La sombra de Stalin sigue en Rusia, a 60 años de su muerte
Dirigentes y ciudadanos difieren a la hora de recordar el poder, las acciones y el legado de quien fue figura preponderante durante décadas en la estructura de la Unión Soviética.
Moscú. La sombra de Stalin es aún muy alargada en Rusia, que celebra hoy el 60° aniversario de su muerte, dividida entre los que lo consideran un verdugo y los que quieren rehabilitar su legado histórico.
“Dígame un dirigente que no haya sido un asesino, que no firmara penas de muerte”, responde Serguei Obujov, diputado y uno de los dirigentes del Partido Comunista de Rusia (PCR).
Los dirigentes comunistas acudirán hoy a la Plaza Roja como cada 5 de marzo a su ofrenda floral anual en la tumba de Iosif Stalin, a los pies de la roja muralla del Kremlin.
“Es verdad, los soviéticos tuvieron que pagar un alto precio (en vidas humanas) por las grandes victorias, pero el pueblo estaba dispuesto a sacrificarse. Compare los avances de sus dos décadas de mandato con los últimos 20 años de Rusia”, añade el diputado.
Y es que los comunistas creen que el actual presidente ruso, Vladimir Putin, le debe a Stalin desde el potencial nuclear al programa espacial, el puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU e incluso el Estado de Bienestar.
Según una encuesta realizada por el Centro Levada, un 49 por ciento de los rusos considera positivo el papel jugado por el dictador soviético en la vida del país, frente a un tercio que opina toda lo contrario.
Mientras, un 55 por ciento de los rusos considera que la muerte de Stalin en 1953 trajo consigo el fin de la era del terror y las represiones masivas, y la liberación de las cárceles de millones de personas inocentes.
“Al contrario que los alemanes, los rusos se niegan a reconocer su culpa, por eso prefieren olvidar que Stalin fue un criminal. No hemos aprendido nada del pasado soviético”, aseguró Nikita Petrov, historiador del centro de derechos humanos Memorial. “La culpa radica en la negativa de las autoridades rusas de realizar una valoración no sólo política, sino jurídica, de Stalin y de un sistema totalitario que se sostenía en la represión de su pueblo”, dice.
“El Kremlin mantiene un doble juego: no hace propaganda estalinista, pero tampoco la prohíbe. A los alemanes reconocer su culpa por el nazismo les ayudó a crear un estado democrático”, destaca.
En la misma línea, Vsevolod Chaplin, portavoz y uno de los principales ideólogos de la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR), opina que los crímenes estalinistas “no pueden ser justificados”.
Pero agregó: “Es evidente que en la época soviética, incluido el gobierno de Stalin, nuestro pueblo realizó extraordinarias gestas, se logró un gran victoria y se consiguieron grandes avances en ciencia, tecnología, industria y economía”.
Stalin, el Grande es el título del libro del historiador español Anselmo Santos, militar retirado que dedicó toda su vida a estudiar al tirano, que él considera un "monstruo y un asesino, pero también un genio".
“Stalin toma a un pueblo en un 90 por ciento analfabeto y en la más absoluta de las miserias, y lo educa y le da de comer. No olvidemos que cinco millones de rusos habían muerto en la primera guerra mundial y siete en la guerra civil”, aseguró.
Santos opina que sin la colectivización forzosa de la tierra, que causó millones de muertos, no se hubiera alimentado ni al pueblo ni al ejército rojo.
Lo mismo afirma de la industrialización. “Debía hacer en 10 años lo que la revolución industrial hizo en más de un siglo. Stalin realizó la operación logística más grande de la historia al trasladar piedra a piedra 2.500 fábricas a los Urales. Eso sí es un milagro”, sostiene.
Reconoce que fue más cruel que la Inquisición, ya que mandó matar a casi un millón de miembros del partido durante las purgas, pero también destaca que hizo un gran favor al mundo al frenar el avance de Hitler, lo que reconoció el propio Winston Churchill.
Putin, condenó en 2007 las represiones, en especial las estalinistas, y llamó a la población a no olvidar “el exterminio de estamentos enteros, como el clero, el campesinado y los cosacos”. Ayer, en la ciudad georgiana de Gori, donde nació Iosif Dzhugashvili, el Ayuntamiento informó que restaurará el monumento al dictador, que fue retirado hace dos años.

