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Pendientes de cada gesto y palabra

El Papa llega el sábado a una región sagrada para tres credos, donde religiosos y laicos, políticos y ciudadanos comunes estarán atentos a sus discursos y acciones.

21 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Pendientes de cada gesto y palabra

Es el primer destino exterior escogido por él y por eso hasta los pequeños detalles tendrán su impronta. Aunque con su recorrido evocará el peregrinaje que medio siglo atrás hiciera su antecesor Pablo VI, el viaje de Francisco por Jordania, Israel y Palestina tendrá aristas diferentes, propias de un mundo que ha cambiado, aunque aspectos de esa región sugieren lo contrario.

La decisión de Jorge Bergoglio de ser acompañado a Tierra Santa por el rabino Abraham Skorka y el referente musulmán Omar Abboud denota uno de los significados que el Pontífice quiere dar a su periplo entre el sábado y lunes próximos. Con sus amigos Skorka y Abboud, el Papa demostró armónica convivencia interreligiosa en Argentina y buscará proyectarla desde este “fin del mundo” hacia ese Medio Oriente cargado de recelos mutuos.

Pero no todos parecen dispuestos a acatar ese mensaje de pluralismo, si se repasan actos de vandalismo adjudicados a grupos radicales y ultraortodoxos judíos, para quienes el jefe de la Iglesia Católica no será bienvenido.

Parte de la religión

La razón de los últimos incidentes tiene que ver con las versiones difundidas días atrás por diferentes medios acerca de un supuesto acuerdo entre el actual gobierno de Israel y el Vaticano, que zanjaría a favor de este la disputa de dos décadas en torno al Cenáculo. El lugar, que desde tiempos de Santa Helena los cristianos identifican como el sitio donde Jesús presidió la Última Cena, es venerado también por los judíos, que ubican allí la tumba del rey David y que lo tuvieron como cobijo de rezos y plegarias hasta que en 1967 accedieron al Muro de los Lamentos, en Jerusalén.

Por si no fuera suficiente la disputa entre judíos y cristianos, una mezquita atestigua la presencia musulmana en el lugar. No es el único ejemplo de coexistencia de santuarios de diverso origen separados por escasos metros o levantados unos sobre otros, como símbolos de poder cambiante. En la Gruta de los Patriarcas de Hebrón, una fina pared separa una sinagoga de un templo musulmán, y en la ciudad vieja de Jerusalén, unos pocos pasos bastan para ir de la Explanada de las Mezquitas al Muro y de allí a la Iglesia del Santo Sepulcro, hitos que Francisco tocará en pocos días.

Pequeña inmensidad

Claro que lo que podría ser modelo de tolerancia, a menudo es la razón del conflicto. Disputas religiosas se trasladan a reclamos territoriales cruzados en un escenario tan pequeño en dimensiones físicas como inmenso en significados espirituales para los tres grandes credos monoteístas.

La Tierra Santa que visitará el próximo fin de semana Francisco es venerada como tal por tres religiones, cuyos fieles esperan saber cuáles serán los pasos y mensajes que dará este papa de los gestos sorprendentes.

Muchos esperarán definiciones políticas con las que fortalecer posiciones o debilitar las tesis del “enemigo”. La agenda de Francisco prevé 14 discursos en italiano y actos cargados de simbolismo junto al río Jordán, en Jordania; en la Iglesia de la Natividad de Belén y en la milenaria ciudad que Israel considera su capital indivisible, y los palestinos reclaman como capital de su futuro Estado independiente. Visitará campos de refugiados palestinos y de civiles que escaparon de un conflicto que ha dejado decenas de miles de muertos en Siria. También evocará a las víctimas del Holocausto en el 
Memorial Yad Vashem.

Serán días intensos en destinos separados entre sí por apenas un puñado de kilómetros. Menos de 10 se transitan desde Jerusalén hasta el sitio marcado como lugar del nacimiento de 
Jesús. Poco más de 70 recorre un taxi que se aborda en la Ciudad Vieja hasta Ammán, cuyas luces, en atardeceres diáfanos, se advierten desde Jericó.

La recorrida no insumiría mucho tiempo en paisajes cordobeses, pero esa región está salpicada de puestos de control, muros y fronteras calientes. Allí llegará Francisco el sábado, despojado de blindajes, según pidió. Todos estarán pendientes de él.