La ira por la quema del Corán no se apaga
En el segundo día de protestas en Afganistán por la incineración del libro sagrado del islam murieron al menos nueve personas.
Kabul. La furia provocada por la quema del libro sagrado musulmán estalló en actos de violencia por segundo día. Manifestantes incendiaron autos y negocios en disturbios que dejaron al menos nueve muertos, informaron las autoridades.
La profanación del Corán en una pequeña iglesia de la Florida, en Estados Unidos, enfureció a millones de musulmanes en el mundo, avivó el sentimiento antiestadounidense y elevó la tensión entre el gobierno afgano y los países occidentales.
Como muestra de ello, dos suicidas disfrazados de mujeres y un tercero murieron al atacar una base de la Otan en las afueras de Kabul.
El Corán fue quemado el 20 de marzo, pero muchos afganos se enteraron del hecho cuando su presidente, Hamid Karzai, condenó la profanación cuatro días después. Se produjeron manifestaciones en Kabul, la ciudad occidental de Herat y Mazar-i-Sharif, capital de la provincia norteña de Balkh.
Sin embargo, la mayor violencia se registró en la ciudad de Kandahar, donde murieron los nueve manifestantes.
Según testigos, unas dos mil personas salieron a las calles de la ciudad, la más importante del sur del país, para protestar por la quema del Corán. Las fuerzas del orden dispararon contra los manifestantes, que gritaron consignas contra Estados Unidos mientras se dirigían a la comisaría de policía. Quemaron neumáticos y vehículos, y rompieron escaparates.
“En las protestas de la ciudad de Kandahar murieron nueve personas y otras 77 resultaron heridas”, confirmó el portavoz de la provincia.
Imágenes del canal afgano Tolo permitieron apreciar densas columnas de humo negro y el sonido de disparos constantes, así como la presencia de cientos de manifestantes, niños incluidos, que marchaban y gritaban furiosos.
Según Ayubi, las protestas se volvieron violentas debido a la participación de “enemigos del Islam”, uno de los eufemismos que usan las autoridades afganas para referirse a los talibanes. Las fuerzas del orden detuvieron al menos a 16 personas.
“No se trataba de manifestantes, sino de oportunistas”, defendió el jefe del consejo provincial de Kandahar, quien es además hermano del presidente afgano.
Kandahar, bastión espiritual de los talibanes, es una de sus áreas de influencia tradicionales y fue escenario de varios ataques y atentados contra las tropas internacionales.
El viernes, siete trabajadores de la ONU y cinco civiles murieron durante una protesta parecida en la ciudad de Mazar-i-Sharif, en el norte afgano, que derivó en la toma violenta de la sede local del organismo internacional.
Ese ataque concitó las condenas del secretario general de la ONU, Ban ki-Moon; el jefe de la fuerza internacional desplegada en Afganistán, David Petraeus; el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el propio presidente afgano, Hamid Karzai.
Este mandatario, que calificó las muertes como inhumanas, se encuentra en una posición delicada, ya que debe conciliar su rol como garante de la seguridad civil con su posicionamiento crítico ante la quema del Corán, que él calificó de “crimen contra una religión”.
Por el momento, las autoridades han culpado a los talibanes, aunque un portavoz del movimiento, Zabiullah Mujahid, negó cualquier participación.
“Si Estados Unidos quisiera rebajar la tensión, nunca habría permitido a su pastor la quema del Corán. Y el suceso de Mazar-i-Sharif nunca habría ocurrido”, expresó Mujahid.

