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La era del Frente Amplio

La lucha ­interna se avizora como un desafío mayor que el de las dos fuerzas tradicionales del país.

02 de diciembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
La era del Frente Amplio

“Que no se detenga”, se escuchó, una y otra vez, en cada radio, televisión y altoparlante encendido. Hoy, más que el jingle del Frente Amplio, parece una premonición. No sólo no se detuvo, sino que cosechó ­récords de votos y remachó la crisis interna de los dos partidos tradicionales de Uruguay, que no encuentran la forma de frenar su arrollador avance.

Van a ser 15 años de frenteamplismo en el poder. Serán tres gobiernos consecu­tivos, logrados a pesar de su heterogeneidad, de ser una sumatoria de fuerzas de las más distintas corrientes, pero que encontraron la manera de discurrir por la misma pendiente, hacia el mismo mar, encabezados por dos líderes bien diferentes.

Tabaré Vázquez es el moderado, aunque el domingo por la noche concluyó su discurso ante la multitud con un contundente “Hasta la victoria siempre”. Este mé­dico oncólogo prefiere el perfil bajo y la palabra justa. Es la imagen de la mesura y la calma. Pasó de presidir un club de fútbol a gobernar Montevideo y finalmente el país, en 2005.

Cuando dejó ese mandato, cinco años después y con 80 por ciento de imagen positiva, le entregó la banda presidencial a José “Pepe” Mujica, que representa una cara más radical del frenteamplismo. Fue guerrillero, estuvo preso durante la dictadura y hoy exuda sencillez y franqueza. Cuando habla no se guarda nada, lo que más de una vez le jugó en contra. Fronteras afuera, es el que vende: cada gesto y frase suya tienen eco en la prensa internacional.

Desafío

El primer día de marzo de 2015, Mujica le devolverá la banda presidencial a Vázquez, tras unas elecciones en las que el Frente Amplio confirmó su mayoría parlamentaria. Ahora, su desafío es mantener la unidad y que las fuerzas internas de estas dos personalidades diferentes sigan bajando por la misma pendiente. Es que Mujica estará en el Senado y su Movimiento de Participación Popular (MPP) tendrá el dominio en esa Cámara y en Diputados. Desde allí impondrá condiciones.

La lucha interna se avizora como un desafío más complejo que el que puedan plantear las dos fuerzas tradicionales del país. El Partido Nacional se encuentra en la encrucijada: Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga eran hasta este domingo aliados, pero ahora empieza su competencia para ver quién lidera a los “blancos”.

El 40 por ciento de los votos que obtuvo el domingo deja bien posicionado a Lacalle Pou. Tiene por delante cinco años en los que deberá demostrar si tiene la ­capacidad para dirigir a la oposición y frenar a la locomotora frenteamplista.

El Partido Colorado quedó fuera de competencia hace un mes. Está tan venido a menos que ni siquiera pudo inclinar la balanza otorgando su respaldo explícito a los nacionales. Encima, el 13 por ciento que sacó en primera vuelta puso en jaque el liderazgo de Pedro Bordaberry y se prevé una desgastante lucha interna.

Este es el escenario que dejó planteada una elección que no hizo más que ratificar la era frenteamplista. Una era que además se ve favorecida por la actualidad que ­vive el país: en 2005, cuando Vázquez llegó a la Torre del Ejecutivo, Uruguay salía de su peor crisis económica. Una década después, atraviesa tiempos de prosperidad.