Para que no quede sólo en los discursos
Hacía mucho tiempo que una Asamblea General de las Naciones Unidas no generaba las expectativas. Marcelo Taborda.
Hacía mucho tiempo que una Asamblea General de las Naciones Unidas no generaba las expectativas que ha concentrado la que hoy comenzará por primera vez con el discurso de apertura a cargo de una mujer, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Una década atrás, los atentados del 11-S hacían presagiar años oscuros en el inicio del siglo, y los discursos bienintencionados del Nuevo Milenio, con ambiciosos objetivos lanzados con la mira puesta en 2015, parecían archivarse en medio de mensajes de estupor y promesas de venganza.En 2011, con medio mundo (el hasta ahora más poderoso) sumergido en la crisis económica y la histeria de las bolsas, y una porción del planeta (la más relegada de siempre) agonizando entre la sequía y el hambre, hay quienes esperan mucho más que solemnes discursos.Entre los que tienen mucho por decir están los árabes, que navegan entre una heterogénea "primavera", una guerra con activa injerencia de la Otan contra Muamar Kadhafi y una decidida iniciativa del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, de reclamar este viernes el reconocimiento formal de un Estado independiente. Cada uno de estos tres capítulos, tratados en la sede de la ONU, serán un desafío a la coherencia de un organismo de 66 años, u otra palpable evidencia de su doble rasero.También volverán a hacer oír su voz los países emergentes, que hace rato bregan por su espacio y por un trato más igualitario. Esa será la postura consensuada que adelantaron los gobernantes de una Latinoamérica que vive su propio florecer y pugna por reformas de fondo en las estructuras anquilosadas de una ONU que se quedó en el mundo de la posguerra, una mora que no es casual ni inocente. Los atriles de la Asamblea General están preparados para dar soporte a las palabras más importantes, aunque la burocracia y el esquema de poder reflejado en órganos como el Consejo de Seguridad pueden convertir en letra muerta cualquier planteo defendido con eco favorable en el recinto. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner (séptima oradora) cosechará quizá otro resonante aval a las reivindicaciones de nuestro país sobre las Islas Malvinas, mientras Gran Bretaña, uno de los cinco con poder de veto en el Consejo, prepara para el año que viene los festejos por los 30 años de una victoria que patentiza la prolongación de los vestigios coloniales de su imperio. Veto, es la palabra que más se oyó por estas horas en los pasillos de la sede neoyorquina de la ONU para el caso de que no se logre disuadir a los palestinos de buscar una declaración de su Estado al margen de las empantanadas negociaciones de paz con Israel. El presidente estadounidense, Barack Obama, intenta evitar ese extremo, que deslegitimaría cualquier intención de mediar en el futuro del convulsionado Medio Oriente. Y otra vez, la conformación del Consejo de Seguridad, como de tantas otras instituciones internacionales, políticas y económicas que deciden sobre el resto de los mortales del planeta, impone revisiones que apunten a resguardar la democracia en nombre de la cual se crearon. Nicolas Sarkozy ayer se lamentaba de que "este siglo 21 haya comenzado con tan malas noticias, como crisis financieras, políticas y de pobreza", sin aludir a la ofensiva militar de la Otan de la que fue principal impulsor en Libia y en la que los propios rebeldes anti-Kadhafi revelaron negocios sobre el petróleo como trasfondo. En las antípodas, Evo Morales, desde la Cuba sometida a un embargo, año tras año condenado en la Asamblea, abogaba "por una revolución en las Naciones Unidas".Comienza otra Asamblea y la mayor parte del mundo espera que ésta sea diferente y no se quede en mera retórica. Hace 11 años, el Primer Objetivo del Milenio instaba a "erradicar la pobreza extrema y el hambre", el Cuarto, a "reducir la mortalidad infantil". Hoy, lejos de la sede de la ONU, decenas de miles de niños han muerto y otros cientos de miles están en la lista de espera de la desolación en el Cuerno de África.

