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Más emocional que racional

De una forma tan rotunda como enigmática, Brasil pasó del paraíso al infierno, sin escalas. La discusión actual gira en torno de cómo el país naufragó en una crisis económica y política.

12 de marzo de 2016 a las 12:05 a. m.
Redacción La Voz
Más emocional que racional

Esta es una historia que no deja lugar para limbos. De una forma tan rotunda como enigmática, Brasil pasó del paraíso al infierno, sin escalas. Hasta hace un puñado de meses, el gigante latinoamericano era ejemplo inevitable en toda discusión sobre gobiernos y políticas exitosas. Hoy, la discusión gira en torno de cómo el país naufragó en esta crisis económica y política que hace temblar a la región entera.Frei Betto tiene su hipótesis. El fraile dominico brasileño fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT), asesoró a Lula da Silva en su primer gobierno y coordinó el programa Hambre Cero. Pero después se alejó de la fuerza oficialista, al considerar que sus programas no eran emancipatorios, sino asistencialistas.Desde ese lugar privilegiado de testigo y crítico, Betto asegura que uno de los grandes errores de los 12 años de gobierno petista es que se priorizó el acceso de los brasileños a bienes personales, como automóviles y electrodomésticos, en vez de bienes sociales, como educación, salud, transporte y seguridad. "Se creó una nación de con­sumistas y no de ciudadanos. De ahí la rabia de amplios sectores que, sacrificados por el aumento de la inflación y el desempleo, ya no pueden comprar como antes", aseguró Betto en una entrevista publicada ayer.Según su visión, el PT no aprovechó sus años en el poder para politizar a la nación. Por eso, el debate actual es mucho más emocional que racional.La pasión brasileña es tan conocida como omnipresente. Brota a cada momento. La teatral forma en que Lula fue llevado a declarar la semana pasada, el sorpresivo pedido de prisión preventiva de los fiscales, los discursos del exmandatario en tono de campaña con dos años de anticipación, la amenaza del principal socio del gobierno de sumarse a las filas opositoras… todo está teñido de exaltación.Esa misma fogosidad empujará mañana a las calles a miles de personas.Unos se manifestarán para pedir la cabeza de la golpeada presidenta Dilma Rousseff, quien ayer aseguró ante los medios: "No tengo cara de alguien que vaya a renunciar". Otros saldrán a respaldar a la mandataria y a su padrino político, quien se vio devuelto con fuerza al centro de la escena política, justo cuando su partido más lo necesita.Así, la calle se volverá escenario y termómetro de un capítulo inédito en la historia brasileña.