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La última tabla a la que se puede aferrar la oposición

un reputado analista político brasileño nos decía que, salvo una hecatombe, la elección presidencial ya era cosa resuelta en primera vuelta en favor de la candidata del Partido de los Trabajadores. Marcelo Taborda.

17 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La última tabla a la que se puede aferrar la oposición

Unos días atrás, en San Pablo, un reputado analista político brasileño nos decía que, salvo una hecatombe, la elección presidencial ya era cosa resuelta en primera vuelta en favor de la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff. El analista, como varios colegas y dirigentes de distintos partidos, sostenía que las denuncias motorizadas por la oposición sobre violaciones de los secretos fiscales (con declaraciones de renta incluidas) en perjuicio de figuras del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), no tenían la entidad suficiente como para restarle votos a la elegida por Luiz Inácio Lula da Silva para sucederlo en el Planalto.Para millones de personas que votarán por Dilma el 3 de octubre, resulta irrelevante (en caso de confirmarse la imputación) que allegados al PT espiaran las declaraciones fiscales de la hija y el yerno del tibio candidato opositor José Serra. Mucho más si se contraponen esas denuncias ventiladas en los medios con las apariciones que el propio Lula hace en TV para pedir a ese 80 por ciento de brasileños que considera positiva su gestión, que vote por su ex jefa de Gabinete.Hasta ahora, las mediciones de los sondeos demostraron que el secreto fiscal violado no tenía el impacto del "mensalao" (coimas pagadas a legisladores de la oposición para aprobar leyes en el Congreso), que descabezó a fines de 2005 a la cúpula del PT, desbancó al entonces jefe de Gabinete José Dirceu y restó a Lula los votos necesarios para ganar en primera vuelta frente a Geraldo Alckmin en 2006. Hasta ahora, las encuestas vaticinaron un triunfo de Dilma el 3 de octubre sin necesidad de balotaje.Sin embargo, el escándalo de tráfico de influencias que forzó la renuncia de Erenice Guerra, la mujer a la que Rousseff había promovido a la jefatura de Gabinete, amenaza con ser la tabla a la que se aferren opositores sin mejores ideas para tratar de forzar una segunda vuelta.¿Alcanzará a ser una hecatombe al fin de la campaña? No parece. Tal vez obligue a Lula a trabajar horas extras para convencer con su carisma y lograr que su elegida salga inmaculada, tanto como emergió él durante ocho años.