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Lavada de cara a la guerra contra el terrorismo

Para enterrar la doctrina de seguridad de George W. Bush, Obama presentó su propia estrategia. Alejandra Conti.

30 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Lavada de cara a la guerra contra el terrorismo

El gobierno de Barack Obama anunció su propia estrategia nacional de seguridad, orientada a enfrentar amenazas concretas, no ya en jugadas unilaterales sino en alianza con países amigos. Esto no significa, sin embargo dejar de lado la opción bélica.

De acuerdo a este documento, se deja de centrar toda la política de seguridad de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo, para que ésta pase a ser un elemento importante, pero no primordial, en una visión más abarcativa de la realidad.

En esta línea, se desecha la táctica de atacar primero y preguntar después, más conocida como guerra preventiva. En cambio, se promete intentar la salida diplomática "siempre que se pueda". Asimismo, se evaluarán costos y riesgos de posibles acciones armadas y se propone controlar más estrictamente a ciudadanos estadounidenses vinculados con grupos extremistas.

Queda así enterrada, en el plano del discurso, la guerra contra el terrorismo prohijada por George W. Bush, Richard Cheney y Condoleezza Rice, que, respaldada por el Congreso, justificó invasiones y guerras, avaló la tortura y las detenciones y escuchas sin orden judicial, aun contra ciudadanos estadounidenses. Todo esto, en favor de una supuesta vocación democratizadora que en realidad encubría intereses personales y corporativos de las tres principales personalidades de la era Bush.

La nueva estrategia es una imposición de las circunstancias a la que se adapta el gobierno de Obama.

Por un lado, la crisis financiera muestra su correlato en la política exterior de Estados Unidos. No hay presupuesto que aguante dos guerras, y menos con la necesidad de resolver problemas urgentes de puertas para adentro. En esto, Obama es aplaudido por demócratas y por la centroizquierda, que reclaman más atención para revertir las inequidades económicas y sociales que sufren los propios estadounidenses. De hecho, Hillary Clinton dijo -en un discurso paralelo al de Obama- que la enorme deuda externa que mantiene su país es la principal amenaza contra la influencia global de Estados Unidos. La situación económica es lo que hoy hace vulnerable al país, no el terrorismo.

Por otro, se trata de una evidencia más del retraimiento de esa nación como potencia hegemónica. Esto subleva a republicanos y a la derecha en general, que ven en Obama a un líder débil, dispuesto a resignar el rol que mantuvo Estados Unidos durante buena parte del siglo 20 y comienzos del 21. Peor todavía cuando el mandatario habla de profundizar las relaciones con países emergentes como China, Rusia, Brasil y Sudáfrica.

Tanto Obama como Clinton apuntaron que no se trata de ceder poder, sino de asociarse con otros países para que no recaiga en Estados Unidos el rol de gendarme mundial.

"Ningún problema global puede solucionarse sin nosotros", dijo la secretaria de Estado, pero remarcó que Estados Unidos no puede ser el único encargado de poner orden.

Sin embargo, hay cosas que no cambian.

La nueva estrategia de seguridad nacional apunta al peligro que encarnan para ese país las armas de destrucción masiva (sobre todo las nucleares), las amenazas cibernéticas, el cambio climático y la dependencia del petróleo.

Asimismo, mantiene intocable el Acta Patriótica, una de las leyes más polémicas del gobierno de Bush, que permite a las agencias de inteligencia actuar al margen del Poder Judicial en casos de supuesto terrorismo. También señala que su país va a mantener la superioridad militar que lo ha caracterizado.

Y en el plano de los hechos, el lunes el gobierno anunció un incremento en las operaciones encubiertas en Medio Oriente y Asia Central.

El mismo día del anuncio de Obama, el Senado aprobó un proyecto para destinar 60 mil millones de dólares a las guerras en Irak y Afganistán.

También se autorizaba un incremento de ataques con aviones no tripulados en Pakistán, una modalidad que evita, por ahora, la incursión de fuerzas desde Afganistán. Pakistán es un aliado de Estados Unidos, posee armas nucleares y no ha dado muestras de poder neutralizar la creciente y sangrienta actividad terrorista.

Al mismo tiempo que ocurría esto, los demócratas intentaban impulsar un paquete de recorte impositivo para comercios y negocios y refuerzos para el seguro de desempleo. Esto llevaría unos 143 mil millones de dólares, parte de los cuales se financiarían con déficit. El problema es serio, porque los subsidios son para desempleados crónicos.

El presidente trata así de hacer equilibrio para no terminar de defraudar a los demócratas y no terminar de indignar a los republicanos. Esfuerzo inútil de este último: la sola presencia de Obama en la Casa Blanca los tiene indisimulablemente enfermos.