Los Al Assad, una nueva dinastía que cae en desgracia
Europa sancionó a Asma, la esposa del presidente sirio, y a otros miembros de su familia. En el mundo, son numerosos los casos de clanes que pasaron de la elite a la persecución.
El Cairo. La presencia de la primera dama siria, Asma al Assad, en la lista de personas vinculadas con el régimen sancionadas por la Unión Europea (UE) convierte a la familia que gobierna Siria en una nueva dinastía caída en desgracia en la comunidad internacional. De la elite a la persecución también pasaron algunos de los miembros del clan Mubarak de Egipto, detenidos o pendientes de juicio; de los Ben Ali de Túnez, quienes marcharon al exilio, o los Marcos de Filipinas y los Suharto en Indonesia.Otros están en entredicho, como los Obiang Nguema, en Guinea Ecuatorial; o los Duvalier haitianos, a quienes se les decomisaron sus bienes, la misma suerte que corrieron los descendientes de Saddam Hussein o los Kadhafi, cuyos cabezas de familia fueron ajusticiados.Todos los clanes utilizaron el poder político del patriarca para beneficiarse económicamente, hasta que cayeron al precipicio de la historia.La última incorporación: Asma, la mujer que la revista francesa Vogue llegó a calificar el año pasado, en plena efervescencia de la Primavera Árabe, como "una rosa en el desierto" y que, a partir de ayer, ve congelados sus activos en Europa y no puede viajar al Viejo Continente.La inclusión de Asma en "la lista negra" de 12 personalidades sirias, entre las que está su marido Bachar, se produjo una semana después de que se difundieran los correos electrónicos entre el dirigente y su esposa, a los que tuvo acceso el diario británico The Guardian .En ellos, Asma, una de las mujeres consideradas más hermosas, modernas y preparadas de la dirigencia de Medio Oriente, sorprendía con la frase: "Yo soy el dictador", al referirse a su marido y presidente de Siria, que vive un conflicto en el que murieron más de ocho mil personas, según la ONU. Costosas pasiones. Los correos electrónicos de la familia publicados por The Guardian hablan de la pasión de Asma por las joyas al revelar que el 19 de julio de 2011, la esposa de Al Assad encargó "un collar turquesa con diamantes y oro amarillo y un pequeño empedrado en un lado". Pasión similar, pero por los zapatos, tuvo la primera dama filipina Imelda durante el mandato de su esposo Ferdinand Marcos (1964-1986). La pareja se vio obligada a abandonar el Palacio de Malacañán y exiliarse en Hawai por la presión popular. Imelda, conocida como "la mariposa de hierro", dejó su colección de tres mil pares de zapatos en Filipinas.Una pasión parecida, pero relacionada con las espectaculares mansiones y los autos, es la que siente Teodorin Nguema, de 42 años, quien es considerado sucesor de su padre Obiang al frente de Guinea Ecuatorial, uno de los más ricos de África.Además del gusto por el derroche, en sus tiempos de primera dama de Haití, Michelle Bennett, esposa de Jean Claude Duvalier, era famosa por considerarse la Evita Perón de su país y hacer proyectar en los cines de Puerto Príncipe todos los filmes sobre la vida de la esposa Juan Domingo Perón.El amor por las joyas, zapatos o coches entre estas despóticas familias es anecdótica si se compara con el que sintieron por el dinero público, al apropiarse de millones que acabaron en cuentas en el extranjero.La peor parte en la defenestración del poder se la llevaron las familias de Saddam Hussein y Muamar Kadhafi.Hussein murió en la horca. Sus dos hijos, Uday y Qusay, cayeron en combate en Mosul después de que alguien delatara su escondite y se embolsara 30 millones de dólares.Igual suerte corrieron los Kadhafi. El líder libio murió el 25 de octubre de 2011 tras ser vejado. Sus hijos Jamis, Mutasim, Saif al Arab murieron; Saadi, Aníbal, Aicha y su mujer Safiya se exiliaron, y Saif al Islam, considerado su sucesor, fue hecho preso y humillado en su propio país.
Prometen deponerlo
Decenas de miles de sirios resistieron ayer disparos y gases lacrimógenos de las fuerzas del gobierno al protestar en varias partes del país, con la promesa de irrumpir en la capital, Damasco, para deponer al presidente Bachar al Assad. Al menos 36 personas murieron ayer, entre ellas tres menores, en distintas zonas de Siria, denunciaron distintas agrupaciones opositoras.

