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Pasajero en tránsito; espionaje chapucero

Como con Assange y Manning, EE.UU. parece pretender tapar la gravedad de lo denunciado demonizando a quien reveló sus crímenes y pecados.

10 de julio de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
Pasajero en tránsito; espionaje chapucero

¿Qué secretos tendrá todavía por develar este "consultor tecnológico" que el pasado 21 de junio cumplió 30 años, y a quien se cree aún en la hasta ahora inexpugnable zona de tránsito del principal aeropuerto moscovita? La pregunta se la hace más de medio mundo y, entre otros mandatarios, la formuló la semana pasada el venezolano Nicolás Maduro, a modo de anticipo del ofrecimiento de asilo que su gobierno haría tres días después a Edward Snowden. ¿Será que el exempleado de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) o de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) permaneció bajo siete llaves oculto por Moscú, a la espera de un destino que le permita seguir filtrando lo que sabe sin limar la relación de Rusia con la Casa Blanca?Mientras Snowden demoraba en decantarse por alguna de las ofertas latinoamericanas de asilo (Venezuela, Nicaragua o Bolivia), en la región crecían las repercusiones del escándalo, de la mano de nuevos datos revelados al diario carioca O Globo por el periodista estadounidense Glen Greenwald, colaborador del periódico británico The Guardian y quien primero destapó la olla al publicar la entrevista que le concedió el extopo en Hong Kong. Según Greenwald, Brasil fue el más espiado de la región, pero las interferencias estadounidenses en las comunicaciones también incluyeron a México, Colombia y Venezuela, y, en menor medida, a Argentina y otros latinoamericanos. Lo primero que demostraron las filtraciones de Snowden, tras su periplo de Hawai a Hong Kong, y de allí a Moscú, es la indefensión de ciudadanos de todo el planeta frente al espionaje de los servicios secretos estadounidenses. Luego quedaron en evidencia las chapuzas de esas agencias a las que el exempleado arrepentido desnudó en su impunidad y también en su vulnerabilidad. Y cuando ayer se especulaba sobre el posible viaje de Snowden hacia Caracas, con escala en La Habana, en las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos el foco se centraba en la inadmisible conducta que cuatro gobiernos europeos tuvieron ante el presidente boliviano, Evo Morales, cuyo avión oficial en regreso a La Paz desde Moscú obligaron a desviar y retuvieron 13 horas en Viena. Este incidente dejó al descubierto otros despropósitos. España, Portugal, Italia y sobre todo Francia –que al mismo tiempo planteaba suspender un tratado comercial con Estados Unidos por el espionaje de Washington a quienes se suponen sus aliados del otro lado del Atlántico– se dejaron llevar por el "rumor" de que en la aeronave de Evo viajaba el extopo como polizón. El solícito accionar de los cuatro europeos y su coordinada respuesta indican que el "rumor" provino de los mismos servicios a los que Snowden ha eludido hasta hoy. Un par de días después de que la Unión de Naciones Suramericanas y Latinoamérica en bloque repudiaran el atropello a Morales como una afrenta a la región, trascendieron detalles de miles de millones de comunicaciones intervenidas en Brasil y en casi todos sus vecinos. Sin embargo, como en los casos del australiano Julian Assange (fundador de WikiLeaks asilado en la Embajada de Ecuador en Londres) o del soldado Bradley Manning (encarcelado en una prisión militar norteamericana), Estados Unidos parece pretender tapar la gravedad de lo revelado demonizando a quienes sacaron a la luz sus crímenes y pecados inconfesables.Si Snowden es asilado por Venezuela quizá se esfumen los incipientes intentos de normalizar relaciones blanqueados por el secretario de Estado John Kerry y el canciller Elías Jaua. Pero más grave sería que se esfume el derecho a saber cómo y por qué millones de usuarios de Facebook, Google, Microsoft, YouTube, AOL y otros sitios vieron su privacidad birlada por programas que, en manos de la CIA, la NSA o el FBI y so pretexto de la seguridad estadounidense, reflotan recelos de la Guerra Fría e ilustran una pretensión hegemónica nunca abandonada.