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Más vale bueno por conocer

Por qué el Nobel de la Paz no fue a Malala Yousafzai, como se esperaba, sino a una organización casi desconocida: la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (Opaq). Desde 1997, se dedica a vigilar a los 188 países que firmaron la Convención para eliminar este tipo de armamento, como también a los nuevos adherentes.

13 de octubre de 2013 a las 01:32 p. m.
Redacción La Voz
Más vale bueno por conocer

El muy esperado Premio Nobel de la Paz fue otorgado a una organización que hace 20 años trabaja para eliminar las armas químicas. Desconocida para gran parte del público, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (Opaq, en castellano; OPCW, por sus siglas en inglés) fue fundada en 1997. El mismo año en el que entró en vigencia la convención sobre esa materia y es la encargada de supervisar el desarme químico en Siria.Además de esta tarea reciente, desde hace 20 años vigila que los 188 países que firmaron la convención destruyan sus arsenales químicos. Birmania, Corea del Norte, Sudán y Siria no firmaron nunca el tratado, como tampoco lo hicieron estados como Israel, Angola y Egipto. El Comité Nobel destacó el trabajo histórico que realiza la agrupación y la actual misión en Siria. En Damasco, hay 20 expertos de la Opaq y estuvieron bajo fuego durante la inspección, tras la represión en la que se habría usado gas sarín en agosto pasado. Siria no era firmante de la convención, pero accedió, tras la amenaza de Estados Unidos de un ataque militar, luego de ese episodio que causó cientos de muertos.El Comité Nobel levanta la puntería después de losbochornosos premios a Barack Obama y la Unión Europea.A las críticas que apuntan a que la acción de la ONG en Siria es muy reciente, la Opaq responde que con su trabajo ha contribuido a eliminar el 80 por ciento de los arsenales químicos del mundo.El premio puede parecer prematuro, si se considera sólo la actividad de este grupo en Siria, es cierto, pero es un recordatorio de que las armas químicas deben ser destruidas. Este es un aviso que deben escuchar los países que no son parte de la Convención, empezando por Israel, pero también Estados Unidos y Rusia. Cada una de estas potencias permite o alienta, según el caso, el armamentismo de sus aliados.En realidad, esta designación, en especial, respeta el espíritu con el que fue creado el premio. Claro que de la "abolición o reducción de los ejércitos", como pedía Alfred Nobel, estamos un poco lejos todavía. No fue para Malala Las expectativas de que el Nobel de la Paz fuera para Malala Yousafzai eran tan grandes que buena parte de los análisis de los medios internacionales apuntaban ayer a intentar determinar por qué no se lo adjudicaron y qué efecto puede tener el no-premio en su campaña a favor de la educación de las niñas. La imagen de la chica paquistaní es mucho más fuerte y omnipresente en el Hemisferio Norte que en nuestra región. Se entiende por la cercanía de Pakistán respecto de su excolonizador (Gran Bretaña), y de su actual principal aliado estratégico, Estados Unidos. Tal es su popularidad que se la puede comparar con una celebrity .Pakistán es un nombre de uso diario en Estados Unidos. Lo que sucede allí, al lado de Afganistán, determina si van más o menos soldados norteamericanos rumbo a esa guerra interminable, o cuánto dinero del Presupuesto se va a gastar en la guerra con drones . Peor aún, la alianza con Estados Unidos silencia los reclamos paquistaníes por las muertes de cientos de civiles por la acción de esos drones que envía el gobierno de Obama a la región. En el valle de Swat, el lugar de origen de Malala, la frontera entre los dos países prácticamente no existe. Los talibanes van y vienen de un lado al otro de la línea imaginaria del límite. Igual pasa con los drones (aviones no tripulados, destinados a uso militar en estos casos), pero también con civiles paupérrimos que no tienen un mejor lugar en el mundo para vivir. Muchos de ellos, incluso mujeres y niños, fueron víctimas de las armas a control remoto que se manejan desde lugares seguros a cientos o miles de kilómetros de distancia. Precisamente, de esto habló Malala en su reunión con Obama el viernes. Allí le dijo que invertir más en educación puede tener efectos más positivos que seguir enviando drones que matan inocentes. Esto fue publicado en un cable de la agencia de noticias AP, pero en el comunicado oficial de la Casa Blanca no figuran estas líneas. No debe haber sido el momento más cómodo de la reunión para el presidenteestadounidense.Es que los problemas de Pakistán, los más serios, tienen que ver precisamente con las acciones bélicas de Estados Unidos y sus aliados de Europa. En esto, la tarea de Malala recién empieza.¿Habría sido mejor para la joven paquistaní ganar el premio? Un millón de dólares no le vienen mal a nadie, pero ella tiene ya una enorme visibilidad. Cientos de famosos y no tanto aportan dinero a su fundación y, donde vaya, la esperan cámaras y micrófonos. Además, hubo casos, como señaló The Economist, en los que el Nobel de la Paz tuvo efectos negativos entre los connacionales de quienes lo recibieron. Por ejemplo, las norirlandesas Betty Williams y Mairead Corrigan Maguire (protestante y católica, respectivamente) que fueron premiadas en 1976. Desde ese momento, ambas mujeres y el grupo por la paz que lideraban sufrió un notable rechazo social, del que no se recuperaron. Fue similar el caso de David Trimble y John Hume, también por Irlanda del Norte, cuyos partidos políticos prácticamente desaparecieron del mapa después del premio. Como decíamos, es un camino largo el que la espera. Si es la líder natural que parece ser, esto recién empieza.