Los que pueden no quieren
La última cumbre sobre clima de las Naciones Unidas terminó en un fracaso apenas disimulado. Alejandra Conti.
La Convención sobre Clima de las Naciones Unidas que se realizó en Bonn las dos últimas semanas tenía el objetivo de sacar del estancamiento en el que se encuentra la discusión por el cambio climático. ¿Qué se logró? Que el tiempo y el dinero invertidos en este encuentro multitudinario se perdieran en discusiones sobre procedimientos, agenda y cargos a ocupar, y las cuestiones de fondo pasaran a un vergonzoso segundo plano. La confrontación de intereses entre los países ricos, los emergentes y aquellos que incurren en mayor daño ambiental (como China e India) fue el factor de mayor peso en este fracaso. Es más, los observadores del encuentro aseguran que algunos enviados de países desarrollados parecían querer retroceder tras progresos anteriores.La BBC habla de una coalición de países "poco dispuestos" a hacer algo, como Estados Unidos, China, India y varios estados petroleros, principalmente los del Golfo. En esta alineación, varios países pobres se aliaron con la Unión Europea en contra del grupo anterior, absolutamente renuente a colaborar con los menos desarrollados para alcanzar las metas de limitación de emisiones.La cumbre en Bonn fue la segunda etapa del proceso que se inició en Durban, Sudáfrica, en diciembre del año pasado. La idea es llegar a un nuevo acuerdo global de clima sobre la base de la Plataforma de Durban. El acuerdo tendría que ser alcanzado en 2015 y ratificado por los firmantes en 2020. Una diferencia fundamental con el Protocolo de Kioto es que pretende alcanzar a todos los países, no sólo a los más ricos. Así estamos bien. Reducir emisiones no es un objetivo que despierte entusiasmo entre los mayores responsables y la crisis de 2009 es la excusa que esgrimen para justificar su falta de acción. Qué problema para los países occidentales apuntar a China, ese gran contaminador, que es su principal socio comercial. Las acusaciones fueron veladas, pero persistentes.Es cierto que China no ha demostrado tener ningún interés en disminuir el daño ambiental que acompaña su tremenda actividad industrial; pero también es cierto lo que dice el gobierno de ese país: que los países ricos tampoco cumplen con sus promesas."El espíritu de acción colectiva se rompió en Bonn", declaró el principal negociador de la Unión Europea en materia climática, Artur Runge Metzge. Es legítimo preguntarse si alguna vez existió tal espíritu. Como siempre, las ONG ambientalistas y de derechos humanos fueron las más directas para señalar responsables.La pelea por las formalidades, procedimientos, agenda y cargos se llevó la mayor parte de las críticas. Pero las advertencias sobre lo que nos espera si no se producen cambios importantes en las políticas (o falta de) en materia ambiental fueron realmente inquietantes.Por ejemplo, The Climate Action Tracker (organización que registra los compromisos de los diferentes países respecto de la emisión y sus acciones efectivas) asegura en su sitio web que las promesas actuales para reducir los gases invernadero son lamentables y llevarán a un aumento de la temperatura de por lo menos 3,5 grados centígrados. Por su parte, la Agencia Internacional de Energía indicó en su último informe sobre este tema que las emisiones aumentaron el último año 3,6 por ciento y alcanzaron un nuevo récord.Según el criterio de esta ONG, los países ni siquiera cumplen con metas insuficientes para mantener el calentamiento global debajo de los 2 grados centígrados.Un indicador es que no disminuye de ninguna manera la dependencia de los hidrocarburos. La próxima reunión es en Qatar, a fin de este año, y el desafío hasta entonces parece ser que los políticos empiecen a escuchar a los científicos. Porque está claro que países como Estados Unidos, Canadá, Japón y Rusia tienen los medios económicos, científicos y tecnológicos para disminuir las emisiones, pero simplemente tomaron la decisión de no hacerlo cuando se discutió la cuestión en el marco del Protocolo de Kioto.En materia de clima, ya se trate de ricos contra pobres o de políticos contra científicos, cualquier discusión es una confrontación inconducente.

