Mucho más que un testamento político
Maduro lloró en un acto público. El gesto dio pie a quienes creen que la tarea conferida le quedará grande o que el carisma no es un bien transferible. Marcelo Taborda.
Cuando el presidente de Venezuela admitió con crudeza la posibilidad cierta de un desenlace fatal de la enfermedad que lo aqueja desde hace año y medio, hubo también un mensaje claro hacia distintos destinatarios. Fue Hugo Chávez, sin intermediarios ni exégetas interesados, quien dio su "opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total…" de que su canciller desde 2006 y vicepresidente desde el 10 de octubre, Nicolás Maduro, es quien debería encabezar el gobierno si él falta y ser elegido presidente, si fueran necesarios nuevos comicios.Las palabras, en medio del anuncio de una cirugía "impostergable", ratificaban la confianza en un hombre de perfil bajo y fidelidad probada, que lo acompañó como canciller en cada cumbre y estuvo con él en cada instancia crucial de su pelea contra el cáncer. Heredero legítimo. Y si bien Chávez había despejado incógnitas cuando –tres días después de ganar "la batalla perfecta" en las urnas, el 7 de octubre– eligió a Maduro como vice, lo del sábado fue una nominación contundente para zanjar disputas o aventar pretensiones de otros aspirantes a heredar un liderazgo popular difícil de endosar. Y es que el nombre de Maduro, exchofer del Metro de Caracas que acaba de cumplir 50 años, que estuvo siempre ligado a fuerzas de izquierda y a la revolución cubana y que comenzó su carrera política como dirigente sindical, para luego ser legislador, ministro y la voz de Venezuela cuando el presidente comenzó a faltar a citas internacionales por su salud, relegó a dirigentes de fuste. Entre ellos, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello; el exvicepresidente Elías Jaua y hasta el hermano mayor de Chávez, Adán, gobernador de Barinas, su estado natal.A los ojos de un periodista extranjero que apenas interactuó con él en una rueda de prensa en una sede caraqueña de su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en octubre, Cabello hacía honor a su fama de hombre rudo y tajante. Con 49 años y surgido de filas castrenses, participó junto a Chávez en el fallido levantamiento de febrero de 1992 contra Carlos Andrés Pérez.Ingeniero y político, el triunfo del Movimiento V República en diciembre de 1998 y la llegada de Chávez a Miraflores, a comienzos de 1999, marcaron el inicio de una larga trayectoria de Cabello.Ministro del Interior y Justicia o vicepresidente que por horas ejerció la presidencia para rescatar de la isla de La Orchilla y reponer en su cargo a Chávez, tras la fallida intentona golpista de abril de 2002, Cabello fue gobernador del estado de Miranda entre 2004 y 2008. Allí perdió la reelección ante el opositor Henrique Capriles, quien buscará otro mandato en las elecciones regionales que los 23 estados venezolanos realizarán el domingo. Equilibrio. Cuando Chávez "nominó" a Maduro, tenía sentado a este a su izquierda y a su derecha a Cabello, de gran influencia en las fuerzas armadas. Así, quien pareciera la contracara de las posiciones más conciliadoras de Maduro (que hace seis años estuvo en Córdoba por la Cumbre del Mercosur ampliado), será clave para abroquelar al partido. Más cercano al carácter de Maduro y también "relegado" por este en esa suerte de testamento político que el presidente adelantó frente a posibles contingencias inmediatas o a ocurrir en los próximos cuatro años, Elías Jaua sonaba también como potencial "sucesor".Pero a este sociólogo y exdocente universitario que el lunes cumplirá 43 años y que además de la vicepresidencia ocupó las carteras de Economía o Agricultura y trabajó en la Constitución de 1999, le asignaron la misión de enfrentar a Capriles por la gobernación de Miranda, segundo distrito más importante del país.Si Jaua derrota a Capriles, su nombre se potenciará y el reciente candidato presidencial de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) verá agrietado su liderazgo opositor que le reportó casi seis millones y medio de votos el 7-O. No faltarían entonces en la MUD quienes intentaran su propia jugada en caso de abrirse otra instancia electoral.Consciente de la responsabilidad conferida y acaso por la "lealtad más allá de la vida" que le juró a su comandante, Maduro lloró en un acto público. El gesto dio pie a quienes creen que la tarea conferida le quedará grande o que el carisma no es un bien transferible. Otra biblioteca de politólogos citaría el caso de Brasil, donde fue Lula quien designó a dedo y aupó a Dilma Rousseff como su sucesora en el Planalto, con los resultados hoy a la vista.

