La política hecha pelota
La popularidad exacerbada y las descomunales sumas de dinero que maneja el fútbol lo vuelven irresistible para la política.
La pelota recién empezó a rodar en Chile, pero los estudiantes del país trasandino ya se sienten vencedores y levantan la "copa de la gratuidad". "Estamos seguros de que al final de este largo torneo por la educación vamos a ganar", aseguraba una líder estudiantil el jueves, horas antes de que comenzara la Copa América 2015. Ante un gran trofeo de cartón que exigía una enseñanza sin fines de lucro, varios jóvenes pateaban hacia el cielo pelotas pintadas con sus propuestas para la reforma educativa. Aprovechan la cobertura mediática del certamen continental para que sus reclamos lleguen hasta el gobierno. De una u otra manera, fútbol y política siempre han estado ligados. La popularidad exacerbada y las descomunales sumas de dinero que maneja el deporte más global de todos lo vuelve irresistible para gobernantes y para cualquiera que busque hacerse notar.Son varios los que han intentado trasladar los éxitos en la cancha a la arena política. En las elecciones del domingo, el ex número 10 de la selección mejicana se convirtió en alcalde de Cuernavaca. El polémico Cuauhtémoc Blanco se candidateó por el Partido Socialdemócrata y ganó por goleada.En contrapartida, hay políticos a los que el fútbol los puede hundir. Es el caso del primer ministro galo, Manuel Valls, un fanático del equipo de Lionel Messi que el sábado pasado usó el avión oficial para asistir junto a sus hijos a la final de la Liga de Campeones, que jugaron el Barcelona y la Juventus en Berlín. El viaje fue pagado con dinero público, lo que desató la ira de los franceses.Ahora, el mandatario prometió que devolverá a las arcas públicas 2.500 euros, aunque la oposición afirma que los gastos rondaron los 14 mil euros. Habrá que ver si la ciudadanía le saca roja directa o si una amonestación es suficiente para calmar a la tribuna. Manifestaciones en la Copa Mientras tanto, la pelota sigue rodando en Chile, donde las manifestaciones que buscan las cámaras internacionales traen a la memoria las marchas de 2014 en Brasil. Fueron miles los que protestaron el año pasado contra el dinero que gastó Dilma Rousseff para preparar la Copa Mundial. Algunos líderes opositores aprovecharon la jugada y se plegaron a las manifestaciones, aunque con poca suerte, ya que la mandataria volvió a imponerse en las urnas meses más tarde. Los reclamos brasileños se fueron desinflando a medida que avanzaba el torneo. Es que cuando el balón rueda adquiere un poder hipnótico. Por eso, ni siquiera la crisis mundial con tufo a Guerra Fría que hace tambalear a la institución madre del fútbol puede detener el andar de la pelota.El puntapié inicial de la investigación por corrupción en la Fifa fue dado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que otra vez demostró su capacidad y propensión a intervenir en asuntos más allá de sus fronteras. Ahora, el campo de batalla es una cancha.Varios dirigentes fueron arrestados, acusados de aceptar millones de dólares en sobornos. La situación obligó a renunciar a Joseph Blatter, máximo responsable de la Fifa desde 1998. Pero esta crisis tiene además un trasfondo de Guerra Fría, ya que las investigaciones ponen en tela de juicio la decisión de que Rusia y Qatar sean las sedes de los próximos mundiales."La injerencia de Estados Unidos en los asuntos de la Fifa huele a imperialismo, pero no dudo de que la Copa del Mundo 2018 tendrá lugar en nuestro país", aseguró el jefe de la administración del presidente de Rusia.Algunos interpretan la arremetida de la Justicia estadounidense contra la Fifa como una venganza por haber perdido ante Qatar la oportunidad de albergar la competencia mundial en 2022. Las causas poco importan, las pesquisas se multiplicarán y la pelota seguirá rodando, sea en la cancha que sea.

