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“Las bases son un error de Uribe y un mensaje equívoco de Obama”

Dice que la “guerra” contra las drogas no se está ganando. EE.UU. debe asumir corresponsabilidad como país de consumo, afirma.

28 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Redacción La Voz
“Las bases son un  error de Uribe y un mensaje equívoco  de Obama”
“Ser presidente de Colombia cuatro años es como ser presidente de Suiza 40, así que creo que ya pagué mi cuota” (Antonio Carrizo / La Voz).

“El problema de las políticas sobre las drogas es que sus resultados no dependen necesariamente del país que las ponga en marcha. Las drogas son un fenómeno global y su solución rebasa las fronteras para comprometer el esfuerzo no sólo de países productores, sino también de los consumidores. Estadísticas muestran que, pese a los esfuerzos en países como Colombia para detener cultivos ilícitos, castigar el lavado de activos y evitar la comercialización, el precio de las drogas no sólo no ha aumentado sino que disminuyó, lo que indicaría que la guerra contra las drogas, si no se está perdiendo, tampoco se está ganando”. Las sentencias pertenecen a Ernesto Samper Pizano, 59 años, quien entre el 7 de agosto de 1994 e igual fecha de 1998 fue presidente de Colombia, en una gestión no exenta de controversias.

El lunes pasado, tras una agenda nutrida de encuentros que incluyó a jueces y fiscales provinciales y federales, concejales y legisladores, y al entonces vicegobernador a cargo del Ejecutivo, Samper disertó en la Universidad Católica de Córdoba. Antes de todos esos encuentros, dialogó con La Voz del Interior.

–Usted usó la palabra guerra, ¿la estrategia contra las drogas es un combate, con militarización, o requiere otro encuadre?

–Hablé de guerra porque son los términos planteados por países como Estados Unidos, que tiene una estrategia absolutamente confrontacional. Y hablo del fracaso de la guerra para abrirle camino a nuevas acciones que justificarían un mayor esfuerzo en la prevención del consumo, la restricción del ingreso de drogas en países consumidores, e inclusive pensar soluciones que contemplen la despenalización de drogas como la marihuana.

–En las recientes elecciones legislativas en su país, mujeres y hombres ligados a los carteles del narcotráfico y paramilitares lograron casi un millón de votos. ¿Qué piensa?

–Es una realidad preocupante, pero en Colombia nadie esperaba que estas elecciones limpiaran de manera total y definitiva el Congreso. Creo que se redujo el número de personas vinculadas con actividades ilícitas y, además, la Corte Suprema desarrolló una jurisprudencia sobre cómo estas personas, aun siendo elegidas, pueden ser procesadas y encarceladas.

–La violencia azota a México, con picos de ferocidad en Ciudad Juárez. ¿Ve similitudes con Colombia?

–México vive lo que vivió Colombia en los ’80, la dramática realidad del narcoterrorismo. Los narcotraficantes tienen una dialéctica de poder: ablandan o aplacan, a plata o a plomo; con dinero o con balas. El narcotráfico está hoy en México tratando de corromper autoridades, de comprar conciencias, apretar jueces.

–Usted tuvo imputaciones acerca de nexos con el narcotráfico en su gobierno y mantuvo fuertes entredichos con la Casa Blanca, que le quitó la visa. El presidente Álvaro Uribe tiene una suerte de historia negra de su época de gobernador de Antioquia, que se reflotó antes de su frustrada re-reelección. ¿Cómo se sale de esa maraña?

–El intento de los carteles de las drogas por penetrar actividades políticas, la Justicia, las redacciones de los periódicos, ha sido constante a lo largo de la historia. Mi gobierno tuvo que confrontar el intento del cartel de Cali, en algún momento exitoso, de penetrar la campaña que me llevó a la presidencia. Pero si usted examina cuál fue la respuesta de mi gobierno al cartel de Cali verá que éste fue totalmente desarticulado, juzgado y extraditado. Ésa fue la más contundente prueba de mi inocencia.

–Estados Unidos usó el combate a las drogas como justificación para poner un pie y medio en el continente. ¿Unasur es una herramienta para resolver este flagelo sin injerencias?

–Unasur nació como un escenario para resolver problemas de alto contenido político. Me cuesta pensar en un problema que tenga más implicaciones políticas para la democracia que la lucha conjunta contra las drogas. Las leyes del mercado demostraron ser más poderosas que la represión. Estados Unidos debe  entender que éste es un esquema de corresponsabilidad.

Controlados

–¿Qué opina de la cesión de bases colombianas a Estados Unidos?

–Me parece un error del gobierno prestar instalaciones aéreas de Colombia para que se monte una red de vigilancia electrónica sobre América del Sur, sin saber qué tipo de operaciones serán lanzadas desde las bases, ni cómo serán controladas. Pero también es un mensaje equívoco del presidente (Barack) Obama, quien había anunciado un giro de 180 grados en la política hacia América latina y, con la apertura de estas bases, muestra un gesto propio de la Guerra Fría.

–¿Cree que el rechazo de países de la región a las bases fue adecuado?

–Creo que fue un poco débil, porque el capítulo de defensa de Unasur se creó para diseñar una nueva política de seguridad colectiva en el hemisferio, que reemplazara a la vieja política de la Guerra Fría contenida en instrumentos como el Tiar (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), que era una posibilidad de unirnos frente a amenazas externas. Aquí las amenazas son internas. Si Unasur no logra encontrar una salida decorosa al problema de las bases, arranca con un pie en falso.

–¿La finalidad de las bases es monitorear recursos estratégicos como la Amazonia?

–Cuando pasó el 11-S, Estados Unidos tomó la decisión de levantar bases fijas que tenía en el mundo –alrededor de 200– y crear especies de corredores estratégicos de movilidad aérea que le dieran presencia permanente sobre distintas zonas. Se consultó la posibilidad de una base en Recife, lo que le hubiera permitido no sólo ejercer vigilancia electrónica sobre América del Sur, sino llegar a través de la isla de

Ascensión al África. Ante el rechazo de Brasil y el cierre de la base de Manta, en Ecuador, se buscó la de Palanquero, que es la base aérea estrella de Colombia. Desde allí serán lanzadas operaciones que le permitirán a Estados Unidos montar una especie de control electrónico sobre el hemisferio.

Sin más aspiraciones

"En política, el que no aspira, expira; pero en mi caso es diferente. Ser presidente de Colombia cuatro años es como ser presidente de Suiza 40, así que creo que ya pagué mi cuota y estoy bien representado en las nuevas generaciones. Seguiré viviendo la deliciosa condición de ex presidente. Si uno pudiera ser ex presidente sin ser presidente sería ideal".Su paso por la Casa de Nariño estuvo jalonado por el llamado Proceso 8.000, o las revelaciones de la infiltración de dineros provenientes del Cartel de Cali en la campaña que lo llevó al poder.