Temas del día:

La primavera que no fue

Comenzó en Túnez en diciembre de 2010 y prometía cambios radicales. El panorama actual no concuerda con esas expectativas.

29 de diciembre de 2013 a las 01:40 p. m.
Redacción La Voz
La primavera que no fue

Este mes se cumplieron tres años del estallido de la Primavera Árabe. El movimiento, prometedor en sus comienzos, ha derivado en realidades no tan alentadoras. Décadas de monarquías y autocracias cuasifeudales y sus consecuencias, como ausencia de derechos cívicos y de libertad ideológica, dieron paso, en el mejor de los casos, a transiciones difíciles. En el peor, a guerras civiles y regímenes tan violentos como los anteriores.Los movimientos islamistas, desde moderados hasta fundamentalistas, son una presencia común a casi todos los países alcanzados por las protestas. Hay que recordar que estas agrupaciones suelen tener una fuerte actividad de asistencia social. Ellos son los que estaban, a la luz del día o clandestinamente, para ayudar a los más necesitados durante las diferentes dictaduras y monarquías. No es de extrañar entonces que, cuando se dio lo oportunidad, fueran los más votados.Sin embargo, los movimientos islámicos difieren entre sí al punto de que el enfrentamiento sectario entre chiítas y sunitas es otro obstáculo por vencer, como así también las diferencias internas en esas ramas del Islam entre quienes adhirieron a las dictaduras y quienes no. La actitud de los gobiernos hacia estos grupos va desde la confrontación abierta hasta la manipulación política, según la conveniencia del poderoso del turno.Al Qaeda aparece donde la participación islámica en la política no es posible o está manchada por la corrupción. Este factor, que amplifica la violencia, promueve la aparición de gobiernos tan autoritarios como los anteriores, pero islámicos.A continuación, un panorama de los distintos países marcados por las protestas. Violencia sin final Siria, con más de 100 mil muertos y millones de desplazados y refugiados, es el peor escenario de la Primavera Árabe. El movimiento de protesta llegó con varios meses de retraso a este país gobernado por la dictadura familiar de Bachar al Assad. Las manifestaciones que pedían la renuncia del presidente comenzaron pacíficamente, pero la represión fue impiadosa. Grupos opositores comenzaron a armarse con la ayuda interna y externa. La Coalición Nacional fue reconocida internacionalmente como la representante legítima de la oposición, pero no logra coaligar a toda la oposición. La enorme fuerza militar del gobierno sigue atacando duramente a las diferentes milicias opositoras. Incluso ha llegado a usar armas químicas contra la población civil.Estados Unidos amenazó con intervenir y, a cambio de que no lo hiciera, Siria, apoyada por Rusia, prometió destruir armas químicas.La lucha continúa porque Al Assad tiene un poder militar que le permite seguir adelante a cualquier precio. Mientras ocurre esto, Al Qaeda tiene cada día más presencia entre las milicias rebeldes. Libia, después de Siria, es otro escenario trágico de la rebelión. Aquí, el conflicto alcanzó ribetes de guerra civil por la lucha entre clanes que se disputan el dominio territorial. La intervención extranjera (de la Otan, es decir Estados Unidos y la Unión Europea) contribuyó a agravar la guerra civil y aseguró a los países europeos el negocio del petróleo que mantenían con Muammar Kadhafi. Más de 800 víctimas fatales (una cifra conservadora) y el brutal asesinato del dictador luego de 42 años en el poder completaron el cuadro de espanto de este capítulo de la Primavera Árabe.Luego de un complejísimo proceso, en las elecciones que se realizaron en 2012 ganaron los laicos e independientes. La situación política desde entonces es de alta inestabilidad. Uno de los factores más palpables es la existencia de centenares de milicias revolucionarias que chocan entre sí y atacan a la población civil.En Egipto, el derrocamiento de Hosni Mubarak luego de más de 30 años en el poder dio paso a un gobierno militar interino y a la elección que ganaron los Hermanos Musulmanes, con Mohamed Mursi a la cabeza.El hecho de que el nuevo presidente se adjudicara superpoderes y sentara las bases de lo que sería una constitución islámica sacó nuevamente a la gente a las calles. Las protestas dieron lugar a un golpe de Estado militar que se produjo en junio pasado y que tiene gran apoyo entre los laicos. Egipto hoy tiene un gobierno militar y la polarización en la sociedad es extrema. Se supone que habrá elecciones en 2014, pero el ambiente político es altamente inflamable, tal como lo demuestran los hechos ocurridos ayer. Transiciones incompletas Túnez es el país en el que empezó todo en diciembre de 2010, cuando un joven desempleado se prendió fuego a lo bonzo porque la policía no lo dejaba vender verduras en la calle. Mohamed Buazizi era el nombre de esa persona que merece ser recordada. La "revolución limpia", como la llaman a pesar de la muerte de 300 personas, permitió la huida del presidente Zine al Abidine Ben Ali luego de 23 años de autocracia. En las elecciones que se realizaron 10 meses después, ganaron los musulmanes moderados. Desde entonces, el país se encuentra embarcado en una transición que no encuentra desenlace.El enfrentamiento entre el partido en el poder, Ennahda, y los laicos de Tamaroud, ha derivado en amenazas de desestabilización, enfrentamientos entre religiosos y laicos, presencia de paramilitares fundamentalistas y asesinatos políticos. Sin embargo, se mantiene en los discursos la voluntad de intentar un acuerdo sobre la próxima constitución. En otros países alcanzados por la Primavera Árabe, las protestas no llevaron a cambios significativos. En Arabia Saudita y Bahrein, la habitual represión y un considerable aporte de dinero aplacaron a los que se animaron a salir a la calle.En Argelia, Marruecos y Jordania se prometieron algunas reformas y se hicieron algunos gestos de mayor o menor importancia.2014 es un año en el que se tendrán que ver definiciones en todos ellos. Las expectativas no alcanzan tanto a logros democráticos, sino a disminuir el grado de violencia.