Temas del día:

"Los distintos tipos de desarrollo generan distintos tipos de frustración"

Las protestas tienen una singularidad en Medio Oriente, donde indignados israelíes y protagonistas de revueltas árabes comparten un escenario tenso aunque con diferentes expectativas, explica el docente e investigador Mario Sznajder.

16 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
"Los distintos tipos de desarrollo generan distintos tipos de frustración"

"El fenómeno de la protesta hoy es mundial. Lo tuvimos en países árabes y luego en Israel. Empezó lo de España y previo a eso, hubo manifestaciones violentísimas en Grecia. Hubo un estallido en Londres y ahora en Nueva York (…) A nosotros, como cientistas sociales, nos interesa entender si hay un fenómeno global antisistémico o si cada caso es diferente y tiene poco que ver con los otros". Los conceptos pertenecen a Mario Sznajder, director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien días atrás disertó en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba. En diálogo con La Voz del Interior , el sociólogo y politólogo de origen chileno y residente en Israel desde hace más de cuatro décadas, abordó fenómenos que parecen discurrir en dos velocidades en el escenario siempre tenso de Medio Oriente. –¿Hubo puntos de conexión entres las marchas en Tel Aviv y las revueltas árabes? –El contagio tiene mucho que ver con la influencia mediática. Pero hay grandes diferencias, que están dadas por distintos niveles de desarrollo, que generan distintos tipos de frustración. La frustración por el Estado social que deja de ser tal en Europa es distinta de la frustración por estados patrimoniales, autoritarios, que tampoco cumplen con sus promesas. –¿Hasta qué punto las redes sociales fueron protagonistas? Unos endiosaron ese fenómeno y otros dijeron que sólo un ínfimo porcentaje de manifestantes accedía a esas redes… –Ahí se ve la diferencia entre una sociedad tradicional y una moderna. Israel tiene uno de los porcentajes más altos del mundo de posesión de computadoras y celulares; es un país de clase media y las movilizaciones son de ese sector. En el mundo árabe, la movilización es elitista, tal como funciona el Estado-Nación árabe desde hace décadas. Los nuevos medios funcionan como instrumento y allí cabe la frase del bisturí. Con un bisturí se puede salvar una vida en una operación; pero también se puede degollar, matar. En el mundo árabe, la protesta quizá comienza en redes sociales, pero el "éxito" se logra donde se moviliza la masa que no tiene ningún acceso a este tipo de comunicación. –El descontento en las plazas no siempre se plasma en las urnas, ¿qué pasará si las demandas siguen insatisfechas? –En Jerusalén tenemos un dicho: desde la destrucción del Segundo Templo no hay profetas. Lo que nos queda es "profetizar el pasado" y ni aun ahí estamos de acuerdo. Que el sistema socioeconómico asociado a ciertas ideologías políticas no es capaz de satisfacer las expectativas que despertó en su propaganda electoral es un hecho histórico. Esto explicaría el fenómeno español o el chileno de protestas. Hay fenómenos antisistémicos: proponen otro modelo de democracia directa. La protesta antisistémica puede ir a una anarquía y el anarquismo tiene una contracara populista; no está estructurado como representación política dentro de un Estado-Nación, sino que quiere disolver ese Estado-Nación. En Europa ese peligro tuvo un remedio político que fue la Unión. Otro problema es el del modelo socioeconómico. Las reformas de mercado abierto produjeron en Chile, España o Israel estabilidad macroeconómica y crecimiento, pero la distribución interna funcionó menos. Así, la brecha social se abrió. Pero esta frustración por un tipo de modernidad es distinta a la frustración que alimenta revueltas árabes. Allí el Estado-Nación se asienta sobre sociedades tradicionales, muy divididas en términos étnicos, religiosos, tribales y con alianzas y paternalismos que dejan muchísima gente en el camino y ésa es la que se rebela. Una sociedad fracturada –¿Lo sorprendió el fenómeno de indignados en Israel? –Israel es una sociedad multifragmentada. Hay cuatro o cinco fracturas que se entrecruzan. Hay una fractura étnica entre la población judía y la árabe; una religiosa, tanto entre judíos como árabes; hay una fractura entre viejos habitantes y nuevos inmigrantes o una fractura política entre palomos y halcones. Pero existe una metafractura histórica que es la de la seguridad, la que pone en peligro la existencia de Israel, que es el conflicto árabe-israelí o palestino-israelí. Cuando esa fractura sube, las otras bajan. La modernidad trajo la guerra terrorista o la guerra del débil contra el fuerte. El débil apela al recurso de lo informal y el Estado no puede hacer lo mismo. Además Medio Oriente avanzó hacia lo no convencional y estos dos tipos de extrañas modernidades de guerra afectaron a la sociedad civil israelí, que también pide a los políticos que cumplan la promesa de paz en un país que es uno de los 20 más desarrollados del mundo. Entonces hay mucho desarrollo, mezclado con angustia por el peligro y también está el trauma del Holocausto. Con todo este marco, en las calles reclamaban: "Si la economía funciona bien, ¿por qué estamos todos tan ahogados?". Ahí está la raíz de la protesta social israelí… –El momento coincide con la petición de Palestina de ser reconocida en la ONU... –Cuando este tema acentuó la fractura de seguridad, la protesta social bajó. Los líderes de las movilizaciones decían que la protesta puede ser resuelta sin tocar el tema seguridad y eso es irreal. Los palestinos no quieren sólo una paz económica, quieren un Estado soberano. Paradójicamente, en esta era en la que hay cuestionamientos al Estado-Nación, en Medio Oriente la exigencia todavía es de estados-naciones altamente soberanos, fuertes, con símbolos y honor nacional. En la Autoridad Palestina, el presidente Mahmud Abbas representa a una parte de su sociedad. La otra está ligada a Hamas, que no cree en la modernidad y propicia volver a los valores del Islam. Hamas no cree en una solución negociada ni en que Israel tenga derecho a existir. Abbas sostuvo que, no habiendo logrado negociar en paridad de condiciones, la única manera de llegar a una solución es presionar a Israel con decisiones internacionales. Así los palestinos lanzan una campaña pacífica y diplomática por un lado, pero muy extremista en contenidos. Hablan de condiciones que para Israel son inaceptables, como el retorno de refugiados que salieron de la Palestina británica e Israel en 1948. Terror y venganza –La diferente velocidad de cambios en Medio Oriente, ¿genera más violencia? –Medio Oriente es un polvorín siempre. Cuando se usa el arma terrorista contra una sociedad civil, la ventaja que tiene para el débil el terrorismo es el bajo nivel de recursos que hacen falta para causar un daño tremendo. El tratamiento de la TV, mostrando cadáveres es catártico y despierta los peores instintos: la venganza. El asesinato político, el acto de terror salvaje en medio de civiles es el momento en que comienza el juego de violencia en algo que se expande y absorbe a aquellos que no querían ser parte de él. A ello hay que agregar que los sistemas políticos israelí y palestino son coalicionales. La Ciencia Política los define como sistemas de alta representatividad y poca decisión. –¿Es optimista o pesimista sobre lo que viene? –Un gran escritor árabe-israelí, cuyo nombre era Emil Habibi, escribió un libro sobre lo difícil que es ser árabe en Israel, en la sociedad judía, que se llamó El Opsimista . Después de leer el libro adopté el "opsimismo" como fórmula de vida. Usted tiene que ser a corto plazo pesimista, mirar si no hay una bomba alrededor, porque siempre hay alguien que va a poner la bomba. Y hay que pensar que hay un futuro de paz, que es la parte optimista. A mi edad, mi gran dolor es que mi generación se perdió y no logramos la paz y nuestros hijos siguieron el camino que hicimos nosotros. (Yitzhak) Rabin, cuando recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Hebrea de Jerusalén, después de la Guerra de los Seis Días, en su discurso explicó que la victoria en 1967 tenía sentido si servía de base para la paz. Si no, dijo, no tiene sentido. Otra guerra… ¿para qué?