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La revolución de los paraguas, un inesperado desafío para China

Las manifestaciones prodemocráticas en Hong Kong representan el mayor reto para Beijing desde Tiananmen.

04 de octubre de 2014 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La revolución de los paraguas, un inesperado desafío para China

Escudados tras frágiles paraguas y firmes reclamos de mayor autonomía, los manifestantes de Hong Kong resistieron el domingo pasado el gas lacrimógeno de la policía. Pero esa represión no hizo más que aumentar el deseo de insurrección, y mientras crecía la cifra de asistentes a las marchas, aumentaba la preocupación en Beijing. Es que las inéditas protestas en esta excolonia británica que volvió a estar bajo soberanía china en 1997 representan el mayor desafío prodemocrático para el gigante asiático desde Tiananmen, hace 25 años.

Aprendida la lección tras aquella brutal represión de 1989, el gobierno de Xi Jinping deja actuar, por ahora, a las autoridades locales ante estas revueltas protagonizadas por el movimiento civil Occupy Central y por miles de jóvenes que, cada tarde, marchan por las calles de Hong Kong con remeras negras, el espontáneo uniforme de esta campaña de desobediencia.

Intimado por los movilizados, el gobierno local propuso un diálogo político el jueves pasado, los estudiantes lo aceptaron y la tensión disminuyó, pero sólo por un día. Ayer, durante la sexta jornada de protestas, la Federación de Estudiantes rompió el diálogo después de sufrir ataques de grupos leales a Beijing ante la impávida mirada de las fuerzas del orden.

Esta incierta situación pone mucha presión sobre el gobierno chino, que hasta ahora se limitó a advertir a otras potencias que no se metan en asuntos internos y a enviar circulares a las embajadas ubicadas en esta región administrativa especial para advertir sobre “grupos radicales” que realizan “asambleas ilegales” y generan “actos de violencia”.

Si bien buscan no ensuciarse las manos con estas protestas, las autoridades de Beijing no quieren que el resto del enorme país conozca la magnitud de las manifestaciones, así que recurrieron una vez más a la censura por Internet. Desde el domingo, Instagram no funciona en el gigante asiático y en la red social Weibo –el equivalente chino a Twitter– se quintuplicó la censura de mensajes.

Pero los desafiantes hongkoneses encontraron la forma de sortear la “gran muralla cibernética”. Se llama FireChat y permite comunicarse sin necesidad de Internet, ya que usa el sistema Bluetooth del teléfono para compartir información con otros dispositivos. En sólo un día, esta aplicación fue descargado 100 mil veces en Hong Kong, publicó France Presse.

Con FireChat, los manifestantes comparten imágenes de las masivas marchas que exigen la dimisión del jefe del gobierno local, Leung Chun-ying. También piden que Beijing retire la propuesta de reforma electoral que presentó el 29 de agosto para el territorio autónomo, un proyecto que impondría un previo visto bueno del gobierno chino a cualquiera que quisiera candidatearse en Hong Kong.

Pero, en el fondo, los manifestantes protestan por la presencia cada vez más marcada de Beijing en la excolonia británica; en realidad, lo que defienden es su modo de vida, marcado por ese principio de “un país, dos sistemas” que se impuso con su regreso a la soberanía china, hace 17 años; lo que en verdad quieren es mantener esas libertades que hoy son inimaginables en la China continental.