Lula cierra un capítulo crucial de Brasil
Lula da Silva le entregará el sábado la banda presidencial a Dilma Rousseff. Se va con 83% de popularidad y certezas de continuidad.
Ya pasaron más de 12 años de aquella tormentosa tarde de octubre, en la que apareció enfundado en una austera campera a tono con sus antecedentes de líder sindical y su pelo aún húmedo por el aguacero que se abatía sobre San Pablo. No eran tantos los medios locales y muchos menos los extranjeros que se habían llegado en medio del temporal hasta la sede paulista del Partido de los Trabajadores (PT), en vísperas de la trascendente elección presidencial. Después de fustigar a los grandes medios y criticar la difusión de las encuestas que lo daban como perdedor por claro margen ante Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inácio Lula da Silva se dio tiempo para dialogar con los dos enviados cordobeses que estábamos en el lugar y avisar que seguiría peleando.Al día siguiente, Cardoso se impuso en primera vuelta como lo había hecho en 1994 y le infligió su tercera derrota en otros tantos intentos por llegar al Palacio del Planalto. La primera, la había sufrido en 1989 a manos de Fernando Collor de Mello. Después de tres intentos fallidos, no fueron pocos los que auguraron el final de su carrera política o al menos le bajaron el pulgar a sus apetencias de presidir el país más grande e influyente de Latinoamérica.Cuatro años más tarde, cuando el paradigma neoliberal estaba en franca retirada en la región, el ex tornero mecánico edulcoró su aspecto combativo, se mandó a fabricar un traje a medida y siguió la tónica de un PT que moderó el discurso para presentarse como opción de poder real. Y "la esperanza venció al miedo", según rezaba el eslogan acuñado por "marketineros" políticos como Duda Mendonca. Lula quedó en el umbral de la presidencia en la primera vuelta del primer domingo de octubre de 2002 y tres semanas más tarde, como festejo de su 57º cumpleaños, aplastó en las urnas al mismo José Serra al que este año venció a través de la persona de su candidata, Dilma Rousseff, a la que él mismo escogió para sucederlo. Hijo del Brasil olvidado. El sábado se cumplirán ocho años de la llegada al poder de aquel hombre por cuya carrera pocos apostaban la tarde del diluvio de 1998. Con Lula asumía el 1º de enero de 2003 el Brasil más profundo y también el de las contradicciones. Por primera vez un líder obrero, una persona sin formación superior, alguien no surgido de la elite gobernante llegaba al puesto más alto del Ejecutivo. La película del niño lustrabotas, nacido en la pobreza de Pernambuco, que con un racimo de hermanos y una madre abandonada recorrió en camión la ruta de millones de brasileños que bajaron del nordeste a buscar un destino mejor en el litoral industrializado, comenzaba sus capítulos más trascendentes.La misma noche en que fue elegido presidente trazó como prioridad "que cada brasileño pueda tener las cuatro comidas diarias", para lo que centró sus esfuerzos en el Plan Hambre Cero. Con igual tónica, llegarían después el Plan Bolsa Familia y el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), o su apuesta a los recursos de la cuenca hidrocarburífera del Pre-Sal, en manos de Petrobras, con los que sacó a unos 20 millones de personas de la pobreza e incorporó a otros 30 millones de compatriotas al "sector C", la nueva clase media brasileña.Sus críticos podrán decir que en estos planes algunas recetas fueron tomadas de Cardoso, o que en ellos no hay nada de la revolución que el PT planteaba desde su fundación en 1980; pero como dijo el presidente uruguayo, José "Pepe" Mujica, habría que preguntarles a los beneficiarios de los "pequeños cambios" a ver qué opinan.A juzgar por el 83 por ciento de popularidad con que volverá el sábado, al nada lujoso condominio de San Bernardo do Campo que lo vio nacer en la política como dirigente gremial, el veredicto sobre su gestión y sobre su persona es inapelable. El carisma, gran escudo. Para la inmensa mayoría de este país de más de 190 millones de habitantes, con profundas desigualdades todavía en la distribución de la riqueza, Lula es "uno de ellos" y el presidente se los recordó en cada acto, cada vez que estuvo en aprietos. Cuando en 2005 el "mensalao" (escándalo de las coimas a legisladores opositores para sacar proyectos oficialistas) descabezó a la cúpula del partido y tumbó a los pesos más pesados de su gobierno, Lula salió indemne. Su reelección en 2006 inscribió otro récord de adhesión a su favor y sirvió de despegue a su consolidación internacional.Es cierto lo que afirma el periodista brasileño Clovis Rossi acerca de que su presencia internacional fue mucho mayor que sus logros concretos en esa área, pero nadie duda del peso del carisma de Lula ante sus vecinos del Mercosur o la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); tampoco de su apuesta a un mundo multipolar con alianzas como el Bric (Brasil, Rusia, India y China) más Sudáfrica, o su papel en el G-20.Con su carisma singular, Lula aquietó disidencias internas que le achacaban haber elegido al ex CEO del Bank Boston, Henrique Meirelles y haberse situado más cerca del establishment que tanto lo había demonizado en los '80 y los '90, que de movimientos como los campesinos sin tierra, que siempre habían sustentado su nombre.Premiado como figura por los medios de las finanzas, considerado el factótum de las designaciones de Brasil como sede de la Copa del Mundo de Fútbol 2014 o de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos de 2016, Lula nunca miró a los suyos desde un pedestal.Un par de meses atrás, cuando una espesa campaña puso en riesgo la victoria de la que en seis días asumirá como primera presidenta de Brasil, Lula volvió a prestar su cara, su voz, y su historia como avales para entronizar a Dilma.Después de ocho años y dos mandatos cumplidos con exitoso balance, Lula deja el gobierno. ¿Dejará el poder? Aunque meses atrás aseguraba contar las horas que le restaban para calzarse las ojotas, días atrás aclaró que nunca se alejará de la política y que no se atreve a descartar una nueva candidatura en cuatro años. Lula cierra un capítulo crucial de la historia de su país y la suya personal, pero la película de este "hijo del Brasil" parece lejos de llegar a su fin.

