La discriminación, vigente en Europa
El odio a las minorías, con los gitanos, los árabes, los judíos y los negros como comunidades más perseguidas, gana popularidad principalmente en los países del este. La extrema derecha también crece entre los franceses más jóvenes.
Todos los dirigentes europeos, sin excepción, han glosado esta semana los méritos de Nelson Mandela. Muchos han pronunciado frases brillantes y han asistido a los funerales del hombre que venció al odio racial y al apartheid. Pero justo en la Unión Europea, donde la crisis no termina, la desocupación afecta a 25 millones de personas y hay 80 millones de pobres, la xenofobia y el racismo no dejan de aumentar.
Si quisiéramos hacer un viaje por la Europa de la discriminación, podríamos empezar en Ostrava (República Checa). Aquí, los niños gitanos son enviados a escuelas especiales. Algunos comparten aulas con alumnos discapacitados, otros van a colegios sólo para gitanos. Muchos viven en barrios o pueblos separados del resto de la población y sin acceso a los mismos derechos. Un régimen de apartheid.
Situaciones similares suceden en Hungría, donde el 90 por ciento de los gitanos están sin trabajo; en Polonia, donde muchos restaurantes les prohíbe la entrada; o en Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Bulgaria.
Volviendo a Ostrava, la escuela Premysla Pittra es una escuela segregada: sólo recibe a niños gitanos, en gran medida de entornos desfavorecidos. Pero aún existe una opción peor para estas familias: que los chicos recalen en escuelas para “discapacidades mentales leves”, como las denomina el sistema. La mayoría de los que asisten allí son gitanos que no han superado la prueba de aptitud que determina en qué escuela ingresan los niños de seis años.
La mayoría de los checos escolarizan a sus hijos a partir de los tres años, así que llegan entrenados a ese pequeño examen –con pruebas como contar hasta 10 o pequeños juegos de lógica–. Pero los gitanos suelen enfrentarse a esa evaluación con una mínima adaptación a la escuela. Así que muchos reprueban y terminan en lo que se denomina eufemísticamente “escuelas prácticas”.
Al otro lado de Europa, el poder político lleva algunos años tratando de convertir a las exiguas minorías gitanas en el chivo expiatorio de la crisis.
Silvio Berlusconi abrió el fuego en 2008 censando y expulsando en masa a los gitanos en Italia; Nicolas Sarkozy tomó el relevo en 2010, y hoy el virus ha contagiado a los (supuestos) progresistas.
En Francia y Reino Unido, las pulsiones xenófobas han llegado desde la extrema derecha hasta la cúpula del Estado. El sociólogo galo Eric Fassin explica que las diatribas del ministro del Interior, Manuel Valls, contra los gitanos “legitiman el discurso racista del Frente Nacional”. El Ejecutivo socialista lleva meses derribando viviendas precarias de ciudadanos europeos (gitanos) sin realojar a sus 17 mil ocupantes (la mitad niños).
Los ataques de la derecha populista contra la comunidad musulmana son ya tan corrientes que no son noticia. La novedad es que, según una reciente encuesta de la Agencia de Derechos Fundamentales, el 85 por ciento de los judíos franceses cree que el antisemitismo es un problema en su país, frente al 66 por ciento de la media europea.
El portavoz de la Unión de Estudiantes Judíos de Francia (Uejf), Elie Petit, comenta: “El discurso antisemita se ha legitimado y corre libre por las redes sociales. Es como si el lenguaje de los años ‘30 volviera a estar de moda”.
Pero lo más grave es que las ideas xenófobas calan entre los jóvenes. Un 40 por ciento de los franceses entre 18 y 25 años se declaran dispuestos a votar a la extrema derecha en las elecciones europeas de mayo.
En el Reino Unido, el primer ministro, David Cameron, se subió a la ola antigitana con un artículo en el Financial Times en el que anunciaba que exigirá a Europa medidas para regular la inmigración, y se refería a los “nómadas” rumanos y búlgaros diciendo que su gobierno les negará los derechos que concede a otros inmigrantes, como las ayudas sociales para vivienda y desempleo.
Rechazo a primera vista
En tiempos de odio al diferente, los negros viven situaciones similares a las de los gitanos y los judíos: rechazo inmediato a primera vista e identificación con los clichés que siempre los han acompañado.
“Al negro se le tacha de perezoso o irracional. Y el estereotipo no desaparece ni cuando son ricos”, explica Omar Ba, responsable de la Plataforma Africana en Amberes, una próspera ciudad belga que vive su particular recelo hacia las minorías. En este caso, la base no es tanto económica como de identidad nacional: el nacionalismo flamenco endurece los criterios para acceder a ciertas prestaciones con requisitos como el conocimiento de la lengua, el holandés.
En Eslovaquia, Marian Kotleba, un neofascista, acaba de ganar unas elecciones regionales con un programa basado en denunciar la corrupción y terminar con el “parasitismo gitano”.
El éxito de Kotleba retrotrae a la Europa de los años oscuros. Fundador en 2003 de un grupúsculo violento llamado Comunidad Eslovaca, Kotleba fue encarcelado varias veces por desfilar por los guetos gitanos con el uniforme de la milicia clerical-fascista que lideraba monseñor Josef Tiso entre 1939 y 1945.
Como contrapartida, en Hungría acaba de nacer el Partido Gitano (MCP), que ya tiene cinco mil afiliados. Curiosamente, el ideólogo y vicepresidente del Partido Gitano no es gitano, sino judío: el aguerrido militante antifascista Sandor Szoke. Guionista y escritor, Szoke ayuda a los gitanos a repeler los ataques de los paramilitares del partido neonazi Jobbik, la tercera fuerza política del país.
Sin embargo, la inquietud es también palpable entre los judíos húngaros. Meses atrás, un destacado dirigente de Jobbik, Márton Gyöngyösi, pidió en el Parlamento que se elaboren listas de judíos, “sobre todo los que están en el gobierno y en el Parlamento, porque suponen un riesgo para la seguridad del país”, dijo. Una clara luz de alerta que debe advertir sobre el peligro del antisemitismo.
Los gitanos en Europa
La mitad de los gitanos dice haber sentido discriminación en el último año.
El 90 por ciento de los gitanos vive por debajo de los niveles nacionales de pobreza.
Un tercio de los gitanos está desempleado.
El 67 por ciento de los que trabajan tienen empleos sin cualificar o poco cualificados, frente al 16 por ciento de los no gitanos.
El 30 por ciento de los gitanos con educación universitaria está en paro, frente al 14 por ciento de los no gitanos.
El 45 por ciento vive en viviendas en las que falta al menos uno de estos elementos: cocina techada, baño, ducha o luz.
El 40 por ciento vive en comunidades donde al menos una persona se fue a la cama con hambre una vez en el último mes.
Esta información se basa en encuestas de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), realizadas en 2011.
Los judíos en Europa
Dos tercios de los judíos entrevistados consideran que el antisemitismo es un problema en sus países.
Un 76 por ciento cree que el problema se ha agravado en los cinco últimos años.
Un tercio de los ciudadanos judíos tiene miedo a sufrir una agresión física por su condición religiosa y/o cultural.
Más de la mitad ha presenciado algún incidente en el que se negó, se trivializó o se minimizó el Holocausto.
El 23 por ciento dice que en alguna ocasión ha evitado asistir a actos judíos o visitar lugares judíos por miedo.
Más del 40 por ciento de los preguntados en Bélgica, Francia y Hungría indican que han pensado en emigrar debido al ambiente amenazador.
Estudio de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE sobre las experiencias de los judíos en Bélgica, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Letonia, Suecia y el Reino Unido.

