Los desafíos de mantener la fe y cambiar la Iglesia
Al nuevo Papa se le presentan retos más importantes que los de poner orden en la curia y en las finanzas vaticanas. Juan Arias.
La Iglesia ha quebrado un tabú importante en la historia reciente y el papa esta vez ha salido de Europa para volar hacia uno de los países del nuevo mundo donde se juega especialmente su futuro. A pesar de que el cardenal Jorge Bergoglio había sido el que más votos había recibido en el cónclave anterior que eligió al Joseph Ratzinger, esta vez nadie hubiese apostado por él.Hará falta un poco de tiempo para poder medir mejor el significado último de esta elección, en este momento crucial que vive la Iglesia atravesada por escándalos y luchas intestinas en la Santa Sede.Está claro que los cardenales han desoído el consejo de elegir a un papa joven, con fuerzas y pulso para imponerse a la curia y a sus luchas internas. Francisco tiene casi la misma edad que tenía Benedicto XVI cuando fue elegido papa y hoy se decía que no debía ser escogido un papa de tanta edad.Quizá haya pesado en la decisión de los cardenales que no son de la curia, la biografía en materia de pobreza de Bergoglio, que ha escogido el significativo nombre de Francisco, considerado en la Iglesia el más parecido al profeta de Galilea en su preocupación por los pobres.Los escándalos de la banca vaticana habían sido la semana pasada una de las mayores preocupaciones de los cardenales llegados de fuera de Italia. Desafíos. Al nuevo Papa se le presentan retos más importantes que los de poner orden en la curia y en las finanzas vaticanas. Tiene por delante la posibilidad de quebrar otros tabúes que la Iglesia hasta hoy no ha conseguido doblegar. Basta dar un vistazo a las redes sociales en estos días de cónclave, para entender el abismo que existe entre lo que sobre la Iglesia piensan los cristianos de la calle y las escenas medievales que se están escenificando en el Vaticano.Y no me refiero a los cristianos rebeldes. Son muchos los blogs y redes que albergan comentarios de grupos cultivados de cristianos de fe que no acaban de entender por qué la Iglesia de Cristo continúa aprisionada por tantos prejuicios que son ajenos a su tradición original.Tan arraigados están esos tabús que llegan a aparecer intocables. El enrocarse en esos convencionalismos que contradicen el pulso del mundo y desconciertan y desalientan a millones de católicos, es lo que impide a la Iglesia abrirse a la realidad en la que vive. Orígenes. En sus orígenes, las que están en la raíz de su existencia, la nueva Iglesia que comenzaba a pergeñarse bajo la inspiración del profeta rebelde de Galilea era todo lo contrario: se adelantó a su tiempo, fue rasgadora de tabús. Los primeros cristianos fueron todos iconoclastas, se rebelaron contra la tradición y abrieron caminos nuevos, a costa las más de las veces de la propia vida.Con el tiempo, la Iglesia se ha ido revistiendo de todos los trajes del poder y se ha aferrado a la defensa de la tradición para defenderse de lo nuevo que nacía en el mundo, carcomiendo su poder y abriendo espacios de democracia, libertad y defensa de los derechos humanos. Hoy la Iglesia es la más atrasada de todas las otras instituciones políticas y sociales. Mantiene aún una monarquía absoluta con el plus de la infalibilidad para el monarca.Es una institución que sigue discriminando a la mujer. Hoy la mujer, en el mundo civil, puede serlo todo menos sacerdote. La Iglesia mantiene el tabú de su poder temporal con el papa jefe de Estado y su tentación de intervenir en los asuntos temporales. Sin tocar un ápice la fe, y menos la fe de la primera comunidad cristiana, la Iglesia podría cambiarlo casi todo. Lo sostienen todos los teólogos modernos.Para volver a sus orígenes, la Iglesia debería bucear más en las escrituras, que son su constitución, y menos en la teología escolástica o en los códigos del Derecho Canónico.No acaso, después del Concilio, la mayoría de los sacerdotes que habían cursado estudios bíblicos y habían estudiado más los orígenes del cristianismo que la teodicea o el derecho eclesiástico, acabaron dejando a la Iglesia. Veían su estructura actual más como un montaje de poder operado a lo largo de los siglos que como un verdadero motor de espiritualidad y de fermento para hacer crecer la esperanza del mundo, la de aquella caravana de últimos que fueron la primera iglesia del profeta perturbador de judíos.El cristianismo fue fruto de una herejía, y hoy la Iglesia se atrinchera en sí misma y en sus dogmas y condena a sus mejores teólogos y biblistas bajo el miedo de fantasiosas posibles nuevas herejías.

