La sencillez del papa argentino cautivó al mundo
Los esfuerzos de Jorge Bergoglio por parecer una persona normal y no un superhéroe fueron visibles de entrada.
La característica que quizá más impresiona del papa Francisco es que ha querido parecer, desde el primer momento de su pontificado, uno como nosotros. "Soy una persona normal", afirmó días atrás. Lo fue cuando al salir por primera vez al balcón de la Basílica de San Pedro pidió a los fieles que lo bendijeran. Antes de él eran los papas quienes bendecían a los cristianos arrodillados a sus pies. Tan normal es Francisco que es el primer papa que concede entrevistas.Y sin embargo nunca nadie había parecido más "anormal" que los papas. Hasta parecía que no tenían cuerpo. De ellos se ignoraban todas las debilidades de los demás mortales. Siempre se dijo que no enfermaban. Sólo se morían, y muchas veces ni se sabía de qué. Una de las primeras afirmaciones de Francisco que recorrió el mundo fue cuando dijo: "El Papa también peca".
Lejos de superhéroes
Ante el peligro, sin embargo, de que ese modo atípico de comportarse, al rechazar toda la vieja simbología del papado heredada de los emperadores romanos, pudiera acabar mitificando su figura, él mismo ha salido al ruedo para decir: “Dibujar al Papa como a un superhombre o como a una estrella es algo que me ofende”.
Ha llegado a citar a Sigmund Freud contra las tentaciones de hacer de él un mito, ya que “toda ideologización lleva en su seno una opresión”, como afirmaba el padre del psicoanálisis. Los papas son las únicas personas del planeta a las que se declara oficialmente “infalibles”. ¿Se puede ser más diferente?
De ahí los esfuerzos bien visibles y explícitos de Francisco por parecer una persona normal y no un superhéroe. ¿No será ese esfuerzo por aparecer revestido de normalidad y no de privilegios lo que está cautivando de su persona, no sólo a tantos católicos, hasta ahora desilusionados con su Iglesia, sino a agnósticos y ateos, así como a seguidores de otras confesiones religiosas?
Enseñanzas de Jesús
Francisco se ha saltado siglos de teología clásica contaminada por las filosofías griegas y ha vuelto a beber en la fuente original de las primeras enseñanzas del profeta judío, Jesús de Nazaret. Enseñanzas a mil años luz del árido Derecho Canónico y de las teologías a la caza de herejes.
Era la teología de la “felicidad” a la que Pablo opondría la de la “cruz y el sacrificio”.
Aquel profeta recordaba a los suyos que quienes “se visten de seda habitan en los palacios”, y que él “no tenía dónde reclinar la cabeza”. Era un pobre entre los pobres. Un pobre que nunca se llamó “hijo de Dios”, sino “hijo del hombre”, en una expresión de su dialecto arameo.
Francisco quiere aparecer más como discípulo de aquel profeta errante, sin casa y sin poder, que como seguidor de los pomposos emperadores romanos.
Esa es ya su primera gran revolución: devolver a la Iglesia a la humildad y sencillez de sus orígenes. Y a todos nosotros hacernos sentir, sin complejos, la riqueza de ser simplemente humanos. Humanos y pecadores, como él.
Opinión sobre él
Leonardo Boff. Teólogo de la Liberación. "Francisco es más que un nombre, es un proyecto de Iglesia y de mundo: una Iglesia pobre, del encuentro, de la misericordia. Como él dice, una Iglesia que hace la revolución de la ternura".
Alberto Omodei. Amigo personal del Papa. "Donde sí veo un cambio es en su semblante. Antes se reía en un momento puntual cuando alguien contaba algún chiste. Pero era meditativo, introvertido. Y ahora parece siempre alegre".
*El País, de Madrid

