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La política como efecto colateral del 11-S

Los ataques de hace 10 años potenciaron el poder de George W. Bush, pero no ocurrió lo mismo con Obama, quien lidia con una oposición radicalizada. El marketing del miedo empuja a la gente a la derecha. Alejandra Conti.

11 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La política como efecto colateral del 11-S

James Madison, considerado uno de los padres de la patria de Estados Unidos, advirtió en 1790 que la guerra, entre otras desgracias, potencia en exceso el poder del Ejecutivo. Estados Unidos hace 10 años que se mantiene en guerra en varios frentes como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El poder del presidente que inició esa contienda, George W. Bush, como lo advertía Madison, se vio potenciado a niveles extremos.Pero no ocurre lo mismo con Obama, quien se ve condicionado tanto en sus decisiones de política exterior como de cuestiones nacionales por su necesidad de lograr acuerdos y por la radicalización de la oposición republicana.A 10 años del 11-S, la unidad nacional forzada por el dolor y el luto que dejaron los ataques hace tiempo se evaporó. La polarización es un fenómeno notable en Estados Unidos. El discurso de la derecha republicana alcanza niveles de beligerancia, intolerancia y hasta racismo que habrían sido inadmisibles 12 ó 13 años atrás.Se equivocaron quienes pensaban que las teorías conspirativas respecto de la nacionalidad o religión de Obama perderían vigencia en poco tiempo. Siguen circulando como producto de las operaciones políticas para desacreditarlo, intentando que no pocos incautos lleguen a creer que es comunista o musulmán.En un país en el que el fundamentalismo cristiano coopta individuos de todas las clases sociales, pero especialmente de las más humildes y menos educadas, ambas condiciones son condenables.Por esa razón, el Tea Party (TP), que podría haber sido hace una década o más un fenómeno pintoresco, ha alcanzado la categoría de fenómeno social. Esto indica que mucha gente lo considera una real alternativa de poder para contraponerlo a un presidente cuyas tibias medidas para mejorar la distribución del ingreso y la inclusión social se les antojan subversivas.Se trata de otro de los efectos colaterales del 11-S. El marketing del miedo empuja a la gente a la derecha.Una muestra más de la naturaleza del TP ocurrió el jueves a la noche, durante el discurso de Obama en el Capitolio para anunciar un plan para generar empleo.Varios de los legisladores republicanos se retiraron del recinto antes de que Obama empezara a hablar. El argumento fue que el discurso presidencial no era un proyecto serio, sino un discurso de campaña.Los republicanos controlan la Cámara de Representantes (diputados) con 240 escaños contra 192. En el Senado, la relación se invierte, pero el margen es escaso: 51 demócratas contra 47 republicanos y dos independientes. Eso hace temer por la aprobación del plan del Ejecutivo, a pesar de que algunas de sus propuestas son similares a varias leyes similares de legisladores republicanos para sus estados.Concretamente, hay seis millones de desocupados que llevan más de seis meses sin empleo. Dos millones de ellos son trabajadores de la construcción. La tasa de desempleo es de más del nueve por ciento.El plan de Obama (producto del trabajo de una comisión de notables) propone importantes recortes de impuestos a quienes contraten a veteranos de guerra y más si tienen alguna discapacidad. También a quienes contraten a trabajadores que lleven varios meses desocupados; a quienes contraten nuevos empleados para ampliar sus negocios, y también a los trabajadores (para aumentar la capacidad de gasto de los hogares). En su plan, la obra pública tendrá un rol protagónico. Puentes, escuelas, calles, todo espera ser arreglado, ampliado y multiplicado. La gente tendrá trabajo y el país crecerá, aseguró Obama. La pregunta no es si le aprobarán el plan los republicanos, sino qué harán algunos demócratas, que oyen hablar de obra pública y el aumento de los impuestos a los ricos y entran en pánico.Porque Obama fue claro en su discurso. Dijo que, gracias a artilugios legales, 1.470 millonarios y billonarios no pagaron ni un dólar en impuestos en 2009.Puso como ejemplo el caso del millonario Warren Buffett, que con un ingreso anual de 47 millones de dólares pagó en impuestos un 17 por ciento de ese monto, mientras su secretaria –que gana 60 mil dólares anuales– pagó 30 por ciento de sus ingresos en concepto de impuestos.Buffett, como algunos de sus colegas millonarios franceses, propuso que se le aumenten los impuestos. "Hemos sido mimados durante mucho tiempo por un Capitolio millonaire friendly ", declaró.La diferencia entre Obama y sus rivales republicanos consiste en que, al contrario de lo que sucede en otras latitudes, él mantiene su discurso conciliador. Blando, si se quiere, pero en todo caso mucho mejor que la beligerancia fundamentalista de quien se cree el elegido.El jueves insistió en que sus diferencias con los republicanos no son inconciliables. Y a su vez advirtió: "Faltan 14 meses para las elecciones. Hay gente que no se puede dar el lujo de esperar 14 meses para que les resolvamos los problemas. Mostrémosle al mundo por qué somos el país más importante".