Temas del día:

La historia, a mitad de camino

La primera gira de Barack Obama por América latina concluye sin virajes ni sorpresas y con gestos simbólicos previsibles. Marcelo Taborda.

23 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La historia, a mitad de camino

La primera gira de Barack Obama por América latina concluye sin virajes ni sorpresas y con gestos simbólicos previsibles, adecuados a los tres países que incluyó en una hoja de ruta salpicada por las noticias de un nuevo frente de combate abierto Libia. Aunque ya había viajado a Trinidad y Tobago para una Cumbre de las Américas y a su conflictuado vecino del sur, México, para abordar temas como narcotráfico y migración, ésta era su primera "gira" formal y la elección de Brasil, Chile y El Salvador, como destinos iniciales en su recorrida por Latinoamérica, generó expectativas, despertó celos y dio letra a analistas y especuladores sobre la "nueva relación" en ciernes.Con el inquilino de la Casa Blanca hoy en vuelo de regreso a Washington, queda el eco de sus discursos, promesas y buenas intenciones declamadas que, sin embargo, no se plasmaron en actos concretos de un cambio en las relaciones ya vigentes desde su asunción.En Brasil, Obama reconoció el liderazgo regional y el papel global del gigante del Mercosur, pero eludió un pronunciamiento acerca de su intención de obtener una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.El presidente estadounidense afirmó además que Brasil era un modelo a seguir por el convulsionado mundo árabe, en una alusión que pareció un contrasentido si se la compara con el desdén con que la Casa Blanca ninguneó meses atrás las gestiones que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva realizó junto a Turquía por el plan nuclear de Irán.Tal vez ese desdén, o la infeliz coincidencia de la llegada de Obama a Brasilia con el comienzo de los bombardeos "para proteger civiles" lanzado contra Trípoli, llevó a Lula a no asistir a la reunión con el ilustre visitante que el Ejecutivo de Dilma Rousseff había preparado para sus predecesores en el Planalto. Allegados a Lula indicaron que éste no quiso eclipsar a su sucesora con su presencia. Pero también hubo quien recordó que el ex tornero no pudo ser anfitrión del estadounidense en 2010, cuando la Casa Blanca argumentó que Obama no viajaba a países inmersos en procesos electorales para no influenciar en ellos.La misma excusa podría esgrimirse para explicar por qué Perú o Argentina no fueron incluidos en el primer viaje pero mantiene la decepción de Colombia, signada en tiempos de George W. Bush como primer aliado regional.En Chile, Obama recogió el guante lanzado por Rousseff y su colega Sebastián Piñera y planteó a Latinoamérica "una alianza de iguales", pero advirtió que esa "igualdad" entrañaría responsabilidades compartidas. Desde Santiago, elogió el modelo chileno y aludió de modo directo a Cuba y elíptico a Venezuela, antes de ser preguntado sobre el papel de su país en el cruento derrocamiento del socialista Salvador Allende y la instauración de la dictadura de Augusto Pinochet. "Es importante que aprendamos de la historia, pero que no nos quedemos atrapados en ella", dijo el primer presidente negro sobre el fatídico 11-S de 1973 en Chile, con el que Richard Nixon, Henry Kissinger o la CIA tuvieron tanto que ver. Pero la historia del continente al que Obama dice valorar como nunca antes, está cargada de episodios sangrientos en los que su país tuvo autoría directa o intelectual. Lo comprobó in situ anoche en El Salvador, última parada de su viaje, al visitar la tumba de Arnulfo Romero, el obispo asesinado por escuadrones de la muerte de ultraderecha que Estados Unidos bendecía en tiempos de la Guerra Fría.Obama pasó sin salirse de su libreto, apegado a un discurso que a veces queda a mitad de camino entre las esperanzas despertadas y la sensación de que, en temas de fondo, es más de lo mismo.