse, en indicadores de educación. Esto, a pesar de que el porcentaje del presupuesto nacional que dedica al área educativa subió en 2006 (antes del segundo mandato de Lula) al 16,1 por ciento, con respecto al 11,2 que asignaba en 1995 el primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Además, según la encuesta nacional de 2009 del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el contexto de crisis global no impidió que la renta siguiera creciendo, que aumentara el consumo y el crédito y se redujeran los índices de desigualdad, aunque los números en esta materia avergüencen todavía a escala mundial. También son cuentas pendientes el 8,9 por ciento de tasa de analfabetismo y los casi 8,5 millones de desocupados relevados por la misma "pesquisa". Otras cifras difundidas esta semana por diarios paulistas y cariocas, en cambio, mostraron que Brasil aparece tercero, detrás de China e India y por delante de Estados Unidos y Rusia, entre los países preferidos por multinacionales para instalarse. Los avisos de campaña se suceden en la televisión. En uno de ellos, Dilma contempla el horizonte hacia el Atlántico, mientras una voz en off vaticina el crecimiento de Petrobras y el país tras el hallazgo de las reservas de hidrocarburos en el llamado Pre-sal. Las imágenes de la candidata favorita se funden y confunden con las de Lula.La propaganda reza una consigna: la de convertir a Brasil en quinta potencia mundial para el año 2020. Es curioso, a nadie le parece una quimera. La música de fondo contagia; es obvio, es brasileña.

